Blair
Apenas había puesto un pie dentro de la casa de la manada cuando escuché la voz del Alfa llamándome al estudio. Suspiré para mis adentros. Ni siquiera tenía que adivinar la razón. Sin duda, Brynn me había ganado en la casa y fue directamente a sus padres a lamentarse sobre lo que le había hecho.
Dejé mi bolso junto a la puerta y subí al tercer piso caminando hacia el estudio. Lo conocía bien. Había estado allí varias veces por distintas razones. Me quedé fuera de la puerta y golpeé, rodando los ojos. Esto iba a ser interesante.
Me pregunto qué mentiras ha contado esta vez. ¿O si hizo un berrinche? Era una maldita buena actriz, le daba eso. Lástima que sus propios padres no pudieran ver a través de su mierda.
—Entra —gruñó el Alfa Johnathan.
Abrí la puerta y entré, cerrando cuidadosamente la puerta detrás de mí, y luego saludé al Alfa respetuosamente
—Alfa Johnathan —dije inclinando la cabeza.
Ni siquiera era tan tonta como para no respetar al líder de la manada. Él podría destrozarme si quisiera y nadie lo detendría.
Ignoré deliberadamente a Brynn, que estaba sentada en una silla mirándome con suficiencia. El Alfa Johnathan estrechó los ojos hacia mí.
Aquí vamos, pensé, preparándome. La inquisición estaba a punto de comenzar. Se aclaró la garganta.
—¿Es verdad que insultaste a a Brynn y la humillaste frente a todos en la escuela? —preguntó.
Miré a Brynn, que inmediatamente puso una expresión grave, mientras yo luchaba por mantener la compostura.
—Bueno, no diría que fue frente a todos —dije delicadamente—. Fue después de que terminara la escuela —agregué mientras el Alfa comenzaba a fruncir el ceño—, y no tenía ninguna intención de humillar a tu hija, Alfa Johnathan —añadí calmadamente.
Lo cual era cierto, hasta que ella decidió provocarme.
Brynn se enderezó cuando él le lanzó una mirada.
—Está mintiendo. —Ella negó con la cabeza—. Me señaló deliberadamente y me llamó nombres sabiendo que yo no podía hacerle nada de vuelta.
Él estrechó los ojos hacia mí.
—¿Es verdad que la llamaste puta? —preguntó frunciendo el ceño.
Bueno, no podía negarlo exactamente. Si reflexionaba, estaba bastante segura de que la había llamado así y cosas peores. En mi defensa, ella sí andaba con muchos chicos, pero no pensé que señalar eso a Alfa Johnathan iba a ayudar en mi caso. Sin mencionar que ningún padre quiere escuchar eso sobre su hija. Estoy bastante segura de que el pobre bastardo pensaba que ella aún era virgen.
¿No tendría una sorpresa cuando descubriera la verdad?
No me malinterpreten, estoy a favor de que las mujeres expresen su sexualidad, pero no creo que sea necesario presumir y chismear sobre su desempeño en la cama después.
Incliné la cabeza.
—Sí, Alfa Johnathan, sí le dije eso —admití despreocupadamente.
Honestamente, de todas formas iba a creerle a ella en lugar de a mí así que no tenía sentido negarlo.
Parecía un poco sorprendido, como si hubiera esperado que discutiera o lo negara.
—¡Ella me dijo que me pudriera en el infierno! —gritó Brynn—, y otras cosas también. Ella comenzó un lloriqueo dramático.
El Alfa levantó una mano.
—Basta, Brynn —le gruñó—, le estoy dando a Blair la oportunidad de explicarse.
Lo miré directamente a los ojos.
—Ella me lanzó un refresco, y me enfadé —admití con indiferencia.
Él lucía atónito.
—¡Mentiras! —gritó Brynn—. Ahora solo está inventando cosas.
—Cree lo que quieras —dije pesadamente—, todos sabemos que de todos modos lo vas a hacer —agregué sarcásticamente.
—Blair Williams, mostrarás el respeto adecuado —exigió él —o juro por Dios...
Mordí mi labio. Lucía frustrado.
Brynn se puso de pie.
—¡No puedes creer honestamente que yo haría algo así! Sabes que ella es problemática, padre. Me odia. Lo deja en claro ante todos. Pregúntale, pregúntale si lo hace. Apuesto a que no lo niega.
—¿Odias a Brynn? —preguntó gravemente, fijando sus ojos en mí y esperando impacientemente la respuesta.
—¿Hay alguna razón por la que no debería? —pregunté con perplejidad.
Brynn se regodeó en su sitio.
—Ves, te lo dije.
El Alfa golpeó sus manos sobre el escritorio.
—Basta, Brynn —rugió, y su hija palideció y se quedó en silencio.
Traté de no sonreír. Él me miró, sus ojos oscuros y desafiantes.
—Blair, se te han dado múltiples oportunidades de convertirte en un m*****o respetable de esta manada. Se te ha alimentado, vestido, provisto de lo necesario. Se te ha dado empleo y un salario. Incluso se te ha dado indulgencia en tu entrenamiento, debido a tu eh... —Hizo una pausa mientras me tensaba —condición médica. La mayoría de las manadas no son tan tolerantes con miembros débiles como tú y te habrían convertido en un renegado o te habrían matado por no poder defender o proteger a la manada. Sin embargo, en cada oportunidad nos desafías y desprecias todo lo que se te da —dijo con frialdad.
Escuché en silencio. Esta era una charla que conocía demasiado bien.
Se suponía que debía estar agradecida por la ropa usada y descuidada que me daban, las sobras con las que me alimentaban que apenas eran suficientes para alimentar a un niño, y el papel de omega que me agotaba y me obligaba a trabajar desde el amanecer hasta el anochecer.
¿Y el salario? Iba para la comida y la ropa que me proporcionaban. La ironía.
¿Y estar viva? Eso debería ser un derecho, no un privilegio.
—Tu falta de respeto y desdén descarado hacia tu manada no será tolerado —gruñó mientras yo permanecía en silencio—. Creo que unos días en la mazmorra serán suficientes para recordarte lo afortunada que eres en comparación con otros miembros menos afortunados de otras manadas mucho más despiadadas que no tuvieron las mismas oportunidades que tú. Espero que pidas disculpas a Brynn cuando te dejen salir —agregó con ceño fruncido.
Sí, claro, pensé en silencio. La perra estaría revolcándose en su tumba antes de que yo le pidiera perdón.
Levantó una ceja.
Brynn rio y él le lanzó una mirada llena de dagas, haciéndola callar.
Vi cómo sus ojos se vidriaban y supe que estaba enlazándose mentalmente con algunos guerreros para que vinieran a buscarme.
—Brynn, puedes irte ahora —le instruyó mientras ella emitía un pequeño gemido de decepción—. Ya la has visto castigada, ahora ve y haz algo más importante con tu tiempo.
Ella frunció el ceño pero se puso de pie y se sometió, ofreciendo su cuello a su padre pero, antes de salir de la habitación, me lanzó una mirada oscura por encima del hombro mientras yo le mostraba una sonrisa forzada.
Dejó la puerta abierta y dos guerreros se apostaron en la entrada.
El Alfa Johnathan hizo un gesto hacia mí.
—Llévensela a las mazmorras —dijo bruscamente, con los ojos oscuros y sombríos—. Ya saben qué hacer.
Uno de ellos se acercó y agarró mi brazo con tanta fuerza que podía sentir que se me formaba un hematoma.
Me negué a darles el gusto de mostrar cuánto me dolía, sin oponer resistencia mientras empezaban a arrastrarme fuera de la habitación tirando de mi brazo tan fuerte que casi me dislocaron el hombro.
El alfa observaba sin hacer nada para detenerlos o corregir su comportamiento, y el otro comenzó a empujarme mientras descendíamos hacia el sótano.
—Estúpida mestiza —dijo el de atrás, empujándome con fuerza hasta que tropecé y casi caí de bruces.
Me enderecé y sentí otro empujón, agarrándome al pasamanos justo a tiempo mientras descendía hacia el sótano donde se encontraba la mazmorra. Bajé rápidamente para evitar que me empujaran por las escaleras. Una vez que llegué al final de las escaleras, el primer guerrero me agarró del brazo y me empujó hasta la celda más cercana, abriendo la puerta y empujándome con fuerza hacia adentro, haciéndome caer sobre el delgado colchón desgastado que había dentro.
Cerró la puerta y luego escupió, la saliva casi dándome, mientras yo hacía una mueca.
—Patética, debilucha —gruñó mirándome con desprecio mientras el otro guardia se reía a carcajadas—. Debería matarte y dejarte aquí dentro —amenazó.
Lo miré impasible.
Él me fulminó con la mirada y luego me dio la espalda y se marchó enfurecido, dejando al otro guardia para que me vigilara.
Permanecí en el colchón y cerré los ojos.
Pensaban que con castigos podían quebrarme. Pensaban que mi espíritu se perdería. Pensaban que me perdería a mí misma y que me convertiría en el títere que querían crear. Pero estaban equivocados. No importaba lo que me hicieran, sin importar cuánto intentaran lavarme el cerebro, siempre sería Blair Williams, una huérfana y persona orgullosa que nunca, en un millón de años, aceptaría a Dark Rising como su hogar.