11. Despertar

951 Palabras
Desperté de un sueño extraño el cual no recuerdo mucho, solo miraba personas que caminaban a mi alrededor, me apuntaban con el dedo y reían, escuche voces afuera de mi cuarto baje, era mi hermano el cual estaba algo asustado de verme – ¿Qué te pasa?, estas pálido, ¿esconces a alguien en tu cuarto? – creo que esa pregunta la debería hacer yo – de que hablas yo no te dejo entrar a ti a mi cuarto ¿por qué dejaría que alguien más entrara? – su mirada fue de nerviosa a querer golpearme en segundos – como sea, voy al baño – dije al mirar su cara de enfado. Entre al baño y salí ya que llegaría tarde a la escuela y me mataría papá, me lave las manos en el lavabo y desayune lo más rápido que pude la pregunta era donde estaban todos y por qué no venían a desayunar, no sabía que era lo que estaba pasando, me dirigí a las habitaciones y comencé a tocar puertas una por una hasta que todos salieron – que pasa se les enfría el desayuno – dije casi gritando – deja de gritar – dijeron todos casi al unísono – está bien, el desayuno está servido solo no se tarden mucho se enfriara demasiado, saldré a caminar por un rato para irme a la escuela – subí, tome una camisa de color rojo la cual tenía tiempo sin ver y un short que me quedaba pegado y salí de mi casa. Tome la llave y abrí la puerta, salí a la calle, todo era diferente a lo que recordaba la hermosa playa ya no estaba solo había casa por todas parte, me paralice por mucho tiempo esperaba que mi mente entendiera después pero nada ocurrió, mi mente no proceso nada no entendía como ayer estaba lavando mis pies en un hermoso atardecer y hoy estaba en medio de pavimento – Alicia – escuche que alguien me hablo, camine hasta ella – puedes decirle a tu madre que me preste la aspiradora – Señora no sé quién es, no la conozco además son dos casas de diferencia, tenga la decencia de caminar hasta ella y pedirla por usted, caminar hace bien y más a su edad – se mostró confundida pero yo camine de vuelta a mi casa. Entre y ya estaban todos desayunando – me pueden decir ¿Dónde estamos? – todos me voltearon a mirar en cuanto entre – ¿a qué estamos? Alguien que me diga el año por favor– al terminar la frase ya estaba gritando y sin darme cuenta comencé a temblar, mi padre se paró y camino hacia mí – dos mil diecisiete – trate de aferrarme a algo pero me fue imposible sentí el peso de mi cuerpo, tirada en el piso tratando de sentir algo más que no fuera mi corazón, el piso estaba demasiado helado y eso me hacía sentir bien, sentí manos tratando de detenerme pero era imposible. Abrí los ojos tratando de reconocer rostros, pero en ese momento me fue imposible, mi desesperación fue muy grande tanto que traté de levantarme lo único que logre fue caerme de la cama, lo único que hice fue reírme tratando de esquivar la estupidez que hice después escuche que todos se reían. Después de unos minutos de escuchar como entraban y salían de mi habitación decidí levantarme y cerrar la puerta era suficiente saber que habían pasado tres años desde la última vez que los vi como para que me estuvieran vigilando – oye ¿estás bien? – dejo Sebastián a través de la puerta yo sentía demasiadas nauseas como para contestar así que me levante, salí de mi cuarto y camine con él hasta el baño toque la puerta el me abrió la puerta y lo único que pude hacer fue hincarme para vomitar intentaba parar pero no podía – ¿estas embarazada? – Me pregunto – claro que no ¿Quién crees que soy? – dije para que dejara de pensar eso – no se dímelo tu – sus palabras sonaban frías, como si lo hubiera molestado con el simple hecho de estar frente a el – ¿Qué me estas queriendo decir? – mis palabras pasaron casi a gritar en unos segundos – ¿no recuerdas lo que paso ayer? – para mi era evidente que no recordaba nada de los últimos tres años pero entiendo que ellos no se han dado cuenta. – Sabes, no se que paso ayer, me duele la cabeza – Esta bien, solo no queremos sorpresas – Oye ¿Qué haremos hoy? Ir a nadar, salir a pasear, lo que sea – quería cambiar el tema de conversación y fue lo único que se me ocurrió en el momento – o podemos ir a la escuela como cualquier otro día – entendí por el tomo de sarcasmo que seguía molesto, decidí dejarlo en paz, ya que si seguía hablando se daría cuenta. Subí a mi cuarto para buscar algún indicio de a que escuela voy y por supuesto que clases había, busque por el escritorio, pero lo único que encontré fue una nota la cual decía te espero en clase firmada por E.R. solo conocía a una persona con esas iniciales pero había desaparecido hace años, mucho antes de que tuviera el accidente. no encontré el nombre de la escuela a la que iba, ni tampoco un uniforme entre mi ropa, así que supongo que puedo llevar cualquier cosa, tome la mochila y entre los libros encontré un cuaderno que decía "cosas que nunca podre hacer", abri la primera pagina y me di cuenta que era algo que ya había leído.
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