5. Ceder a la tentación

1109 Palabras
No protestó, se fue con él de inmediato. Cualquiera diría que era débil por ceder a Nathaniel Giordano. — “Valenti”, se recordó. —pero lo cierto es que estaba necesitando una inmensa fuerza de voluntad para no decir toda la verdad y rendirse. La cárcel era preferible a ser la marioneta de Carmenza Giordano. Pero era la vida de su padre la que estaba en juego. Tenía que soportarlo, así que iba casi a rastras al auto de Nathaniel y luego de subir, él lo hizo sentándose al lado de ella. —Llevanos a Central Park. —¿No deberías estar trabajando? —Soy el jefe de mi propia compañía y dueño de varios clubs, puedo prescindir de trabajar y dejar a alguien a cargo. Bianca asintió y suspiró. La camisa que tenía seguía mojada por el champagne así que trató de airearla para que se secara. —Se arruinará por completo. —Te compraré cientos de camisas si accedes a quedarte conmigo esta noche. —¿Y acaso no vamos a Central Park? —Pensé que te apetecía pasear. No soy un tipo tan malo y autoritario, Celeste. Aquello sí que era nuevo. Bianca jamás se hubiera imaginado que él quería una cita con ella. Al llegar al parque comenzó a caminar con él hablando de varias cosas intrascendentes como el porque había escogido Nueva York alejándose de Roma. —Veo que no eres un tipo tan malo, pero ¿No te extraña tu familia? —¿Quieres hablar de mi familia? No es algo que creo que necesites saber. Mejor ¿por qué no te enseño aquel lugar? -Dijo señalando una terraza en medio de un edificio. —Soy el dueño. —Claro que sí. Eres el dueño del mundo y estando ahí en lo alto ves todo Manhattan y te sientes el rey del universo, me imagino. —¿Es eso sarcasmo? Bianca comenzó a reír y asintió. Aquello liberó la tensión del momento. Pasaron varias horas, comieron helado y caminaron por en medio de la gente. Fuera de lo que recordaba, Nathaniel parecía casi normal, despreocupado y muy joven. No era otro multimillonario, era un hombre normal. Lo vio desatarse la corbata y como la brisa lo despeinaba mientras llevaba la chaqueta colgada al hombro. —Esto es muy bonito. —Así que eres de esas chicas. —¿De qué estás hablando? —Románticas. —¿No lo son todas? -Dijo mirandolo de reojo. —Creo que todas esperamos que alguien nos ame, aunque no todas seamos capaces de encontrarlo. Nathaniel no dijo nada, se detuvo con ella y suspiró. —Bueno, no creo lo que voy a decir, pero es tu momento, Celeste. Hay una parada de taxis al otro lado de la calle, puedes irte… —¿Te estás aburriendo de mí al ver que soy una romántica sin remedio? Nathaniel negó y sonrió. —Realmente no. No quiero que te vayas. Quiero que pases la noche conmigo. Era su oportunidad, pensó Bianca. Tenía que tomarla y conseguir sus objetivos. No era un juego, había algo de química y podía entregarse a sus brazos y satisfacer la curiosidad por su esposo así como también cumplir su misión. Aunque estaba deseando que todo fuera diferente y acceder a una propuesta así bajo otros términos, la realidad era completamente distinta. Vaciló un poco y sabía que si no cumplía sería objeto de la ira de Carmenza Giordano, pero si Nathaniel la descubría, sería el objeto de su eterna venganza. En ambos casos ella perdía, aunque solo en uno conseguía el dinero para su padre. ¿Y qué había con su falta de experiencia? Jamás se había acostado con nadie, no sabía que hacer y era una novata en el sexo. Seguramente un hombre experimentado como Nathaniel la encontraría insulsa. Se quedaron mirando a los ojos, y mientras los de Nathaniel le gritaban que se decidiera de una vez por todas con una frialdad que era capaz de congelar los huesos de cualquiera, los de ella eran temerosos, casi suplicantes. —Sí. -contestó de una vez y Nathaniel se sintió eufórico y temerario. Estuvo un largo rato esperando su respuesta y se controló para no maldecir cuando ella dijo aquella palabra. “SÍ”, solo una sílaba tonta pero que guardaba demasiadas promesas y eso le encantaba. El deseo de ella era palpable, pero era claro para él que estaba luchando con demonios internos. La idea de pasear se le ocurrió de la nada, eso era algo nuevo que nunca había hecho con nadie. No era de involucrarse en las relaciones, así que ¿Por qué Celeste lo descolocaba tanto? Era algo inaudito. —¿Lo dices de verdad? Casi gritó triunfante al verla asentir y saber que esa mujer sería suya. Tal vez eso era lo que necesitaba para salir del embrujo, quitársela de la cabeza y continuar con su vida. Solo una noche. —Lo digo de verdad. Voy a quedarme contigo esta noche, voy a ceder a esta tentación. Nathaniel se sentía más que contento con el giro de los acontecimientos. No esperó más y la tomó de la mano para ir de regreso a su coche. Quería llevarla a su casa y dejarla prisionera bajo su cuerpo lo más pronto posible. Él, que procedía de un mundo regido por la lógica y en el que mostrar emociones era un símbolo de ser débil se sentía completamente hechizado por la sonrisa de Celeste. Él jamás había querido sucumbir al deseo y placer de enamorarse, por eso se había alejado de Bianca, era demasiado peligrosa para su salud mental. Tenía a sus padres como ejemplo, quien también habían caído presos de la pasión y esa pasión insensata los había dejado en la ruina, por lo que él siempre quería demostrar que era más que capaz de controlarse y no ceder ante el deseo. Y así había sido, hasta que Celeste Tyler entró en su mundo y lo golpeó como un meteorito. Ella lo había hecho esclavo y no le gustaba, por lo tanto, si cedía a la tentación, sería más fácil librarse de su hechizo a vivir eternamente con los huieras inexistentes. Bianca estaba temblando al sentir la mano firme de Nathaniel alrededor de la de ella, como si tuviera miedo de que escapara. Pero no iba a escapar. Lo haría y jugaría sus cartas para quedar embarazada de él. Ese era su boleto a la libertad, su pase a la victoria. Ya buscaría la manera de librarse también de su venganza cuando se enterara de que Celeste Tyler era un invento y que la real era Bianca Rizzo.
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