Nunca imaginé que una mañana tan común en la oficina pudiera desatar un torbellino de emociones y revelaciones que cambiaran, aunque sea momentáneamente, la forma en que veía mi vida. El caos del día se había disipado lentamente, pero en mi interior quedaba una inquietud persistente, alimentada por la invitación de Kolt para acompañarlo al evento de caridad. Esa propuesta me hizo reflexionar. ¿Su invitación era acaso el preludio de algo más, la señal de que entre nosotros se estaba forjando algo innegable? La idea de salir a solas con él, de compartir una cita formal aunque no oficial, me llenaba de una mezcla de nerviosismo y esperanza. "No empieces zanahoria." Oh ya sé carajos, él me dijo que era un tipo que le rehuía al compromiso del matrimonio pero aún así no podía dejar de sentir una

