― Yo te juro que encontraré la manera de que te divorcies, de el de que puedas liberarte de esa culpa que no es tuya ― le dijo Rafael por lo que abraza a su padre, la ceremonia comenzaba, él tenía que entregarla a su verdugo mientras que Salomé solo quería que su tortura acabara lo más pronto posible.
Ella cerraba los ojos, quería salir huyendo, irse donde nadie la conociera, pero eso era imposible, tenía que cumplir con esa parte del contrato o de lo contrario su padre iría a la cárcel, el juez hablaba, daba su discurso de un buen matrimonio, de que el amor tenía que durar para toda la vida.
― Guillermo Altamirano ¿Acepta como esposa a Salomé Alvarado Mendiola como tu ilegítima esposa? ― respondió el juez esperando una respuesta de Guillermo.
― Acepto ― dijo Guillermo con la frialdad que le caracterizaba.
― Salomé Alvarado Mendiola ¿Acepta como esposo a Guillermo Altamirano como tu ilegítimo esposo? ― preguntaba el Juez por lo que ella se quedó sin habla, pues no sabía qué decir o mejor dicho empezó a titubear. Por lo que Guillermo apretó la mano mirándola amenazante, provocando que no se moviera, pues aún ella no daba una respuesta. ― Señora Salomé, ¿Acepta a Guillermo Altamirano? ― pregunta de nueva cuenta el juez.
― Yo ― dijo Salomé sin saber qué decir, suspirando pesadamente. ― Acepto ― respondió Salomé al fin, por lo que Guillermo suspira aliviado, pues por un momento pensaba que le diría que no.
― Bien los declaro marido y mujer Guillermo, usted puede besar a la novia ― respondió el juez, por lo que Salomé quería huir, no quería besarla, no quería ni siquiera acercarse a él, sin embargo, decide acercarse...
Salomé se queda quieta por lo que Guillermo la toma de la mejilla dándole un beso en los labios ella no quería besarlo, sin embargo, la habían obligado la tarde era larga y eterna ella quería subir a su habitación y quitarse ese estúpido vestido de novia toda la gente festejaba a la pareja, pero Salomé no estaba feliz ella lloraba quería largarse y escapar, pero al terminar la fiesta ella entró apresurada a su cuarto se desmaquillaba con la mano era como si quisiera borrar todo lo que había vivido el día de hoy mientras manchaba su vestido llorando desesperada.
― Juro que te haré la vida imposible te odio Guillermo Altamirano te odio ― susurraba ella destrozando su vestido con sus manos, estaba hecho, ella era su esposa de ese desalmado al que tanto odiaba.
Sin embargo, Guillermo entro a la habitación con la intención de reclamarle.
― ¿Por qué carajos no me besaste en la boda? Casi me dejas en ridículo ― respondió Guillermo furioso.
― ¿Acaso no te das cuenta? Me da asco besarte este matrimonio, es una farsa, una estúpida farsa ― respondió Salomé furiosa.
Por lo que Guillermo la toma con fuerza del brazo haciéndola sentar en las piernas, ambos se miraban fijamente, ella se quería soltar mientras que él simplemente la sujetaba de la cintura fuertemente.
― ¡Suéltame! ― gritaba Salomé tratando de soltarse, pero él se oponía.
― No pienso soltarte, eres mi esposa, por algo te casaste ¿O no? ― dijo Guillermo tratando de besar sus labios a la fuerza al igual que el cuello, por lo que ella le da una bofetada.
― Nunca en tu vida me vuelvas a besar nunca ― contesto Salomé furiosa por lo que él solo se sobaba la mejilla dejándola en la habitación mientras que ella se tiraba al piso llorando amargamente.
Pues esta noche será la más larga, pero también la más eterna de este matrimonio que era por conveniencia, sin embargo, Rafael manejaba por las calles frías de España, pensaba en su pobre hija, quien se había casado por obligación, manejaba lentamente hasta llegar a su departamento cuando ve a Isabella la misma chica que había salvado él sonríe tiernamente por lo que se baja del coche para saludarla.
― Hola ― saludo Rafael sorprendiendo a Isabella, quien lo miraba un tanto sorprendida.
― Rafael ― dijo ella un tanto desconcertada. ― No pensé verlo por aquí ― le dijo Isabella un tanto confundida.
― Vivo en este edificio ― hablo Rafael sonriendo. ― me preguntaba si quiere salir a cenar ― hablo Rafael invitando a Isabella, por lo que ella sonríe un poco.
Quiso hablar, pero no podía había algo en el que le inspiraba confianza, por lo que ella asiente Rafael abre la puerta de su carro como todo un caballero, ella sonríe por primera vez, alguien había sido un caballero con ella, pero tenía miedo de volver a sufrir como hace 5 años donde había perdido a su bebe por culpa de su exesposo.
Al día siguiente Salomé fue a la habitación de su ahora hija postiza, miraba la cuna mientras lloraba, quería que esto fuese una pesadilla, no haberse casado con alguien que odiaba, sin embargo, Guillermo, bajo al estudio, pensaba en Salomé a pesar del odio que ella sentía él empezaba a quererla.
― No debo de sentir amor por Salomé ― pensaba Guillermo en voz alta.
Decía, mientras acomodaba los documentos hablaba a su abogado para quitar la demanda que le había hecho al señor Rafael Alvarado, leía los documentos y también checaba la empresa, el cual se había convertido en una de las más ricas del país.
― Señor Altamirano ― dijo María entrando un tanto temerosa.
― Dígame María ― respondió Guillermo alzando la mirada.
― El abogado Montenegro viene a buscarlo ― respondió María.
― Dile que pase María, ve que está haciendo Salomé, no quiero que salga de la casa, al menos con mi autorización ― hablo Guillermo dándole la orden a maría, por lo que ella asiente tenía que cumplir sus órdenes o de lo contrario ella sería despedida.
María salió del estudio para ver a Salomé que estaba cuidando a la hija de Guillermo, no tenía ánimos de nada, sentía que la vida no tenía sentido.
― Señora Salomé ― hablo María haciendo que ella alzara la mirada en sus ojos, se notaba la tristeza y la desesperación que sentía por salir de aquí.
― ¿Qué? No me digas que el señor Altamirano dio la orden de no salir de aquí ― respondió Salomé mientras se cepillaba el cabello.
― Fueron órdenes del señor Altamirano señora, no podemos hacer nada ― respondió María con la cabeza agachada.
― Órdenes, claro, órdenes ― dijo Salomé parándose de la cama.
― Señora es su esposo ― respondió María haciendo que ella bufara molesta.
― Maldita la hora en que es mi esposo ― respondió Salomé mientras se apoyaba en el buro.
Por otra parte, Aarón últimamente se estaba sintiendo mal, tenía dolores de cabeza tanto que había días que faltaba al trabajo, Ricardo tenía miedo de que algo le pasara, pues había días que se notaba desganado y algo desmejorado.
― ¿Aarón estás bien? ― preguntaba Ricardo un tanto desconcertado.
― Si solo estoy un tanto cansado ― hablo Aarón tratando de sonreír, estaba cansado, pero quería mantenerse de pie.
― ¿Seguro? ― preguntaba Ricardo por lo que él asiente recogiendo su saco para irse a su departamento, pues él se sentía un tanto indispuesto.