CANTO XI
[ Primer recinto del círculo séptimo, de cuyo fondo se desprenden hediondas exhalaciones. Tumba del papa Anastasio. Virgilio explica a Dante la condición de los tres círculos que tiene que recorrer, según el orden y la gravedad de los pecadores y de los pecados. En el primer círculo por recorrer, que es el séptimo en el orden general del infierno, están los violentos, dividido en tres jirones, en cada uno de los cuales son atormentados otras especies de violentos. El segundo círculo, o sea el octavo en el mismo orden general, es el de los fraudulentos. El tercer círculo, o sea el noveno, es el de los traidores, dividido en cuatro departamentos concéntricos. Virgilio explica a Dante la categoría de los pecados, según la distinción escolástica. ]
Llegamos al extremo de una altura
que con peñas enormes circundaba,
donde se encierra una mayor tortura.
La hediondez que del fondo reventaba,
nos obligó a buscar sitio abrigado
tras un peñón, que un túmulo marcaba.
«Aquí el papa Anastasio está enterrado,
a quien desvió Fotín de su camino.»
Este epitafio estaba allí grabado.
«Conviene descender con mucho tino»,
dijo el maestro, «a fin que nuestro olfato
a este aire se acostumbre tan dañino.»
«Compensa», dije, «este momento ingrato,
y el tiempo aprovechemos útilmente.»
Y él: «En eso pensaba. Oye el relato:
»Hijo mío, este círculo doliente,
tres circuitos comprende bien graduados,
cual los que antes bajamos en pendiente.
»Están llenos de espíritus malvados:
y que te baste, al verlos en su duelo,
saber cómo y por qué son castigados.
»Toda maldad es repugnante al cielo,
y, sobre todo, el fraude y la violencia,
que a otros causa desgracia o desconsuelo.
»Y como vuestra humana fraudulencia
más desagrada a Dios, los fraudulentos
sufren en proporción mayor dolencia.
»En el primero, yacen los violentos
y purgan tres delitos diferentes,
divididos en tres compartimentos,
»A Dios, a sí y al prójimo, inclementes,
los hombres atropellan y las cosas,
cual te dirán razones evidentes.
»Muerte violenta, heridas dolorosas,
en sí y en los demás, y en heredajes,
ruinas, incendio, expoliación dañosas;
»el homicidio, el que comete ultrajes,
hiriendo o depredando, es tormentado
en el primer jirón, según linajes.
»Al hombre que a sí mismo se ha matado,
no le vale el estar arrepentido,
y en el jirón segundo está enclavado.
»Quien se priva del mundo en que ha vivido,
y el que juega o disipa patrimonio,
llora la dulce dicha que ha perdido.
»Se hace violencia a Dios, cuando el demonio
nos hace blasfemar, dando al olvido
de bondadosa natura el testimonio.
»Y yacen en jirón más reducido,
con signo de Cahors y de Sodoma,
los que en desprecio a Dios lo han ofendido.
»Sigue el fraude, que muerde cual carcoma,
de que la buena fe no se recata,
y al desconfiado de sorpresa toma;
»porque es fraude alevoso, que desata
el vínculo de amor que hace natura.
En el segundo cerco se maltrata:
»la hipocresía, el robo, la impostura,
lisonja, augurios, dolo, simonía,
y rufianes, y toda acción impura.
»Y como el fraude aleve, desafía
la ley de la natura, contra fianza
que el mutuo acuerdo hace nacer y cría,
»bajo Dite, hasta el fondo que se alcanza
del universo, gimen los traidores,
en consunción, perdida la esperanza.»
Y yo: «Son tus palabras resplandores
que alumbran este abismo tenebroso
y el rigor de estos grandes pecadores.
»Mas dime: los que en lago cenagoso,
que lluvia y viento azotan duramente,
y chocan en lenguaje tan furioso,
»¿por qué no están en la ciudad ardiente,
si los castiga del Señor la ira?
Si no, ¿por qué es la pena diferente?»
Y de él a mí: «¡Cuál tu magín delira!,
niegas la ley que todo lo calcula,
porque tu mente vacilante gira.
»Olvidas la lección que se formula
en tu Etica, que encierra tanta ciencia,
que en tres grados los crímenes regula:
»bestialidad, malicia, incontinencia.
¿La incontinencia acaso es más solvente?
¿Ofende a Dios con menos reverencia?
»Si meditas el punto atentamente
y recuerdas los tristes condenados
que en duelo arriba están, duelo inclemente,
»ya verás por qué se hallan separados
estos perversos, que justicia eterna
martilla con sus golpes más airados.»
«¡Oh sol!, ¡que sanas toda vista interna!
Es tu elocuencia para mí tan grata,
que en dudar y saber el gozo alterna.
»Mas explica», añadí, «si no es ingrata
esta tarea, ¿por qué a Dios la usura
es más odiosa? El nudo me desata.»
«Filosofía enseña al que la apura»,
replicóme, «y en más de una sentencia,
cual procede en su curso la natura,
»del arte, en su divina inteligencia:
y hallarás, con tu Física en la mano,
con sólo hojear su texto, la evidencia,
»que el arte vuestro tentaría en vano
de ser más que discípulo obediente,
que es cual nieto de Dios el arte humano.
»El Genésis lo dice claramente
en su principio: Trabajar la vida
y progresar con ánimo valiente.
»Ya ves cómo la usura maldecida
viola el precepto, y más a Dios ofende,
pues de natura la lección olvida.
»Mas el Carro hacia Coro ya desciende,
y me place seguir nuestra jornada
al ver a Piscis que al oriente asciende;
que larga del tramonte es la bajada.»