La luz del día filtrándose por la ventana me anuncia que es un nuevo día, abro con dificultad los ojos para encontrarme sola en la enorme habitación, me incorporo con rapidez recordando que dormí con Bernard notando que continuo sin prenda alguna, rapidamnete busco mi bata que ahora me parece rídicula por lo poco que cubre, como si quisiera huir del mismísimo diablo salgo por la puerta que une nuestras habitaciones, no tenía tiempo de ponerme a pensar, había acordado con la Reina madre realizar un recorrido para habituarme al sitio y conocer sitios donde podríamos ocultarnos en caso de algún siniestro inesperado, abrí el closet notando que habían vestidos dentro de él, no era opulosos, sencillos pero limpios y sobre todo completos en comparación del que portaba con anterioridad, acaricié la suave tela y coloqué uno de ellos sobre la cama, lavé mi cuerpo para borrar los rastros de la noche anterior y salí como nueva de la habitación, antes de salir miré hacia la puerta que me separaba del Rey y de inmediato pequeños cortos de la noche con él vinieron a mi mente, sus gestos y esos sonidos que llenaron sus aposentos, un escalosfrío me recorrió, quizás mi madre tenía razón y después de varios encuentros con el esposo le hallaría el gusto a eso de la intimación.
Avancé hasta el salón, un sirviente me dirigió al comedor dónde ya todos se encontraban posicionados, mi lugar frente a Bernard yacía vacío esperando mi incorporación, entré lo más silenciosa posible esperando que mi presencia tardía no fuera notada. Apenas me senté una de las sirvientas me colocó 3 copas frente a mí
-Camila, tomalas- exclamó la reina Aurora- te ayudarán con la procreación- fue inevitable mirar con desagrado los menjurjes, no olían muy bien
-Tranquila, también he tenido que tomarlos- me animó Penélope- sobrevivirás
Miré a Bernard que parecía muy concentrado en degustar sus alimentos muy desinteresado en lo que estaba sucediendo, sin más remedio tuve que beber todo sin oposiciones, realmente estaban asquerosos, cuánto sacrificio por un heredero, ahora puedo entender la historia de muchas reinas, su locura y hasta su crueldad, nada es fácil seas de la realeza o de la servidumbre.
Después de conversaciones indistintas, todos se fueron retirando hasta que nos quedamos a solas Bernard y yo
-Debo partir en quince días de vuelta al reino, los ejercitos de mis tíos y amigos se concentrarán para recuperar lo que es nuestro, por lo tanto, debemos dedicar el máximo tiempo a...- hizo una pausa tosiendo- engendrar al futuro Rey de nuestro país, por ahora te llevaré a reconocer, mi madre pensaba hacerlo pero lo haré yo, procura tener zapatos adecuados
-Ya los tengo- dije orgullosa subiendo mi bota sobre la mesa. Me lanzó una gélida mirada y entendí de inmediato recomponiendo mi vestido color camel.
-Entonces andando, Richard- Llamó al sirviente- la canasta- de inmediato le entregó una canasta de mimbre que parecía pesada, me guío con el brazo para avanzar a la salida, caminamos recorriendo los establos, los almacenes de alimentos, algunos sembradíos, la cría de animales de corral y por último un bosque que estaba situado dentro de la propiedad, me guío hacía un pequeño sótano que estaba oculto en la tierra, se abría una pequeña escotilla de madera y por unas escaleras lograbas bajar a esa micro casa, tenía cosas básicas para sobrevivir por varios días cómodamente y armas para defenderse en caso de emergencias, varias pequeñas camas en donde según Bernard podrían sobrevivir hasta 10 personas por al menos cinco meses... el lugar era interesante, deseaba tener mi cámara para retratarlo pero debía conformarme con guardarlo en mi memoria, luego podría pintarlo perfectamente.
-Entonces si algo sucede...
-Si algo sucede te esconderás aqui con nuestra descendencia- terminó mi frase- si yo muero los herederos deben estar a salvo
-¿Cómo lo haces?- pregunto
-Hacer qué
-Cómo puede hablar de morir así sin pestañear... ¿Acaso no tiene miedo?
-No gano nada con tenerlo es mi destino y lo he aceptado hace mucho- sus ojos se enrojecieron como si intentara contener su desesperación
Instintivamente coloqué mi mano en su mejilla -No tiene que fingir delante de mí, se lo he dicho antes
Sus ojos se fijaron en los míos y por un segundo vi paz en ellos, hasta que se retiró para mostrarme las reservas de comida y cómo debíamos reemplazarlas cada cierto tiempo para que no hubiera desabasto. Sin duda, es un hombre difícil.
Ya me disponía a subir las escaleras cuando él me atrajo a su cuerpo tomándome con fuerza de la cintura
-Deberíamos aprovechar este momento y la efectividad de los remedios que tomaste por la mañana- mencionó con gran seriedad
Desamarró el corsé de mi vestimenta con tal agilidad que cuando reaccioné el vestido ya se encontraba en el suelo al calcé de mis pies, con gran lentitud fue retirando el resto de mi ropa, yo estaba paralizada, hasta que recordé mi determinación de no dejarme intimidar más por él y aplicar lo aprendido de las mujeres experimentadas con las que hablé antes de partir.
Tomé su ropaje y lo quité de igual forma... con las yemas de mis dedos acaricié su pecho mirándole fijamente, noté su expresión de asombro, definitivamente eso no se lo esperaba, fui bajando hasta llegar a la unión de sus pantalones, me detuve por unos segundos, me sentía avergonzada y a punto de arrepentirme pero cielos santos era mi marido y tenía que hacer algo al respecto para que dejara de comportarse como un imbécil cada vez que debíamos tener contacto, si tenía que hacerlo de todas formas porque no mejorar las condiciones, si puede ser mejor que el encuentro de anoche, estoy segura que será satisfactorio buscar ese heredero, además soy poca de la idea de traer un hijo al mundo de manera tan frívola, eso es lo que nos diferencia de los animales.
Bajé sus pantalones con sutileza y me incliné para darle placer con mi boca, no era una experta pero sus contracciones y sonidos me decían que le agradaba, yo sinceramente me sentí un poco incómoda al principio pero luego empecé a sentir un calor recorrer mi cuerpo, ese que me daba también excitación
De pronto, me levantó en sus brazos con un poco de salvajismo, me aprisionó contra la pared y yo enredé mis piernas en su cintura para acoplarme mejor a él, me besó con pasión, como nunca lo había hecho, así imaginaba los besos en las historias románticas de esas novelas que mamá siempre me prohibía y que leía a escondidas con mi amiga Susi, jadeé inconcientemente, me gustaba, me gustaba esa pasión al besar, dejó mi boca para apoderarse de mi cuello, recorriendo mi cuerpo con sus labios, si esto era la verdadera intimidad, confieso que me ha encantado...
-Camila, me estás volviendo loco- exclamó- no quiero perder mis objetivos
-¿Tu objetivo no es tener heredetos? entonces hagámoslos- solté con seguridad
Regresó a mis labios y me llevó hasta una de las pequeñas camas en donde ente besos y caricias consumamos el acto, nos quedamos recostados por unos minutos en silencio, no fue un silencio incómodo, fue uno de reponer fuerzas y en mi caso procesar lo que acababa de suceder... en verdad estuvo magnífico...