Estoy sentada en la cama de mi habitación, viendo como mi padre da vueltas nervioso. Y eso es raro, deberían verlo, es uno de esos hombres que con tan solo verlo te asustas, su sola presencia impone respeto, autoridad, hasta su forma de hablar es así. Pero ahora verlo jugar con sus dedos con nerviosismo me genera un poco de preocupación. — ¿Has hablado con mis hermanos y te han dicho que no quieren saber de mi? — pregunto para romper el hielo e intentando adivinar que es aquello que lo tiene tan consternado. — No hija, no es eso. De hecho si he hablado con ellos. Es cierto que al principio no lo han tomado demasiado bien, pero luego han entendido que tu no tienes la culpa de mis acciones. Quieren conocerte — Una luz de alegría se encendió dentro de mi e inevitablemente sonreí. — ¿Lo dic

