—Van a escucharnos. —Que nos escuchen. —Giovanni—murmuró Lorraine sintiendo como la tela de su vestido subía de forma peligrosa. Los ojos azules del francés le miraron con expectación notando el miedo, pero a la vez el deseo en los ojos de su esposa. Las puntas de sus dedos acariciaron su piel hasta que llegaron a su trasero el cual acercó de forma peligrosa a su entrepierna. —¿No quieres intentarlo? ¡Claro que quería! El rostro del francés se perdió en su cuello acariciando con su perfilada nariz su cuello y dejando que su respiración la pusiera en alerta. Acercó sus labios de forma peligrosa a su cuello y luego subió hasta su barbilla. ¡Dios! ¡Tenía que parar! —No, estoy enfadada contigo. —No he hecho nada malo, cariño. Estás siendo irracional, demasiado irracional. —¿Ahora me ll

