Capítulo 5

2048 Palabras
Mi respiración aún estaba acelerada al igual que mi corazón. Miré el reloj despertador, marcaba las 3:30 de la madrugada, los últimos cinco días se me habían pasado tan rápido, las pesadillas cada vez eran peores, en mis sueños nunca puedo tocar el violín, será tal vez que me quieran decir algo con mis sueños, respiré hondo, necesito hablarlo con alguien, necesito desahogarme con alguien, tal vez con Hanna... ¿Y si luego piensa que estoy loca? Mejor no. Fui al baño y me lave la cara, todo me daba vueltas, me mire en el espejo, esos ojos cafés oscuros me devolvían la mirada, había tanto sufrimiento en mis ojos, tanto dolor y confusión. Necesitaba a mi mamá, extrañaba nuestras conversaciones, salir a pasear en nuestro viejo auto sin rumbo alguno, solo conducir. Volví a mi cama, me arrope de pies a cabeza y llore, llore por el dolor que llevaba en mi pecho, por la perdida de mi madre, por mi mejor amiga, por lo sola que me sentía, porque mi vida estaba rota y no tenía ni la menor idea de como salir de esta sin la ayuda de mi madre. Pase la peor de las noches, las horas se me pasaron tan lentas, gracias a Dios y es sábado no tengo que hacer nada. Me levanté y busqué entre mis cosas, busqué mi violín en todas partes, pero no estaba, salí de mi habitación y me encontré a Laura en el pasillo. – Buenos Días–la salude con una sonrisa. –Buenos Días, Samantha párese que no has dormido muy bien–su voz sonó con tono preocupante. Me miro seria, me encogí de hombros algo apenada– ¿te sientes bien? –Sí, solo que no he podido dormir últimamente–le respondí– ¿Cuándo trajeron mis cosas no había un violín entre ellas? – volví hablar, ella sé quedo pensando por unos segundos. –Sí, creó que lo dejé sobre tu armario–me sonrió y yo le devolví la sonrisa. –Gracias–volví a entrar en mi habitación y miré el gran armario, yo no llego allí arriba, busqué una silla para poder alcanzar, allí estaba mi violín, lleno de telas de araña, me bajé de la silla y dejé el violín sobre mi cama. Tal vez tocar me ayudaría. Limpié mi instrumento, cuándo estuvo limpió comencé a tocar una pieza tan bella, que cualquiera lloraría con ella, fue la pieza que siempre quise tocar en público, la pieza que dure más de tres años en aprender a tocarla, pero ahora me la sabía de memoria. Amo esto. Seguí tocando la pieza una y otra vez, amaba tocar, mi madre y Alexz me hacían tocar para ellas por horas, eran mis fans. Camine hasta la ventana y mientras tocaba me quede viendo el paisaje, en el poco tiempo que tengo en esta casa jamás me había dado cuenta del gran patio trasero que tiene. Cuando terminé de tocar, escuché aplausos, así que giré rápidamente. Allí estaban todos, Laura, James, Drake y Hanna. Mi mirada y la de él se encontraron por unos segundos, me encogí de hombros, y sé que estaba roja como un tómate. Cafés contra Cafés. –¡Wao! Sam tocas genial– James fue el primero en hablar, camino hasta mí y me abrazo – eres estupenda. – Le sonreí encogiéndome de hombros. –Gracias–Respondí. –Samantha tienes que inscribirte en la escuela de música de la ciudad – hablo Hanna mientras caminaba hacia mí, pero yo sólo podía ver aquellos ojos llenos de un no sé qué, que me volvían loca, loca porque sus manos estén sobre mí otra vez, que sus labios besen cada centímetro de mi cuerpo. Joder estaba delirando. – ¿Tú crees? – le pregunté a mi amiga la cual se encogió de hombros y asintió con movimientos de cabeza, le sonreí y volví a poner mis ojos sobre sus ojos llenos de secretos para mí, secretos que quiero conocer. Me miraba con ojos de perro enfurecido, pero al mismo tiempo sus ojos irradiaban ternura. …… –Vamos, Hanna este de seguro te queda espectacular – le mostré otro de mis bikinis a la chica, la cual ya se había medido tres y según ella ninguno le quedaba bien. – ¿Tú crees? creó que sé me ve mucho los senos – dijo mirándose en el espejo, respiré hondo. –Pero si tienes un cuerpazo mujer, ya te lo he dicho un millón de veces, cuando James te vea con ese bikini sé morirá–sonreí, de verdad que Hanna tenía una mala imagen de ella. –Ya quisiera yo tener su cuerpo. –Está bien, me quedaré con este. – Respondió al fin. Habíamos decidido pasarnos la tarde en la piscina, mi ánimo había cambiado radical después de haber tocado el violín. Me puse uno de mis tantos bikinis nuevos que tenía, no sé de dónde salieron tantos, pero me imagino que Laura los compro para mí. Mi bikini consistía en unas bragas diminutas y un sostén que encajaba perfecto en mis pequeños senos de color crema, el de mi amiga era igual que el mío, pero rosa pálido que combinaba perfectamente con su piel. Salimos de mi habitación en pleno silenció, Hanna estaba sonrojada y vergonzosa por llevar bikini, cuando estuvimos en el patio caminamos hasta la piscina, sabíamos que los chicos estaban en la habitación de James, Laura había ido a su restaurante por lo que sólo estábamos los cuatro en la casa. Cuando estábamos en la orilla de la piscina tire de Hanna y las dos caímos al agua, tiro un grito cuando ambas caímos en el fondo. –Estas loca–dijo cuando salimos a la superficie. –Si –le respondí, comencé a nadar lejos de ella, pero fue más rápida que yo y me alcanzó. Comenzamos a jugar en el agua haciendo un ruido sobre humano para que los chicos nos escucharan, pero al no tener resultados decidimos salir del agua y ponernos a tomar el sol hablando de cosas estúpidas. –Hanna, ya vuelvo–me levante de la silla de playa, mi amiga asintió y sé acomodo en su silla, camine hasta la casa y me introduje en ella, subí las escaleras y entre a mi habitación, busqué entre mis cosas una pequeña radio que tengo desde hace unos años. Me asomé por la ventana para ver en que estaba mi amiga y me sorprendí al verla con James hablando. Sonreí para mí, al parecer sé me estaba dando el plan de juntarlos.   Puede ser que me quede aquí otro rato. Entre al baño y busqué un protector solar, cuando salí de allí Drake estaba parado en la puerta de mi habitación. Nuestras miradas se encontraron. Cafés contra cafés. Nos miramos por unos segundos hasta que él decidió cortar distancia entre los dos, cerró la puerta con su pie derecho. –Ese bikini– dijo mientras caminaba y movía su cabeza a ambos lados, traje fuerte, mi corazón comenzó a latir a mil, mi respiración era superficial y mis nervios estaban por ponerme en evidencia delante de él. No podía decir o hacer algo, nuestras miradas jamás se dejaron, me mordí el labio inconsciente, no sabía qué hacer, la naturaleza y todo lo sobre natural estaba a su favor haciéndolo lucir tan sexy con una simple camiseta en cuello V blanca y una bermuda. ¿Por qué rayos es tan guapo? Cuando llego a mí levanto su mano derecha y la llevo a mi mejilla acariciándola lentamente, mi corazón se iba a salir, de repente hubo un silenció enloquecedor en la habitación, dónde mi respiración y los latidos de mi corazón eran lo único que se escuchaban, me maldije por eso, no quería que se diera cuenta del efecto que tenía sobre mi cuerpo. Su mano camino por mi cuerpo despacio, acariciándolo todo, lento y seductor, su mirada viajo por mi cuerpo, y yo solo podía quedarme allí parada como una idiota delante de él, con la piel de gallina por su perfecto toqué sobre mi piel, me acercó más a él, pasando su mano izquierda por mi cintura, atrayéndome más hasta su cuerpo, la tensión entre los dos se podía cortar con un cuchillo de mesa, las palabras en estos momentos sobraban, su mano derecha volvió a mi mejilla. Me beso sin verlo venir, un beso lleno de deseo apretó mi cintura ahora con ambas manos, sus largos y suaves dedos estaban calientes sobre mi piel fría. Me levanto e instantáneamente le rodé por la cintura con mis piernas, camino hasta mi escritorio, tiro todo lo que había sobre el con su mano y me depósito sobre este, dejó mis labios para besar mi cuello, gemí cuando sentí sus dientes en mi piel, entrelacé mis dedos en su sedoso pelo, tirando del cada vez que sentía sus dientes en mi piel. Con agilidad quitó el sostén de mi bikini dejándome media desnuda, dejando mis senos a su merced, se apodero de ellos de inmediato, torturándome. Con su boca chupaba y mordisqueaba mi pezón derecho, con la yema de sus dedos torturaba el otro. Mis piernas temblaban a su alrededor, me costó sostenerme, todo mi cuerpo parecía de gelatina. – ¡Ahhh! –gemí bajo su tacto, su lengua jugueteaba con mi pezón, los músculos de mi vientre se contraían bajo su tortura de una forma tal que hasta dolía, no podía controlar las cosas que salían de mi boa en esos momentos. Volví a gemí una y otra vez, me estaba volviendo loca con su lengua, me pegué más a él, sintió su erección, tire de su cabello cuando mordió uno de mis pezones, gruño por mi ataque. Llevo su mano derecha a mis bragas, quitando los nudos que la sostenían. ¡Oh Santo! Con su otra mano me levanto y saco mis bragas ahora sí que estaba desnuda delante de él, teniendo todo el control sobre mí. –Ahhh–grité cuando sentí su dedo tocando mi zona intima, sentía dolor ligado con placer–detente–susurre contra la piel de su cuello. –Calla. – susurro sobre mi piel y sentí sus labios en mi cuello, besando, lamiendo y susurrando. Me volvía loca con su dedo experto dentro de mí, introduciendo un segundo dedo al pasar los minutos. Mordí leve su labio inferior a lo que él gruño. Dejó mis labios para apoderarse de mi cuello, eche mi cabeza hacía atrás para que tenga más aseso a mi cuello. Quitó el nudo que sostenían sus pantalones y tiro de ellos junto a sus boxes dejando su erección al airé. Casi me desmaño. Nuestras miradas se quedaron fijas, las palabras seguían sobraban, nuestras respiraciones alteradas eran nuestra lengua no verbal, sus ojos brillaban como el sol. Se alejo unos centímetros de mí y recogió su pantalón y del bolsillo saco un preservativo y con facilidad se lo coloco. –¡OH! –grité cuando sentí su m*****o dentro de mí, sentía mucho dolor. Sus embestidas eran lentas. – Sam, ¿qué haces? – La voz de Alexz llego a mi cabeza, pero no quería escucharla, no quería recordar los últimos días tan malos que he tenido a causa de las pesadillas–No lo hagas.  Ignore todo el revoloteo en mi cabeza. –Ahhh–Volví a gritar por las rápidas embestidas de Drake, el dolor fue pasando rápido y comencé a sentir placer, puro placer. ¡Oh! Mi cuerpo era todo sensaciones y emociones, mis piernas templaban como flan, mi vientre se contraía al sentir sus embestidas rápidas y fuertes. Cuando menos lo pensé me estaba dejando ir a su alrededor, apretando mis paredes vaginales a lo que él gruño, apretó mi cintura y se dejó ir. Pego su frente junto a la mía, sus magníficos ojos estaban cerrados, nuestra respiración alterada, los latidos del corazón estaban al borde de salirse de tan rápido que iban, no podía hablar, lo abrace y no sé por qué sentí una fuerte conexión con él. –¡Oh SANTO! –se escuchó y los dos instantáneamente giramos hacía la puerta dónde una Hanna roja como un tómate se encontraba – lo siento – dijo y cerró la puerta.
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