CANTO XII Al apagarse el postrimer acento de la bendita llama de aquel santo, la gran rueda se puso en movimiento; y no bien en contorno giró un tanto, por otra nueva rueda fué cercada, uniendo giro a giro y canto a canto. Canto que vence en voz tan acordada a la Musa y la voz de la sirena, cuanto la luz a imagen reflejada. Cual dos arcos en nube alta y serena paralelos se prestan sus colores, cuando a su mensajera Juno ordena (naciendo de los rayos interiores, como ecos de la ninfa enamorada que el amor consumió, cual sol vapores), y que es presagio de promesa dada al buen Noé por la potencia eterna: ¡La tierra no será nunca inundada!; así la doble rosa sempiterna giraba alrededor como guirlanda, uniéndose la externa con la interna. Y cuando el canto de la doble ban

