— Hola, David— El pelinegro se acercó nervioso rascando su nunca, sintió el ambiente tenso y la mirada de odio que le dirigió el pequeño. —Señor Velasco— Gritó Julián abrazándole— Que alegría verlo. David no dijo nada, solo se limitó a mirarlo deseando que desapareciera. Adrián pensó en ese momento si se había equivocado, no quería que David pensara que sus encuentros "casuales" eran más que planeados. Acarició con ternura al niño que se sujetaba a sus piernas. — ¿Van de camino a casa? — ¿No es obvio?— Dijo el castaño con brusquedad. El pelinegro se limitó de dedicarle una sonrisa, ver a David enojado era demasiado tierno, aquello le provocaba ganar de besarlo, pero esos pensamientos salieron volando al ver el ceño fruncido de éste. Los gestos de Julián le hicieron sentir ternura, esp

