—Hola. Rose, un gusto. —saludó el misterioso chico que acompañaba a Avery. Esta lo miró mal, pidiéndole que se callara—. Porque tú no seas cortés, no quiere decir que yo no lo sea.
—Mucho gusto, Rose. —habló Avery con una sonrisa hipócrita. Se lo dejé pasar, ya tengo cómo vengarme de ella—. Papá, iremos a comprar para el almuerzo, vamos en tu auto. —agregó sin dejar de mirarme.
¿Por qué me miras tanto, perra?
—No es necesario, Avery. —habló mi madre, la aludida miró a mi mamá, confundida—. Yo voy a preparar el almuerzo.
—Bueno, perfecto. Iremos a comprar algo para tomar, entonces. —Me miró a mí con una sonrisa—. ¿Quieres venir con nosotros?
—Si no hay ninguna molestia, encantada. —Ella sonrió, Jared no me despegaba la mirada y eso me incomodaba.
—Vamos entonces. —Me tomó del brazo y miró a mi mamá—. Te la robaré unos minutos, Grace, ya volvemos.
Mary y Josh me miraban sorprendidos, ni ellos se podían creer lo que pasaba. Subimos al auto y emprendimos camino a un Walmart. Primera vez que entraba uno, siempre la que hacía las compras era mamá.
Jared bajó del auto y entró al Walmart, me pregunté porque no íbamos todos. Avery me pidió que pasara al asiento delantero, no entendí hasta que me tomó del brazo con fuerza.
—Escúchame bien, Rosita. —Le corregí pero me exigió silencio—. No me interesa a que viniste, pero ten en cuenta que tú y yo no somos hermanas ni lo seremos. No me importa que tu mamá y mi papá se casen, te prohíbo llamarme hermana. Y más aún, que te le acerques o respires cerca de Jared, de lo contrario, esa carita de niña tonta te deja de servir, ¿te quedó claro?
—Mira…anoréxica, a mí no me vas a decir con quien hablar y con quien no, mucho menos lo que tengo que hacer. —Su mirada intensa no me transmitía ni una gota de miedo—. Bájale dos a tu genio porque conmigo no te va a funcionar, ¿te quedó claro, hermanita?
Ella no tiene ni idea de lo que yo podía hacer, mi capacidad de hacerle la vida imposible no cabía en su mente tan finita. Me encargaría de hacerle la vida cuadritos, empezando por su relación.
Jared regresó, yo bajé y volví al asiento trasero. Avery no me quitaba la mirada de encima desde el espejo retrovisor. Hablaba por mí cuando Jared me preguntaba algo, yo ya me sentía más incómoda que al principio, agradecí que él se diera cuenta y le frenara.
—Avery, ¿por qué hablas por ella? Rose tiene boca, puede hablar por sí misma. —Le dijo Jared—. No seas maleducada, por favor. —Ella no dijo nada más, él asintió y me guiñó un ojo por el espejo retrovisor.
Minutos después estábamos en casa, bajé primero para despejar mi mente y replantearme lo de la conquista. Si quería tener su respeto, tenía que conseguirlo pero no sometiéndome a lo que ella quisiera, no señor. Yo lo haría a mi manera, y si iba quitarle a su novio, lo tenía que hacer bien, con todas las de la ley.
Caminé en dirección a la habitación, el almuerzo aún no estaba listo así que aproveché de darme un baño y cambiarme de ropa. Escuché un golpeteo, grité que abrieran y me encontré con Mary. Ella me preguntó acerca de la corta salida, le conté todo.
—No puedes rendirte, ¿de acuerdo? —me alentó, por algo era mi mejor amiga—. Que este sea tu impulso para lograr que te propusiste antes de venir. Enfócate en el objetivo.
—Lo sé, estoy de acuerdo contigo en eso. —Ella me miró con una sonrisa—. Ni loca me detengo, pero tengo que hacerlo bien, no puede haber errores, Mary.
De pronto, las lágrimas hicieron acto de presencia. No podía negar que la amenaza de Avery me causó un poco de miedo pero mayor era el malestar por comenzar de mala gana esta aventura. Sentí un abrazo tan reconfortante, que me llenó de fuerzas para levantarme. Josh me ayudó a estar en pie y me secó las lágrimas. Juro que habría esperado cualquier cosa menos esa reacción.
—Tranquila, no te dejaremos sola en esto. —me aseguró Mary, tomándome la mano—. Algo se nos ocurrirá para empezar.
En ese momento, mamá nos llamó a comer.
No quería bajar a comer, lo confieso. Pero Mary me insistió tanto que terminé aceptando. Bajamos los tres en orden de tamaño, estábamos tan acostumbrados a eso y aunque a veces lo hacíamos a manera de broma, en otras nos salía super natural.
Algo que me sorprendió es que mamá fue la que cocinó y Jared, el chico misterioso (y novio de la detestable Avery) hizo un comentario al respecto. Y digo que me sorprendió porque en San Francisco la que cocinaba era yo, mamá detesta la cocina así que algo debe estar tramando con todo esto.
—Eres una excelente cocinera, Grace. —señaló, con una sonrisa—. Deberías dedicarte a ello como profesión.
—Sí, la comida se ve exquisita. —comentó Avery con una sonrisa—. Apuesto que en San Francisco preparabas unos platillos espectaculares como estos.
—Los chicos tienen razón, esto está de lujo. —opinó Jackson, tomándole la mano.
—Ay muchas gracias, mis amores. —respondió mamá con una sonrisa y las mejillas ruborizadas.
Miré a mi alrededor, tratando de mantener la compostura pero realmente me era difícil no mirarlo. Todo de él me atraía como el imán al metal, así tal cuál.
¿Qué me estás haciendo, chico misterioso?
—Hija, ¿no vas a probar la comida? —inquirió mamá con una sonrisa y una mirada de tristeza. ¿Habrá pensado que no iba a comer?
—Sí, claro, mamá. Solo esperaba que enfriara un poco —comenté para disimular mi distracción.
—Pruébalo, ¡vas a ver que te va a encantar! —invitó Jared, le miré incómoda y le sonreí por pura cortesía.