David dejó el teléfono a un lado de su escritorio, mordió su labio con un poco de ira mientras cerraba sus ojos dejando caer su cabeza sobre la superficie golpeando de ese modo su frente. Dejó salir un profundo suspiro que vino acompañado de un nudo en su garganta. Apretó sus puños y golpeó la mesa en un gesto frustrado. Al final no había ido a la maldita boda. Aquel día había salido del apartamento donde lo había llevado Adrián y tomó un taxi en dirección a la iglesia, pero su determinación se había quedado allí junto a él. Por algún motivo cada vez que estaba más cerca a la iglesia sentía que el palpitar de su corazón asustaba. No quería casarse. Se había detenido y se bajó con su corazón desorientado y con un vacío que hacía años no experimentaba. No supo cuánto tiempo vagó por las ca

