Capítulo 3 (Parte 1)

1052 Palabras
No quería bajar a comer, lo confieso. Pero Mary me insistió tanto que terminé aceptando. Bajamos los tres en orden de tamaño, estábamos tan acostumbrados a eso y aunque a veces lo hacíamos a manera de broma, en otras nos salía super natural. Algo que me sorprendió es que mamá fue la que cocinó y Jared, el chico misterioso (y novio de la detestable Avery) hizo un comentario al respecto. Y digo que me sorprendió porque en San Francisco la que cocinaba era yo, mamá detesta la cocina así que algo debe estar tramando con todo esto. —Eres una excelente cocinera, Grace. —señaló, con una sonrisa—. Deberías dedicarte a ello como profesión. —Sí, la comida se ve exquisita. —comentó Avery con una sonrisa—. Apuesto que en San Francisco preparabas unos platillos espectaculares como estos. —Los chicos tienen razón, esto está de lujo. —opinó Jackson, tomándole la mano. —Ay muchas gracias, mis amores. —respondió mamá con una sonrisa y las mejillas ruborizadas. Miré a mi alrededor, tratando de mantener la compostura pero realmente me era difícil no mirarlo. Todo de él me atraía como el imán al metal, así tal cuál. ¿Qué me estás haciendo, chico misterioso? —Hija, ¿no vas a probar la comida? —inquirió mamá con una sonrisa y una mirada de tristeza. ¿Habrá pensado que no iba a comer? —Sí, claro, mamá. Solo esperaba que enfriara un poco —comenté para disimular mi distracción. —Pruébalo, ¡vas a ver que te encantará! —invitó Jared, le miré incómoda y le sonreí por pura cortesía. Cuando todos terminamos de comer, nos levantamos de la mesa para continuar nuestros quehaceres. Era fin de semana pero eso aquí era como un día normal. Claro, libre de escuela, eso sí. En mi caso, debía seguir desempacando porque entre la pequeña salida y el almuerzo no hice absolutamente nada. Incluso, podría decir que en eso se me fue toda la tarde. Al caer la noche, Jackson pidió pizza para comer mientras jugábamos Monopoly. El mejor plan de fin de semana, la verdad. Y mejoró. Después de la cena, me costó conciliar el sueño por lo que fui a la biblioteca que había en la oficina de Jackson. Allí me encerré y tomé cuanto libro se me vino en gana, me tumbé en el sillón y comencé a leer el primero. Cuando estuve a la mitad, alguien tocó la puerta. Miré asustada, temblorosa. No quería abrir. ¿Y si era Avery para cumplir su amenaza solo porque me senté al lado de su novio, porque me defendió en el auto o por ambas? No, no, no. Ni loca abro esa puerta. Mis piernas temblaban como cual gelatina. Hasta que escuché su voz. —Rose... —susurró muy por debajo del tono normal—. Soy yo, por favor, ábreme la puerta. Podría decir que me quedé más tranquila. Quité el pasador y él entró, captando mi inmediata atención. No lucía una pijama como tal pero la franela que traía puesta le hacía ver el torso más ancho y los músculos más pronunciados. Su cabello estaba mojado, me dio la impresión de que se acababa de duchar y solo imaginarlo despertó mil sensaciones en mi interior. Él volvió a cerrar con pasador, tomó los libros y se sentó a mi lado. Su presencia generó un incómodo silencio en el ambiente. No sabía que decir ni que hacer con él allí, tampoco intentaría parecer una sabelotodo para no espantarlo pero resultó que él era más intelectual que yo. Me sorprendí de todo lo que sabía. Era mucho más inteligente que yo. —¿Ves estos tatuajes de acá? —me preguntó levantándose la manga del brazo izquierdo—. Todos cubren cada una de las cicatrices que me hice en el colegio, pero más allá de eso, tienen un significado claro está, una historia detrás. —¿Puedes contarme alguna de ellas? —le pregunté con extrema curiosidad, quería conocer a Jared, saber si realmente era lo que yo creía. Aunque uno nunca termina de conocer a las personas, obvio, pero al menos una parte de él sería suficiente por ahora. —Este de cadenas rotas, me lo hice cuando cumplí 21, ese mismo mes me mudé a un apartamento en San Diego, independizandome de mis papás al 100%, ya tenía un trabajo que me gustaba, estaba estudiando la universidad y bueno, ¿qué te digo? Libertad total. Sonreímos mirándonos a los ojos. Una conexión de otro nivel, la verdad. —¿Y este de acá? —inquirí preguntándole por el tatuaje de una cruz. —Me hice ese tatuaje cuando murió mi papá. —contestó sin despegarme la mirada. Me sentí incómoda, la verdad—. No te preocupes, ya pasó mucho tiempo de eso. —Jared, ¿puedo saber qué edad tienes? —Tengo 26, ¿por qué? ¿Aparento más? —preguntó a modo de burla, reí—. No me digas que tienes prejuicios con la edad y eso… —No, no, solo que hablas como un adulto, por eso me sorprendió… —Bueno, a ciencia cierta, lo soy. —comentó con una sonrisa—. Pero tú no te quedas atrás, ¿cuántos años tienes? —Diecisiete, casi 18. —Él me miró de arriba a abajo, examinándome pero no de manera despectiva como Avery sino como estudiando cada parte de mí, y eso me intimidó al igual que su mirada—. ¿Qué? —No pareces de diecisiete. —se limitó a responder dejándome en ascuas. Su mirada era como la de un animal hambriento pero también dejaba a la vista una faceta que quisiera conocer. Jared era misterioso, y a mí me gustaba el misterio. Si me habrían dicho que esto sucedería ni lo creería. Era demasiado perfecto para ser real. Todavía me costaba entender como es que Jared quería estar conmigo, ¿Qué me había visto? ¿Se habría interesado en mí como yo pensaba? Esto me traería problemas con Avery y posiblemente con mi madre y mis amigos. Pero no me importaba arriesgar un poco para disfrutar una noche con este bombón. Quise preguntar tantas cosas pero mi boca pareció estar sellada. No podía hablar y no entendía el motivo.
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