Los ojos de Lizzy se clavaron en los de Camila hasta que apartó la mirada y subió a su auto. Era inevitable sentir la molestia de traición en su corazón; no se explicaba cómo o por qué, le ocultó algo tan importante como su enfermedad. Eran amigas, casi hermanas. Por mucho que lo pensara, simplemente no entendía. ¿Es que Camila no pensó que las cosas podían malinterpretarse si los descubría? ¿O acaso era eso lo que deseaba? El malestar solo aumentó en su pecho; tal vez, había tenido al enemigo en casa desde antes de que Jaxon apareciera. El solo pensamiento le revolvió los intestinos. —Parece que Camila sospecha de ti —dijo Silas, saliendo del auto para abrirle la puerta. —No creo que sospeche, quizá tenga miedo del fantasma de Felicity. La única diferencia que existe es el color de los

