― ¿Seguro? ― preguntaba Ricardo por lo que él asiente recogiendo su saco para irse a su departamento, pues él se sentía un tanto indispuesto.
Por lo que sale de su empresa después de un día cansado cuando de pronto sintió un mareo siendo sostenido por su exesposa.
― Por Dios Aarón, ¿Estás bien? ― preguntaba su exesposa haciendo que él se soltara tan de repente.
― déjame ― hablo Aarón mirándolo molesto.
― Bueno, perdóname, solo quiero ayudarte ― respondió ella cruzándose de brazos.
― No quiero más tu ayuda si me permites, me tengo que ir ― respondió Aarón furioso, pues no quería ayuda de su exesposa.
― Aarón, que pasara con mis acciones ― respondió Margaret haciendo que él solo rodara los ojos.
― ¿Todavía tienes el descaro de preguntar por tus acciones? ― pregunto Aarón sonriendo sarcásticamente.
― Sabes que también parte de las acciones de esta empresa me pertenece ― dijo ella mirándolo molesta.
― No te pertenece nada, acuérdate que esta empresa es mía ¿O acaso se te olvido que me has sido infiel? ― pregunto Aaron de forma sarcástica.
― Eso fue un desliz, si tú quieres podemos ser felices ― le dijo Margaret de vuelta tratando de agarrar su mano, pero en la quita bruscamente.
― No quiero nada de ti y por favor déjame ir ― le respondió Aaron subiéndose al auto.
Dejando a Margaret molesta, pues ella quería seguir teniendo sus acciones a costa de lo que sea, pero Aaron se sentía mal, pues tenía un dolor de cabeza que no lo dejaba en paz.
Por otro lado, Guillermo manejaba la empresa desde la computadora, Salomé andaba en el jardín caminando con la hija de su esposo, su vida estaba siendo difícil día a día pensaba que no podría estar más tiempo aquí.
Entro a la casa para acostar a su ahora hija cuando se encuentra con Guillermo.
― ¿No quieres cargar a tu hija? ― pregunto Salomé haciendo que ella negara con la cabeza.
― No tengo tiempo para estupideces ― hablo Guillermo molesto.
― No son estupideces, es tu hija ― le dijo Salomé de mala manera.
― Ya te dije que no tengo tiempo y por favor apártate ― le dijo Guillermo intentando salir, pero la silla de ruedas no se lo permitía.
― Si tanto me odias, no te hubieras casado conmigo ― le respondió Salomé de mala manera.
― Vete Salomé, por favor no quiero verte más ― le dijo Guillermo tratando de no perder la paciencia, ya que intentaba salirse con su silla de ruedas, pero no podía.
Salomé intentó irse, pero al ver que él no podía salir con su silla de ruedas.
― ¿Guillermo puedo ayudarte en algo? ― pregunto Salomé, viéndolo un tanto desconcertado.
― No quiero que me ayudes, vete y ocúpate de tus asuntos ― le dijo Guillermo furiosa.
― Como siempre negando ayuda, Guillermo ― le dijo Salomé molesta.
― ¿Ya terminaste? ― pregunto Guillermo furioso. ― Vete y déjame en paz ― le respondió Guillermo tratando de que la dejara en paz. ― Maldita silla de ruedas ― respondía Guillermo furioso.
Salomé estaba tentada a dejarlo así, pero al ver que no podía con su silla de ruedas decide ayudarlo, aunque él no quería ayuda de nadie.
― Te dije que no quería ayuda de nadie, que lo dije muy bien ― hablo Guillermo furioso.
Por lo que Salomé se va sin decirle nada quería estar lejos de él quería irse y no regresar más este infierno estaba siendo más insoportable, pues Guillermo rechazaba a su propia hija y no aceptaba ayuda de nadie quería seguir encerrado en su dolor en ese dolor que le estaba carcomiendo el alma ella entró a la habitación y se acuesta tratando de dormir para olvidar ese infierno que estaba viviendo por lo que Guillermo después de una hora entra a la habitación mirando a Salomé dormida él se sintió tentado a tocarla de darle un beso en la mejilla, pero solo la pudo mirar de lejos había algo en el que le encantaba, pero a la vez le hacía rechazar era una especie de amor y odio.
Pasaron los días y Aaron se seguía sintiendo mal, sus dolores de cabeza eran cada vez más constantes por lo que llego a la empresa sintiéndose indispuesto.
― Amigo, tenemos a las nuevas modelos que acaban de llegar, ella es española ― respondió Ricardo haciendo que él se pusiera de pie, pues esperaba que fuera la misma chica que había encontrado en España en esa tarde lluviosa.
― Hazla pasar ― hablo Aaron un tanto desconcertado.
Por lo que se para tenía la ilusión que fuese ella, la modelo que entraría a su empresa estaba nerviosa sin embargo cuando Jade entro a la oficina él se quedó desilusionado, pues él se había hecho ilusiones en vano.
― Hola, ¿Usted es el señor Aaron? ― pregunto Jade tratando de sonreír.
― mucho gusto ― hablo Aaron extendiendo su mano. ― Me ha dicho que ha trabajado como modelo ¿Cierto? ― pregunto Aaron haciendo que ella asintiera.
― Si en un pequeño comercial en mi país ― respondió Jade tratando de sonreír, estaba nerviosa, pues no sabía si le daría bien el trabajo.
― Bueno, necesitamos hacerles pruebas, fotografías, etc. necesito ver cómo te desenvuelves ― le respondió Aaron haciendo que ella asintiera, por lo que Ricardo y él fueron con ella.
Al llegar al estudio ella veía maravillada, al verlo parecía un mundo, le maquillaron, le pusieron su ropa con la cual modelaría respiro hondo, estaba nerviosa, pero daría todo de sí para poder quedarse en esa empresa la sesión de fotos empezaba ella parecía conquistar la cámara sonreía sensualmente jugaba con las fotos haciendo que tanto Aaron como Ricardo aplaudieran, pues ellos estaban maravillados con ella.
― Usted es una diosa, has conquistado la cámara, la manera en que te mueves es impresionante ― dijo Ricardo aplaudiendo mientras la miraba, pues, le había gustado.
― Gracias entonces ― dijo Jade nervioso.
― Queda usted con el trabajo ― hablo Aaron sonriendo, pues realmente Jade le parecía una mujer interesante, pero por algún otro motivo no podía quitarse de la cabeza el rostro de Salomé y su cuerpo que parecía tallado por los mismos dioses.
Por lo que Aaron se retira del lugar mientras que Ricardo le dio la bienvenida a Jade quien sonrió ampliamente mientras que Guillermo no podía dormir era un martirio, otra vez la pesadilla había regresado golpeando levemente la cama asustando a Salomé.
― Por Dios Guillermo ― hablo Salomé despertando asustada.
― Cállate Salomé, no quiero escucharte ― hablo Guillermo molesto.
― Si no quieres escucharme, al menos guarda silencio, estoy durmiendo ― respondió Salome molesta dándole la espalda.
Por lo que Guillermo no dijo nada, él no quería discutir más con Salo, pues estaba cansado, harto de todo, pero de la nada empezó a llorar.
― Dios mío, ya no quiero vivir esa pesadilla, hazme olvidar la muerte de mi esposa ― hablo Guillermo en voz baja despertando de nuevo a Salome. ― Te dije que te durmieras ― respondió Guillermo un tanto enojado.
― No puedo ser indiferente a tu sufrimiento ― le dijo Salome sentándose.
― Cual sufrimiento ― le dijo Guillermo tratando de ocultar su tristeza.
― Es obvio que estás sufriendo Guillermo ― le dijo Salome tratando de ayudarlo, pero él solo trataba de alejarse, pero ella no lo dejaba, le agarraba su mano en señal que a pesar de todo ella lo apoyara.