Cuando llegamos al salón rogué porque mi asiento estuviera libre y luego pensé que era una estupidez podía tener a mi lado a un acosador pero no me importo, toque y abrió un señor de casi treinta y tantos años de tés blanca sus manos eran largas, su voz era grave y como debí de suponer todos los profesores de ingles quieren que entremos y pidamos permisos en inglés es ilógico, que donde piensan que lo vamos a usar sabía que era esencial para los negocios pero yo los odio así que prefiero el italiano, no entramos hasta que dijimos las palabras mágicas que para él no eran por favor obviamente. Después de entrar vi mi asiento solo atrás estaba Alondra mirándome como si quisiera matarme por lo que le dije, pero no pude mirarla mucho tiempo la vergüenza me invadía poco a poco, no porque un sujeto extraño que acababa de aparecer me dijo que le gustaba si no por lo que le había dicho. Me senté y después me di cuenta de que él se sentó un lado de mí, nadie lo hacía nunca así que los demás solo lo miraron como nadie lo conocía pensaron que se había sentado ahí porque era el nuevo de la clase, la verdad yo también prefería pensarlo. Él se levantó yo sabía que solo se iría para atrás como los demás pero no dejo su mochila y fue con el profesor, el solo movía la cabeza negando como si fuera algo malo lo que estaba diciendo y por fin se separaron él me sonrió como si acabara de ganar una pelea con un dragón, sonreí no lo pude evitar.
El profesor comenzó a hablar –bueno muchachos tenemos un nuevo compañero enamorado por cierto se llama Eduardo Rivera y va a estar con ustedes por el semestre de inglés así que traten de soportarlo –.
Cuando termino la clase iba a salir y el profesor me llamo – Carolina seré sincero sé que no te gusta mi clase, pero sigue viniendo te va a servir mucho – solo acepté y me fui quien le podía haber dicho que no me gustaba esa clase.
Estaba en mi casa no pude hablar con Alondra después de lo que había pasado así que ese día de dormí temprano volví a tener ese sueño que me hizo olvidar todo lo que había pasado el día anterior tome el reloj de alarma de mi buro marcaba las 7:48 am así que pase la mitad de la mañana intentando hablar con ella pero decía que solo hablaría conmigo en la escuela yo sabía que solo significaba una cosa las cosas iban a cambiar, cuando salí de mi cuarto mi madre me miraba raro así que solo seguí mi camino intentando evitar las miradas de mis hermanos que sin duda aparente querían preguntar qué había pasado ayer, al parecer mi queridísimo hermano dijo lo que había sucedido en la escuela y con ese sujeto me devolví hacia mi recamara pero ya era muy tarde mi padre ya me había visto.
– Ven, siéntate y desayuna – dijo con su voz autoritaria como siempre – sino tus hermanos se acabaran el cereal –.
Fui a la mesa y desayune era lo que menos quería hacer fingir que mi familia era la mejor cuando en realidad mis hermanos pequeños eran unos zánganos que todo querían en la mano, mi hermano mayor salía con una estúpida que todo lo que hacía era estar pegada a un teléfono con la cámara encendida y mi padre que cuando puede se encierra en la cantina a beberse todo lo que había ganado trabajando en la semana aunque eso no era raro y mi madre lo soportaba es la persona más buena que conoceré en mi vida gracias a ella yo supe lo que era confiar en las personas pero últimamente ya no lo hacía como antes, me enseñe a dudar de lo que las personas decían o como se expresaban.
Hoy no tenía clase de inglés así que no pensaba verlo, Estaba temblando y nerviosa por todo lo de ayer ya que tenía que hablar con ella y era lo que más me preocupa, si ella me decía Que ya no quería ser mi amiga me iba a doler en el alma pero ella podría hacer su vida sin tenerla atada, llegue temprano como ella me lo había pedido pero su respuesta no era lo que esperaba.
– Te vas a enojar – me dijo con una cara de sufrimiento que no comprendí.
De repente sentí dolor pero preferí eso a que su respuesta fuera otra diferente, la gente a nuestro alrededor miraba y murmuraba, después comprendí ella esperaba que yo hiciera lo mismo pero en vez de eso la abrasé, ella no me rechazo y sentí como sus músculos se relajaban para completar ese abrazo así estuvimos.
– Espero que me perdones – yo me hacía cada vez más pequeña – sé que soy una estúpida, pero no me respondiste eso me irrita y después te vi con ellos creo que sería…–
– Ya cállate y deja de hablar tú me estas irritando a mí, solo deja de hacer preguntas e insinuaciones estúpidas mejor dime ¿quién era el tipo de ayer?–
En ese momento termino nuestro abrazo y como si fuera poco me sonroje – ¿Quién? – hice como si todo fuera un mal chiste de ella.
– Hay no te hagas tu hermano me dijo como te encontró –
La verdad es que ni yo sabía cómo contestar a esa pregunta – La verdad es que no se solo llego – un silencio profundo inundo mi pensamiento – ya lo conoces –.
– No ¿Quién es? –al parecer lo único que mi hermano no dijo es que se trataba del nuevo de la clase de inglés – ¡Ya dime! –.
– Es el nuevo de inglés que estaba hablando contigo ¿no recuerdas? – Ella lo sabía todo de mi pero su alegría era mayor que la mía así que no tenía ninguna duda de que ella ya lo sabía y se lo dije
– ya lo sabias – intentando que se diera cuenta de que quería la verdad – Soy completamente honesta contigo quiero que tú también lo seas–
Sus ojos penetraron en los míos sabía que lo haría, me iba a mentir – ¡No! – sus ojos evitaban mi mirada cada vez que lo hacía pero esta vez no lo hizo esta vez sus labios me mostraron la verdad era una mentira.
El día transcurría normalmente ese día era martes así que no lo vería, no me puse los audífonos pase por enfrente del edificio A, escuche gritar mi nombre no mire quien era pero sabía perfectamente que era el cómo lo supe sencillo, su vos era profunda y no me llamaba como los demás él me decía Carolina me detuve para que supiera que lo había escuchado y seguí mi camino. Era raro sentía eso que solo sentía cuando pintaba jamás en mi vida lo había experimentado en otra parte que no fuera ahí en las noches con la emoción del momento con mis manos llenas de pintura .
A pesar de que el tiempo parecía lento, ella trataba de decirme la verdad que la ahogaba pero no lo hizo.
–Alicia– dijo por fin, me sentí aliviada – ¿te consigo su número? –
– Claro que no, que te pasa no lo conozco, no le seguiré hablando, entro a nuestro salón por arte de magia, él sabe más de mí que mis propios padres – su cara cada vez estaba más cerca del piso pero no sé porque insistía tanto en el tema.
La mire a los ojos con toda la sinceridad del mundo – ¿Te gusta? – Ella hecho a reírse como si le hubieran hecho cosquillas – A mí no me importa en lo más mínimo –
– Claro que no cómo puedes decir eso es muy absurdo –
– Entonces dime la verdad ¿Por qué insistes tanto con el tema? –
Ella solo trago saliva.