Capítulo 4

891 Palabras
Al llegar a la casa, Hanna y yo nos pusimos a estudiar, para mi suerte, Hanna me ayudo en todas las materias en las que necesitaba ayuda, pasamos casi todo el día estudiando. –Ya, necesito comer– Hable cerrando el libro de historia. –Pero si todavía nos falta mucho por estudiar. –Oye, necesito comer y tú igual–dije, me levante de mi asiento y tome a Hanna por un brazo para que saliera conmigo de mi habitación. –Deberías dejar de hacer esto– se quejó la pelinegra. – ¿Qué cosa? –De siempre tomarme del brazo y llevarme arrastrando a todos lados y yo no tengo hambre–se quejó. –No has comido más que una manzana y un jugo y ya son más de las 5 y no hemos comido– Hanna trató de zafarse de mi agarre, pero no pudo, la lleve escaleras abajo hasta la cocina. –Siéntete que yo cocinare. – ¿Sabes cocinar? – preguntó Hanna mientras se sentaba en el taburete del desayunador. –Sí, no soy una niña rica como tú o los demás del colegió– le respondí, caminé hasta el refrigerador, encontré vegetales, carne y papas. Comencé a cocinar un salteado de carne con vegetales y papas fritas. Luego de 20 minutos ya estaba la comida, Hanna me ayudo a organizar la mesa, nos sentamos a comer en silenció, hasta que yo decidí acabar con el silenció. – Hanna. –Mmnn... – ¿Te gusta James? - Hanna comenzó a toser al escuchar mi pregunta, me reí por su torpeza. – ¿Estas bien? – le pregunté dándole palmadas es la espalda. Hanna asintió–voy por agua–me levante de mi asiento, camine hasta el refrigerador y busqué agua para la chica que casi se ahoga. – ¿De dónde sacas que me gusta James? – preguntó Hanna. –Bueno, solo lo presentí, por cómo te pusiste cuando apareció y como te sonrojas cuando hablas de él–respondí, me volví a sentar, sonríe al ver a Hanna sonrojarse – ves de lo que hablo–Balbuceé. Hanna bajo su cabeza.  – Sí, me gusta o más que eso, estoy enamorada que él– Susurro, encogiéndose de hombros. Su expresión se ablando al punto de querer llorar. – ¿Desde cuándo? – Volví a preguntar. – Realmente no sabría decirte, nos conocemos desde niños, puede que siempre me haya gustado.     – ¿En serio? – Hanna asintió, me dio un poco de pena ajena, era mucho tiempo para estar enamorada de alguien, no puedo saber que se siente eso, pero si me puedo imaginar. –Yo te ayudare a enamorarlo–dije con mucha emoción, Hanna me miro totalmente sorprendida y atónica, en cambio, yo le sonreía con la sonrisa más grande que podía tener mientras asentía con la cabeza y le daba golpecitos en la espalda. –Estás loca. Yo solo le seguía sonriendo, mostrando toda mi dentadura. Cuando me disponía a hablar se escuchó la puerta principal abrirse y voces lo acompañaban.   ….   – ¿Por qué Sam? – Por qué, ¿qué? Me miré en el espejo frente a mí, estaba sucia, ensangrentada, mi cabello estaba despeinado y mi rostro estaba golpeado. ¿Por qué yo estaba así? Quité mi vista del espejo y estaba bien, estaba limpia, era yo. Suspiré aliviada. –Mírame. - Volví a levantar mi vista y me mire en el espero, pero ahora no era yo, Alexz me miraba con ojos de enfadó, la miré detenidamente, ella estaba sucia, ensangrentada y con el pelo despeinado. Ella se veía como yo… ¿O yo me veía como ella? – Toca para mí, cómo lo hacías antes. - Busqué a mi alrededor con la mirada, encontré mi violín sobre mi cama, camine hasta ella y lo tome en mis manos y por unos instantes se me olvido tocar. No sabía cómo hacerlo, las notas no me salían, comencé a sollozar, pero los sollozos se volvieron lágrimas, lágrimas que aumentaban con el paso de los segundos, las lágrimas se volvieron lluvia y la lluvia se volvió aguacero. –No puedo–Susurré. - ¿Por qué no podía tocar? –Toca. –Alexz, no puedo–susurré tratando de parar las lágrimas. –Sí, sí puedes. –No, no puedo–hable recuperando mi voz. –Sí, si puedes. Miré el espejo, el reflejó de Alexz seguía en él, me miraba con odio. –NO, NO PUEDO– grité, arrojé el violín contra en espejo, vi como este se rompió en mil pedazos, pero el violín cayó en perfecto estado. Camine hasta los pedazos rotos del espero. –Sí, sí puedes– aunque no podía verla, su voz seguía en mi cabeza. –QUE NO PUEDO – grité, agarré el violín y lo estampé una y otra, y otra, y otra vez en el suelo, pero no le pasaba nada, seguía intacto. Cuando estuve agotada me dejé caer al suelo, cerré los ojos y un grito ahogado salió de mi garganta. Abrí mis ojos de golpe. Sólo fue un sueño, un mal sueño o una pesadilla... Mi respiración estaba alterada, sudaba, mi piel parecía de gallina. Traté de mantener mi respiración normal, pero se me hacía imposible. ¿Por qué estaba teniendo esta clase de sueños?
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