—Mel…Lina, intenté buscar ayuda legal, me asesoré con muchos abogados, pero todos llegaron a la misma conclusión.
—Pagar… o esperar.
Ella con un suspiro lleno de frustración y enojo, soltó la perilla de la puerta y se quedó pensando.
Ethan con una hermosa sonrisa, tomó sus manos y las besó. La miró con amor y sin ocultar su sonrisa, le habló nuevamente.
—No te preocupes, cuando esto termine…
Melina se soltó inmediatamente y se alejó de él.
—Entonces, ¿Debo soportar estar esperando aquí mientras te revuelcas con ella cada que se le dé la gana? o ¿Quieres que cada que regreses cuando se le dé la gana soltarte, deba recibirte con todo el amor y dulzura del mundo por tu “arduo” trabajo?
Ethan nuevamente sintió como si hubiera sido arrojado a un abismo frío y oscuro. Aún estaba procesando su shock, cuando Melina continuó hablando.
—No te equivoques, estoy furiosa por lo injusta, caprichosa y desgraciada que puede ser, pero hasta ahí, lo mismo haría por cualquier otra persona, tú mejor que nadie deberías saberlo.
Dejando esas palabras, Melina nuevamente se dirigió a su habitación. Él hizo todo lo posible por pensar en algo que pudiera servirle, pero al llegar a la puerta, como esperó, ella estaba nuevamente guardando sus cosas en la maleta.
—Mel, por favor…
Ella apretó las prendas en sus manos, y molesta lo interrumpió.
—Ya te dije que…
—Espera, lo sé, perdón.
Se estaba tan desesperado y ahogado y se sentía al borde del llanto, su garganta estaba tan atascada que sentía que su cabeza y pecho podrían explotar. Pero fervientemente se negó a quebrarse frente a ella.
La conocía, sabía lo fuerte y terca que podría ser, probablemente ya se habría metido entre sus sábanas a llorar y gritar toda su frustración y dolor, sería un insulto para ella tratar de persuadirla con lágrimas.
Apretó los puños con demasiada fuerza mientras trataba de controlarse, cuando el timbre del departamento sonó. Ninguno de los dos tenía el más mínimo interés por atender, no obstante, el ruido se volvió aún más insistente y molesto con forme tardaron en atender.
Ethan sin poder más y algo nervioso de que se tratara de Zulema o en su defecto Dandelion, se acercó molesto a la pantalla para decirle que se fuera, no obstante, se sorprendió al ver a Jin, secretario de Albert en el monitor.
—Que… ¿Qué es lo que quieres?
Preguntó temiendo que se tratara de alguna de las jugarretas de alguno de los dos.
—¿Se encuentra la señorita Ramirez? Me temo que vine a recordarle que tiene trabajo pendiente en la empresa, no ha respondido ni llamadas ni correos, por lo que tuve que venir hasta aquí, dándole una última oportunidad antes de hacer efectiva la legalidad de su contrato.
Melina que ya estaba bastante enojada con toda esa gente se enfureció aún más al escuchar lo que dijo.
—¡¿Acaso son idiotas o no entienden el idioma?! ¡Ya les dije que no quiero tener nada que ver con ustedes! ¡Y dile a ese maldito imbécil que jamás quiero volver a verlo!
Estaba por cortar la comunicación, cuando la voz “tranquila” de Jin se escuchó nuevamente.
—Me temo que debe leer el contrato nuevamente.
Melina nuevamente estaba por correrlo, cuando sin una sola palabra y como poseído, Ethan salió inmediatamente a abrir la puerta.
Jin como si estuviera esperándolo, tenía el contrato extendido para ellos.
Ethan lo arrebató inmediatamente y comenzó a leerlo, al inicio, Melina estaba molesta con él por entrometido, sin embargo, y recordando el inicio de todo el desastre, una premonición del demonio la invadió.
Para cuando la expresión de Ethan había cambiado cerca de diez veces, ella lo arrebató de igual manera que él.
mientras ella comenzaba a leer, Ethan agarró furioso las solapas de la ropa de Jin.
—¡¿Qué demonios quieren de nosotros malditos locos?!
Jin sin inmutarse, únicamente lo miró sin decir una sola palabra. Mientras Melina completamente consternada ignoraba todo a su alrededor, sentía la rabia, odio y frustración más grande del mundo arremolinarse en su interior como si fuera un huracán.
Apretó el papel en sus manos furiosa y comenzó a caminar hacia el elevador, sin embargo, Jin le cerró el paso inmediatamente.
—Señorita, me temo que no puedo dejarla ir en este momento, lo siento.
—¿Qué? ¿No se supone que viniste por mí? ¡Hazte a un lado!
Él sin la más mínima muestra de molestia o vergüenza, únicamente asintió dándolo por hecho.
—Es verdad, pero me temo que debido a que alguien se adelantó, podría ver algo incomodo, por lo que me atrevo a retenerla un momento.
Hasta ése momento, ella se percató que Ethan ya no estaba por ningún lado. Un sentimiento de urgencia la invadió en un santiamén y tragó.
—Dejame ir, no me importa.
Jin, sin importarle nada, no cedió sin importar qué.
—¡Te dije que me sueltes!
Melina ya sin contenerse tampoco, trató de empujarlo e incluso golpearlo, sin embargo, no solo no lo tocó, sino que sus empujes y agarres la mantuvieron bajo control muy serenamente.
Jin notó su nerviosismo y miedo, no obstante, no era de su incumbencia, solo estaba para cumplir órdenes, no era su problema.
—Llamaré a la policía.
Melina tomó su teléfono, sin embargo, en un segundo lo perdió de las manos y Jin, con una sonrisa, lo hizo pedazos.
—No confunda mi paciencia con amabilidad, únicamente estoy aquí debido al recado que debía transmitir, no obstante, ustedes pequeñas y molestas sabandijas, lo están haciendo cada vez más molesto y tedioso.
Si estoy mostrando toda esta paciencia, se debe a que el jefe tiene un poco de interés en ti, pero si sigues de esta manera, yo mismo buscaré la manera de deshacerme de ti de una forma fácil y rápida para que no sigas causando más problemas.
El hombre que se veía un poco más bajo que Albert, mantuvo su sonrisa y tono “amable” de principio a fin. No obstante, Melina sentía como se le helaba hasta la columna vertebral.
Sin poder hacer nada y bastante preocupada, no tuvo otra opción más que la de esperar. Después de lo que para ella fueron milenios, el teléfono de Jin sonó y él le abrió el paso para que pudiera irse.
Melina caminó rápidamente pero debido a que estuvo bastante tiempo de pie en medio del pasillo, le dolían un poco los pies. Se mordió los labios y trató de soportar la rigidez.
Al llegar al edificio, apretó los puños, y después de tratar de calmarse un poco se dirigió a la recepción.