Chantaje.

2147 Palabras
Literatura es mi clase favorita en todo el horario de este año. Aunque la profesora Smith es dura con nosotros trato de esforzarme lo más que pueda y quedar como la primera. Pero esta vez estoy mirando mi cuaderno después de clases, en el se refleja un gigante ocho justo en la página donde he escrito una reseña de un libro contemporáneo. No es una mala nota, pero tampoco es mi favorita. Cuando se trata de esta materia siempre quiero ser la mejor. Tengo un sueño gigante que no va a ser fácil cumplirlo, pero sé que sí se puede y eso depende esta materia. —Lía Cooper. Levanto mi vista para encontrarme en la puerta del salón a uno de los chicos que hace que crezcan nudos en mi estómago. —Patrick O'Brian-Coox. Cuando hablamos de este chico todos se pueden imaginar al típico jugador de fútbol, el sueño de cualquier mujer, ojos azules y sonrisa encantadora. Patrick fue tallado a mano por los mismos dioses del Olimpo. Pero, él es el mejor amigo de mi hermano y sé perfectamente lo arrogante y odioso que puede llegar a  ser. Hace un tiempo me gustó mucho, pero luego me di cuenta que solo perdía el tiempo. —Buenas tardes.—sonríe. —¿Qué quieres, O'Brien?—cierro el cuaderno para meterlo en la mochila. —Un favor tuyo.—entra al salón vacío para acercarse a mi mesa. Tiene el uniforme de la escuela que consiste en una camisa blanca con un blazer, corbata y pantalones azúl arreglado e impecable. Exactamente igual que yo, la diferencia que llevo falda en vez de pantalones. —¿Crees que tengo tiempo para estar haciendo favores?—termino de meter todo y dejo solo un libro para mi casillero. —Solo quiero que me ayudes un poco a estudiar y subir mis notas.—suelta de repente. Lo miro incrédula mientras me levanto. —Ni un milagro te ayudará. —Vamos, Lía, tampoco soy tan malo, sólo necesito aumentarlas un poco más para seguir en el equipo. Además las necesito para la universidad. —Pídele a Nina que te ayude —tomo el bolso—Ella es la primera de nuestra generación. —¿Y crees que Nina Yang va a querer ayudarme? —suelta una carcajada —A esa chica la he molestado mucho. Y tú eres la segunda, eres mi única opción. Intento caminar hasta la puerta pero el pelinegro me lo impide. —¿Qué te hace pensar que yo sí te voy ayudar? Me cruzo de brazos con el libro en una mano. —¿Por mi amistad con tu hermano?—me da una sonrisa inocente. Me quedo observando su lindo rostro, pongo mis ojos en blancos. No estoy para estar haciendo favores y menos de este tipo. —No—digo rotundamente —No quería hacer esto.—suspira mientras mete una mano en el bolsillo delantero del pantalón—Pero no me dejas de otra, Cooper. —¿De que hablas? —¿Recuerdas la fiesta que hice en mi casa hace como un mes para navidad?—Empieza a buscar algo en su celular. Yo no contesto, estaba tan borracha que no recuerdo mucho.—En mi casa hay cámaras de seguridad en todas partes, hasta en los baños. Coloca la pantalla del teléfono frente a mí y apenas veo el vídeo los recuerdos de esa noche llegan a mi memoria. Dylan Hudson, compañero de equipo de Liam y Patrick, un moreno bastante guapo y novio de una chica un año menor a nosotros. El vídeo muestra desde una parte alta como él y yo tenemos sexo en el baño de la casa de Patrick. Mis manos empiezan a temblar de la rabia y mis orejas se tornan calientes. Este pedazo de imbécil. —No te atreverías —le hablo bajo. —Yo sé que tú no quieres que toda la escuela se entere de esto.—me habla en el mismo tono. —Eres un idiota.—la rabia que siento es demasiado para mi cuerpo. —O que esto lo vea Liam.—sonríe. Dentro de mí crece odio por sus ojos azules. —Déjame en paz—lo miro.—Para nadie es un secreto que yo soy promiscua. Trato de alejarme. —Pero para la universidad de Harvard sí, y yo creo que ellos tienen internet. ¿Sabes lo mucho que le puede afectar a una persona que un vídeo íntimo se filtre? Sonríe triunfante porque sabe que ha dado en el punto. Respiro profundo para evitar asesinarlo, intento drenar un poco mi rabia pero se me esta haciendo difícil. Los latidos de mi corazón los escucho en los oídos lo que hace que no me concentre en más nada que mi molestia. No conozco a Patrick como un chico malicioso, pero sé que él es capaz de subir ese vídeo a internet. Sé que se encargaría en persona que llegara a todos los rincones del país si es lo que quiere, teniendo en cuenta que su padre es famoso y eso hace que él tenga miles de seguidores en r************* , no se le hará difícil volver eso viral. Y yo no puedo permitir que mi vida privada intervenga en lo que quiero ser. Tiene razón, en un futuro, por querer ser una figura pública esto podría trancar la carrera que deseo. —Después de clases no puedo porque entreno.— le hablo con rabia. —Yo también entreno a esas horas.—Su sonrisa es amplia. Lo que hace querer darle un puñetazo.— Después de las seis de la tarde en mi casa. Se voltea para salir del salón. —Vives a las afueras de la ciudad, Patrick. Eso es muy tarde.—le reclamo. —Tú tienes auto—se encoge de hombros para desaparecer de mi vista. —¡Idiota! Tiro el libro que tengo en la mano, el cual da en la pared y cae al piso. Respiro profundo porque molestarme de esta forma ya no sirve de nada. Tomo el libro del piso de mala gana para salir, guardarlo en mi casillero y caminar hasta el comedor. Para cuando llego al lugar de almuerzo mi rabia no es tan intensa, pero sigue presente. —Hola, Cooper—me habla una de las chicas del equipo cuando paso por su mesa. —Hola, chicas. —sonrío, pero mi intención no es quedarme. Aunque muchas veces almuerzo con ellas, ninguna es tan cercana como para desahogarme con respecto a lo que acaba de pasar. —¿No comerás hoy con nosotros?—me pregunta Maya. Una rubia bastante agradable y es con quien me llevo mejor. —Será para después—contesto. —¿Cuándo dejarás de juntarte con ella?— Anaí es una  pelinegra que si no es porque a la entrenadora le gusta sus pasos ya estaría fuera del equipo hace mucho.—Es rara —me habla refiriéndose a Nina.—Nosotras tenemos una reputación que cuidar. —Yo estoy en el equipo por dos razones. —me acerco un poco a la mesa.—: Porqué me encanta animar. Y como muchas de las aquí presentes, por un pase a la universidad, no para complacerlas a ustedes.—miro a Anaí a los ojos —Yo ya tengo una reputación fuerte, cariño, quien tiene que cuidarla eres tú. Con esto último les doy la espalda y sólo alcanzo a escuchar un «Bruja» por parte de Anaí. Me siento frente a Nina y Mike de mala gana sin darles tiempo para nada y empezar a comer. —Creo que esta de muy mal humor —le susurra Mike a la chica. —¿En que fecha estamos? —pregunta ella. —Veintiuno de febrero,  creo.—los ojos de mis amigos están clavados en mí. —Oh, tiene su período.—susurra la chica llevándose una cucharada de arroz. —Estoy frente a ustedes y los escucho hablar—los miro a ambos.—Y no es por mi período. Pongo los ojos en blanco mientras bebo del vaso de jugo. —¿Sucede algo malo?—pregunta Mike. —¿Recuerdan la fiesta de navidad que fue en casa de Patrick? —miro a mi amigo. Él fue conmigo ya que Nina no es de salir mucho. —Claro que recuerdo, fue épica. —hace un gesto con su mano. —¿Recuerdas que tuve sexo con Dylan Hudson?—les hablo en susurros. —¿Tuviste sexo con Hudson?—pregunta Nina sorprendida casi ahogándose con su arroz. —Sí, ¿No te dije?—arrugo las cejas. —No—se limita a contesta. Pero parece que la información le afecta de alguna forma. —¿Pasa algo?—pregunto. —No—me mira—sigue contando ¿Qué ha pasado? —Resulta que la casa de Patrick tiene cámaras... En todas partes —la rabia vuelve tan rápido como recuerdo la estúpida sonrisa del chico cuando accedí a su chantaje. —Oh por Dios.—Mike lleva la mano a su boca ocultando una sonrisa. —Patrick tiene un vídeo mío y de Dylan teniendo sexo—en el rostro de Nina se refleja una clara sorpresa.—Y me esta obligando ayudarlo a subir sus notas para permanecer en el equipo. Me recuesto en el espaldar de la silla mirando el techo con frustración. —Eso es chantaje ¿Por qué no le dices a tus padres? Tiene un peso legal—comenta Nina. —¿Estás loca? Mis padres nunca deben enterarse de como soy yo, no los quiero decepcionar o que piensen que soy un caso perdido. Suspiro y cierro los ojos. »—Pareciera que el único propósito de ese chico en la vida es fastidiarme—abro mis ojos justo cuando suena el timbre para el próximo período. —Y creo que lo va a seguir haciendo, porque si no me equívoco te toca química. —Mike sonríe amplío. Esta clase para mí es un infierno y no hablo solo el hecho que casi no la entiendo, es una de las clases que comparto con Anaí, Patrick y varios del equipo de fútbol. Y aunque técnicamente lo que yo hago es animarlos, no son mis personas favoritas en el mundo. Me siento en un mesón de tres cerca de la ventana donde se ve panorámicamente el campo de fútbol cubierto de nieve. Aunque me gustaría vivir en Boston , me encanta Nueva York. Nosotros nos mudamos aquí hace casi doce años, y esta ciudad nos recibió bastante bien, pero, siempre me ha gustado explorar y experimentar ser un poco mas independiente, por eso me gustaría irme a otra ciudad. —Deja de soñar despierta—mi hermano se sienta a mi lado dándome un beso en la cabeza. —Por algo tengo cincuenta y cinco millones de lecturas en las plataformas de internet. —le sonrío mientras él se sienta. —Algún día tú vas a ser una escritora famosa —me sonríe con la barbilla en las palmas de la mano —Pero, yo estoy orgulloso de tí desde ya. Su comentario me saca una sonrisa de emoción. Amo tanto a mi hermano y padres, que de verdad no sé como agradecer al cielo por tan perfecta familia. —Liam, hermano—Patrick interrumpe nuestra conversación. —¿Esta ocupado? —se refiere a la tercera silla en el mesón. —No, ven, siéntate.—mi hermano lo recibe con entusiasmo. —¿Por qué él? —mi desagrado por el chico no es secreto para nadie. —¿Cuándo vas a superar tus diferencias con O'Brien, Cooper? —Pregunta Charlie Clarkson desde el mesón de atrás. Él es un alto y doble chico de cabello y ojos castaños perteneciente a los tres mosqueteros, es amigo desde hace muchos años de Patrick y Liam. ¿Adivinen? Sí, también está en el equipo. ¿Qué si los tres chicos juntos dan orgasmos visuales? También están en lo cierto. —Cuando deje de ser un idiota.—contesto obvia mirando a su dirección. —Tú me has dicho que me ayudarías con mis materias —me mira Patrick—Empecemos con esta. —¡Ja! Págame mis cien dólares, Cooper —exclama Brat Davis quien está a un costado de Charlie. —¿Qué?—miro a mi hermano. — Patrick le comentó a Liam que te pediría ayuda, Liam estuvo seguro que tú no aceptarías—se explica Brat—así que apostamos y yo gané. Okey, acepto que ellos no son mis favoritos en el mundo entero, pero a veces salen con unas ocurrencias que es casi imposible no reír. Aunque si le digo a mi hermano la razón por la cual accedí, se armaría la de Troya.  
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