Capítulo uno de la segunda parte
— Ese te queda muy bien—comentó Sook con una sonrisa.
— Concuerdo con ella, cariño—mi madre me miraba con dulzura, Kumi no dejaba de insistir con lo de tomarse una foto, pero en esos momentos no me sentía del todo cómoda. El espejo frente a mí mostraba a una Ella muy diferente, una Ella que en cuatro meses ha cambiado mucho, comenzando por el hecho de que mi vientre había crecido, mi abdomen ya no era plano, ya hasta había olvidado como se veía antes. Sook, Kumi y mi madre me habían acompañado para comprarme algo de ropa, los pantalones ya no me estaban quedando, las camisas igual y mis pies se estaban hinchando a menudo. ¡Nadie me dijo que el embarazo era tan complicado! No creí que lo fuera tanto. Mi incomodidad se debía al hecho de usar vestidos, no eran de mi agrado, pero, así como los odiaba me parecían mejor que usar esos pantalones que me apretaban. Aquel vestido era bonito, era de un azul oscuro con puntos blancos, nada extravagante, era sencillo y simple. La falda bailaba con cualquier movimiento, sus tirantes permitían mover mis brazos con facilidad, volví a girar no muy convencida, giré sobre mis talones mirando a las mujeres que esperaban mi opinión.
— No me gusta.
— Ella—reprochó Sook—Te queda hermoso, puedo jurar que hasta al bebé le gusta.
Apoyé mis manos en la parte baja de mi cintura mirándole incrédula.
— Le da una figura muy bonita a tu cuerpo—alagó Kumi—A JungKook le gustará.
De la incomodidad pasé a un sentimiento de tristeza, ya me había acostumbrado a los cambios repentinos de humores, Sook y Kumi no lo notaron ya que habían dicho buscar más opciones para mí, mi madre se levantó del sofá de color café y vino hasta mí sonriendo como sólo ella sabe hacerlo, colocó sus manos en mis hombros girándome al espejo.
— ¿Debo creerme que todo está bien entre ustedes? —susurró mirándome a través del cristal, negué con la cabeza lentamente. Era imposible mentirle cuando me conocía tan bien— ¿JungKook discutió contigo?
— No, nada de eso—me apresuré a decir. Suspiré acariciando mi vientre abultado, lo miré unos minutos antes de regresar la atención a mi madre.
— ¿Entonces...? —acarició mi cabello.
— Creo que...no lo sé—realmente no estaba segura. Desde hace meses no me siento segura, aunque el chico diga lo contrario su actitud demuestra otra cosa, parpadeé varias veces cruzándome de brazos—Algo me dice que él no acepta del todo al bebé, mamá.
— ¿Te lo ha dicho? —frunció su ceño—Dijiste que había aceptado cuando le diste la noticia.
Volví a suspirar, me llevó al sofá donde hace minutos estaba sentada, subí una de mis piernas al mueble apoyando mi brazo en el respaldar y mi otra mano en mi vientre. Podía sentir un ligero movimiento allí, desde que podía sentir al bebé moverse me encantaba colocar mi mano sobre él, de alguna manera eso me relajaba, como si fuera una forma del pequeño en decirme que no estoy sola.
— Él está atento de lo que necesito, no se ha quejado de ello, me ha acompañado a mis citas con la doctora, pero...—miré a otro lado—Siento que no está cómodo del todo, saber que le estoy provocando esa incomodidad...
— Oye—colocó su mano sobre la mía. Me atrajo a ella rodeándome con su brazo—JungKook necesita tiempo para adaptarse, tal vez una parte de él quiere ser un buen padre, pero la otra tiene temor de equivocarse.
— Han pasado cuatro meses y él no terminará de adaptarse...
— Ella.
— Mamá, él no es el mismo. No lo siento igual—confesé—Le he dicho que no será como su padre, él dice que no tiene nada que ver, hay algo que no está bien, JungKook no quiere al bebé, tienes que verlo, cuando escuchamos los latidos por primera vez...se notaba algo conmovido, pero eso fue todo.
— Dale tiempo, no es sencillo—acarició mi brazo—Estoy segura de que las cosas serán mejores.
— No lo rechazó porque es consciente de que ninguno de los dos nos cuidamos—susurré—Algunas veces siento que sigue conmigo por pena.
— No digas eso—reprochó tomando mi rostro entre sus manos—Ese chico te ama a ti y ama a ese bebé, créeme—besó mi frente—Tú mejor que nadie entiendes mejor su forma de ser, ten paciencia con él.
— Intento tenerla, pero me molesta cuando llega tarde cada noche—noté como su rostro cambió a uno serio—Min YoonGi está trabajando con él, pero... ¿Por qué necesita tenerlo siempre en esa oficina? —bufé negando con la cabeza. De repente mi madre estaba más seria de lo normal, las chicas regresaron con más vestidos y no pudimos seguir la conversación.
Desperté al escuchar la puerta cerrarse, estaba en la sala del departamento, me levanté somnolienta con una manta abrazándome, caminé descalza al ver a JungKook llegar no muy contento. Lucía cansado, pero también molesto. Al percatarse de mí al encender la luz se sorprendió, la mayor parte del tiempo estaba durmiendo porque el bebé parecía disfrutar ver a su madre dormir todo el tiempo. Mis horas de sueño y mi apetito fue lo que cambió más.
— ¿Tuviste un mal día? —pregunté con voz apagada, restregué mis ojos acercándome a él. JungKookie me rodeó con sus brazos besando mi cabeza.
— ¿Qué haces despierta a esta hora, Ella?
— Estaba esperándote—bostecé parpadeando varias veces despertando poco a poco— ¿Todo está bien?
— Ve a la cama, está haciendo frío y no quiero que enfermes.
— Pero...—lo miré. Dio un pequeño beso a mi frente antes de alejarse, noté su bolso junto a una carpeta que había traído, ésta estaba algo llena de papeles, JungKook ni siquiera olía a perfume de mujer para poder reclamarle que me engañaba y realmente eso nunca fue un dolor de cabeza para mí, pero algo estaba pasando, quizás no era traición, pero ese chico me estaba hartando— ¿Eso es todo?
— ¿De qué? —encendió la luz de la cocina. Fui a él abrazándolo por detrás cuando bebía agua, me coloqué de puntitas besando su cuello.
— Ven conmigo a la cama, por favor—pedí.
— Debo hacer unas cosas antes, intentaré no tardar—repitió. Acaricié su pecho con mis manos sobre la tela, pero luego desabroché dos botones de su camisa—Ella ahora no—me detuvo alejándose—Ve a la cama—ordenó sorprendiéndome. ¿Acaso JungKook me estaba negando el sexo? ¿Desde cuándo él hacía eso? ¿Desde cuándo Jeon JungKook no tenía ganas de hacerlo? ¡Él era quien ansiaba follarme todo el tiempo! Él es quien disfruta que hagamos el amor a cualquier hora.
JungKook colocó el vaso en el mesón, miró la carpeta junto a su bolso deshaciéndose de su chaqueta, subió las mangas de su camisa hasta sus codos y volvió a mirarme cansado.
— ¿Qué sucede contigo?
— Ella, por favor...
— No, hablo enserio—me cubrí más con la manta— ¿Qué está pasando contigo, JungKook? Intento entenderte, intento comprenderte como lo he hecho hasta ahora, pero...—respiré profundo. Sonreí irónicamente al no llegar a ningún lado—Tú me alejas.
— Esto no tiene nada que ver contigo—Eso me molestó.
— Ah, ¿No? —comenté—Dime que no has cambiado desde que te dije que seríamos padres—levanté una de mis cejas esperando respuesta—Anda, dímelo, esto tiene que ver conmigo y con el bebé, no, mejor dicho, esto tiene que ver con el bebé. ¿Estás conmigo por pena, JungKook?
— ¿Qué? —se mostró confundido y molesto— ¿De dónde estás sacando estas cosas? ¿Sook te está metiendo tonterías en la cabeza?
— Siempre le echas la culpa a alguien—negué con la cabeza.
El chico respiró profundo mirando serio. No me importaba si él tuvo un mal día, Ella siempre es comprensiva con todos, pero nadie es comprensiva con ella. Me escucharía le guste o no porque llevo callándome cuatro malditos meses.
— No voy a repetirlo, ve a la cama ahora.
— ¿Volvemos a lo de antes? ¿Vas a colocarme reglas, JungKook? —señalé— ¡Algo sucede contigo!
— ¡Nada sucede conmigo! —alzó la voz golpeando el mesón con sus manos.
— Dime cuál es tu problema, quiero ayudarte, tal vez si tienes temor de ser un mal padre...
— No, ¡Suficiente! ¡Cierra la boca! —eso me sorprendió...y me hirió al mismo tiempo— ¡¿Quieres saber cuál es mi maldito problema?! Bien, tú eres mi problema ahora, Ella, tú eres el centro de todo mi desastre, pero alguien más te acompaña ahora y me complica las cosas—hizo referencia al bebé— ¡Intento trabajar en algo y tú no me dejas concentrarme! Así que te pido que por favor te vayas a la habitación y no sigas haciéndome preguntas, tuve un día de mierda hoy y no quiero discutir contigo.
Contuve las lágrimas repitiendo esas palabras. Bueno, al menos fue honesto. Yo soy el problema, tal como suponía.
— Ya lo hiciste—caminé saliendo de la cocina.
— ¡Ella!
Y fui directo a la habitación sin siquiera girarme a verle.