TREINTA AÑOS ATRÁS —Lo siento, señora Lacroix, pero su hijo está de viaje en Canadá—decía su secretaría al teléfono cuando la mujer le había llamado buscando una explicación. Era navidad, faltaban algunas horas para que Giovanni, de cinco años, despertara en busca del regalo principal que era obligación del Silvain colocar debajo del enorme árbol. Él era quien recibía la carta principal, el regalo que Giovanni pedía desde que había comenzado a escribir, su escritura era legible, buena, a pesar de ser tan pequeño y ella misma había supervisado su escritura. —Dile que quiero hablar con él, no sé por qué motivo no responde el maldito teléfono, pero me urge hablar con él. No me importa si tienes que despertar a medio hotel, no me hagas ser yo quien tenga que comunicarme con él. ¿Está cla

