CANTO VIII Creía el mundo, en su profano ciclo, que la bella Ciprina los amores presidía, brillando en su epiciclo. Y así le tributaba los honores del sacrificio y voto agradecido, la antigua gente imbuída en sus errores que veneraba a Dione y a Cupido, la una por madre y otro por ser hijo, que en la halda, dicen, se sentó de Dido. Y de Venus, como antes ya se dijo, el nombre daban a la blanca estrella que en pos o antes del sol es astro fijo. No acuerdo cómo remonté hasta ella, mas al entrar en ella, iluminada con su fulgor, miré a Beatriz más bella. Como se ve una chispa en llamarada, o voces ora graves, ora tiernas, se notan en cantata concertada, contemplo en esa luz muchas lucernas girar en alternados movimientos, según las hieren luces sempiternas: de fría nube

