Capítulo 3

2151 Palabras
Trate de quitarme el recuerdo de mi pesadilla de la cabeza todo el camino hacia la escuela. Suspiré resignada. Debería relajarme, el dolor de cabeza comenzaba a asomar su fea sensación en mi nuca, volví a suspirar y fije mi mirada en el camino. Me estaré volviendo loca. Respiré hondo, esto es algo malo, moví mi cabeza quería quitar esos pensamientos de mi cabeza, no quiero pensar en nada de esto... –Sam–Volví de mi burbuja y miré a James que manejaba a mi lado, le sonreí con algo de vergüenza y me encogí de hombros sin saber de qué me estaba hablando– ¿Qué te pasa?, desde que salimos de casa esta rara, algo ida y para el colmo estas muy pálida, ¿Te sientes bien? –Sí, estoy bien–Le dediqué otra sonrisa fingida, tratando de convencerlo a él y a mí misma de que estaba bien. – Ya hemos llegado–dijo, volví a dirigir mi mirada fuera del auto. – ¿En serio esta es la escuela? – pregunte asombrada, James sonrió divertido y estaciono el auto. Mientras me desmontaba volví a hablar. – Esto parece una sede de una universidad. –Por dentro no están impresionante – caminamos uno al lado del otro hasta las enormes puertas del edificio. –Bueno, en mi antigua escuela solo teníamos drogas y policías. – le conteste, pero no llegue a escuchar su respuesta, toda mi atención estaba en el interior de la escuela y las personas que caminaban y se saludaban en el pasillo. El ruido de las conversaciones me dejo sorda por unos minutos hasta que me acostumbré a él. –Te acompaño a registro. – Seguí a James por el pasillo, en el camino muchas personas saludaban a mi primo y este les devolvía el saludo, a mí solo me miraban fijamente. Vi chicas que parecían modelos, otras andaban con ropas de marcas. Los chicos iban más casuales, con chaquetas de equipo de futbol y básquet. – hoy tengo mi primer entramiento, puedes venir a la cancha y esperarme, sino puedo llamar a mamá para que te venga a buscar. –Está bien, yo te esperare. – le respondí, cuando llegamos se despidió y me dejo allí sola. La secretaria me paso un montón de papeles entre los que pude destacar mi horario de clases, un listado de clases extracurriculares tenía que elegir al menos dos según la mujer que me atendió, también había el himno del colegio, folletos sobre normas de la institución y muchas otras cosas, al salir de la oficina choqué con alguien que cayó al suelo. ¡Ay no! –Lo siento– me disculpe dándole una sonrisa amigable. Me agaché para ayudar a la chica. –No importa– Me respondió – me pasa muy seguido. – quiso bromear, en vez de una sonrisa, me salió una mueca. –Soy Sam–me presente extendiéndole mi mano, ella la tomo sin pensarlo.   –Hanna… yo soy Hanna– dijo sonriendo, sus mejillas estaban punto de explotar de tan rojas. Me quede observándola por unos segundos, baja pero no tanto, pelo corto hasta sus hombros, n***o con las puntas de color morado, tenía unas cuantas pecas en su rostro y aún que yo fuera mujer, no podía negar que tenía buen cuerpo, mejor que el mío tengo que admitir. Volví a sonreírle. –Me gusta tu cabello– le alague, ella asintió sonriendo. – A mí el tuyo, ¿Es natural? – su voz era calmada y suave, como una locutora. –No, ya quisiera yo que fuera así de rojo–me lleve una mano a mi cabello y lo despeine un poco. – ¿Eres nueva? –Sí, ¿se me nota? –Es que aquí todos nos conocemos. – ¿Me indicas donde es mi clase? – le suplique, ella asintió sonriendo y yo daba saltitos mentales de encontrar alguien que me ayudara. Hanna me fue explicando cosas de la escuela, al parecer era super distinguida, ya que todos los alumnos eran hijos de famosos, empresarios y así. Yo bufe, odiaba mucho a esos niños ricos, Alexz y yo siempre los criticábamos cuando nos encontrábamos algunos en el Mall. ¡Oh, Alexz! Mi corazón dio un vuelco y sentí como si me hubieran arrancado un pedazo de él. ¡Mami! Sentí el ardor de las lágrimas picándome en los ojos, pestañé rápido varias veces, sería el colmo de ponerme a llorar en medio del pasillo. –Las clases extracurriculares son muy importantes aquí, –seguía diciendo ella, mientras hablaba sus mejillas pasaban de rosa a rojo y viceversa. –Tienes que elegir dos, es importante tener buena hoja de vida para las universidades, aquí todos queremos ir a excelentes univ… –Universidad– se me escapo la palabra, yo nunca había pensarlo en la universidad, mi mamá y yo teníamos planes de irnos de viaje cuando terminara la escuela, estábamos ahorrando para irnos a Europa, tal vez quedarnos allá a vivir y así yo… así yo podría ir a una escuela de música. Mi estoma se encogió solo de pensarlo. –Sí, yo quiero ir a Hale, aunque pienso que Drown es mejor para mí. ¿Tú a cuál quieres ir? – A ninguna– respondí de inmediato. – ¡Ah! – dijo casi en susurro. –Mi mamá y yo teníamos otros planes. – fue todo lo que dije al respecto porque no consideraba que fuese el mejor momento para hablar de todo aquello y de todos los sentimientos que en mí eso podía despertar. Al contrario, mire mi horario y me fije en que clase me tocaba. – ¿Dónde es la clase de historia de 4to año? – Le pregunte de inmediato para cambiar de tema. –Es la clase que me toca a mí, déjame ver tu horario. – le pase el papel y ella lo tomo en sus pequeñas manos, lo miró fijamente mientras caminamos, esquivo fácilmente a todos para no chocar con nadie. Vaya habilidad, ya quisiera yo tenerla. – veo que tenemos muchas clases juntas, será genial. Yo no tengo muchos amigos– continuo tímidamente. – muchos dicen que soy rara. –Es bueno saberlo– le dije mientras le pasaba mi brazo izquierdo por sus hombros. – de mí dicen lo mismo, así que vamos a hacer raras juntas. ….. Para mi suerte el día se estaba pasando muy rápido, mis maestros eran buenos al parecer, Hanna realmente estaba en casi todas mis clases, ella es el cerebrito, los maestros la adoran y los estudiantes la odian. James no estaba en ninguna de mis clases porque hasta ahora me doy cuenta de que es un año mayor que yo. –Hanna, vamos, muero de hambre– Tome a la chica por el brazo derecho y la arrastro a la cafetería. –Ya voy, ya voy, déjame guardar mis libros en mi casillero–dijo. –Está bien–Respondí, caminamos hasta los casilleros tranquilamente, en todo el día no había vuelto a ver a James, pero por lo que me he enterado Drake y él son los dos más populares de la escuela, todas las chicas se mueren por ellos. Rodé los ojos de solo pensarlo. Las muy zorras.... Según Hanna James es muy amable, han estado juntos desde los 10 años en la escuela, se llevan bien por así decirlo, él y su novia llevan solo 3 meses, esa noticia no me agrado mucho pero ya me las arreglaría para que él la deje. Hanna término de guardar sus cosas y caminamos a la cafetería. ENORME. Para una cafetería de colegió, los estudiantes se mataban por comprar sus almuerzos, había una fila larguísima y todos gritaban como perros y gatos por la comida. –Jamás vamos a comprar aquí–dije viendo la gran fila con horror. –Oh, confía en mí–dijo Hanna con su dulce voz, tomo mi mano y caminamos hasta detrás del mostrador dónde estaban los alimentos. –Hola, Annie– saludo Hanna a la señora del almuerzo. –Hannita pequeña ¿cómo estás? –saludo la señora a Hanna. – Bien y ¿tu? –Bien, ¿Quieres lo de siempre? –Hanna asintió. – ¿Tú qué quieres Sam? –me preguntó Hanna. – Una hamburguesa y una soda–dije sonriéndole a la señora. –En un momento. – En unos 5 minutos ambas teníamos nuestros almuerzos y estábamos sentadas en unas de las mesas de la cafetería. –Hanna eres la mejor–dije para luego darle una mordida a mi hamburguesa. –De nada– Respondió Hanna comiendo su manzana. –Sam, aquí estas– levante la cabeza para encontrarme a James junto a Drake y a Ximena. Los salude con la mano hasta terminar de tragar mi comida.   –Sí, aquí estoy– respondí sin importancia. – ¿Cómo compraste tu almuerzo? Nosotros llevamos muchísimo rato queriendo comprar – Me preguntó James. – Hanna me lo compro–le respondí. –¡Oh! Hola, Hanna. – la saludo, ella se sonrojo y dejo de comer muy rápidamente. –Hola. – Le respondió casi en un susurro la pelinegra. Los recién llegados tomaron asiento en nuestra mesa. Mi mirada y la de Drake chocaron por unos segundos que para mí entender fueron horas, sus ojos cafés me miraban fijos, no podía descifrar lo que emitían. Eran fríos como el hielo. Cafés contra Cafés. –¿Me das de tu hamburguesa? – hablo por primera vez el aludido. Se la extendí, mirándolo fijamente. Sentí como todo mi cuerpo entro en calor con el roce de nuestras manos. Espero que él haya sentido lo mismo, porque la forma con la que se lamio el labio me descoloco de una manera que jamás había sentido antes, libero su labio despacio para llevarse la comida a la boca. Cafés contra cafés. Me daba vergüenza que alguien de la mesa se diera cuenta de nuestro coqueteo. Así que disimuladamente me tape media cara con mi soda y mire a mi alrededor, me alegro de que nadie se molestaba en mirarnos. Hanna comida tranquilamente su manzana verde con crema de cacahuates y James y Ximena se secreteaban cosas. Terminamos de comer tranquilamente, o bueno, Drake se terminó comiendo mi hamburguesa, quería ahorcarlo, cuando sonó el timbre todos nos pusimos de pie, mi nueva amiga y yo fuimos hasta el zafacón y tiramos la basura, cuando me di la vuelta vi a los demás marcharse. Un sentimiento de soledad se adueñó de mi pecho. Odia todos estos sentimientos que me albergaban últimamente. Era como si otra persona se adueñara de mi cuerpo y mente. Al final del día los maestros me habían dicho que tenía que ponerme al día, ya que tenía dos meses de atraso, la muy adorada Hanna se ofreció ayudarme con todos mis deberes así que la invite a casa para comenzar desde ya con ellos. Cuando sonó el último timbre grite de felicidad, moría por llegar a casa y descansar, me dispuse a encontrar a James e informarle que me iría con Hanna. Lo encontré en el pasillo, iba con un grupo de chicos. Me fijé que Drake no iba con ellos y sentí desilusión por no volver a verlo. Devuelta a encontrarme con Hanna una fuerte mano me agarro por el antebrazo derecho y fui introducida a un aula. Deje salir un grito que los labios de mi vecino ahogaron. Su beso no fue nada paciente ni tranquilo, como los del día en el Jacuzzi. Sus manos se deslizaron por mi espalda y se colocaron en mis caderas, yo lo agarre del cuello y lo pegue más a mí. Gemí cuando el bulto de su entrepierna me roso. –¿Ya te vas? – me susurro en el oído, dejo un camino de beso por mi cuello, iba apartando con delicadeza cada hebra de mi cabello. – Sí. Hanna me llevará a casa. – deje que me acariciara, porque era la cosa que más bien se sentía en el mundo.     –Podemos vernos luego. – y no lo dijo como una pregunta, se apartó de mí y por unos instantes me sentí pequeña e inofensiva frente a su mirada. No era que yo fuera pequeña, media un metro y mi delgadez me hacía lucir más alta. – Está bien. – le dije, recobrando mi serenidad – ahora tengo que irme. – no espere a escuchar su respuesta, porque si seguía mirando así, terminaríamos sobre el escritorio. Corrí hasta el parqueo donde Hanna me estaba esperando, no fue difícil encontrar su auto. Un Ford Focus n***o, relucía de limpio. La vi apoyada en el coche mientras leía un libro. – Ya podemos irnos. – le informé cuando estuve frente a ella. Cerro el libro y le quito el seguro eléctrico al carro. Ambas subimos en él.
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