- El cielo se cae y Salo no ha llegado con ese hombrecito. - dijo Vlad al mirar por la ventana los exteriores por décima vez. Sobre los cabellos tenía hojas secas, barro en la ropa, un par de rasguños por las rodillas y nudillos, también algo de humedad por la lluvia alcanzada. Samantha sonrió con sutiliza. Ella a diferencia de Vlad no tenía ningún rasguño, sólo algo de barro y húmeda. Su esposo antes de caer prefirió envolverla en sus brazos como un escudo protector y salvarla de semejante caída. - Salo le está enseñando el lugar donde se crió. Si tiene suerte él va a aceptarla con todo y su comportamiento agresivo. - Si sabe pensar con claridad, le conviene no abandonarla. Eso nunca. Prefiero desangrarlo hasta que se arrepienta por dejar a mi hija. - habló que le fue imposible no

