CANTO XIII Quien quiera comprender lo que he mirado, que retenga en su mente mis visiones, cual firme signo, en el peñón grabado: quince estrellas del cielo en las regiones que se imagine, de esplendor ameno, que en los aires difundan radiaciones; que imagine aquel Carro, a quien el seno basta de nuestro cielo noche y día, girando su timón, siempre sereno; que se imagine el Cuerno, por su vía, con su boca, en la punta de eje a vuelo, que del cielo primero es centro y guía, formar de sí dos signos en el cielo, cual de la hija de Minos la corona cuando sintiera de la muerte el hielo; y sus luces mezclar la doble zona en sus opuestos giros, de manera que el doble movimiento se escalona; y se tendrá una sombra bien somera de la constelación y doble danza que circulaba en

