Palabras de amor y despedida Lamentablemente, nuestra diminuta eternidad de amor debía llegar a su fin. El tiempo había terminado, lo sabíamos porque algunas rejas más atrás se empezaba a escuchar el sonido de un manojo de llaves chocando contra los barrotes de metal. Nuestras bocas aún jadeantes y con el aliento entremezclado se separaron con mucha dificultad. Ninguno de los dos quería terminar arruinando el beso, pero si no lo hacíamos nosotros alguien más lo iba a hacer. ―Debes prometerme que tendrás cuidado ―me dijo Cristian, aun con los ojos cerrados, tratando de grabar a fuego en su memoria el recuerdo de ese beso furtivo que nos acababa de reunir. ―Lo prometo mi amor ―le dije desvergonzada y sincera, sintiéndome ahora en la completa libertad de hablar desde el corazón―… y tú deb

