Lorraine acomodó su cabello y se miró al espejo para comprobar el estado de su cabello. Sus ojos verdes mantenían un brillo peculiar, tal vez por la fogosidad del encuentro o por la mirada que Giovanni le lanzaba desde la puerta del baño. —Creo que es momento de que salgas. —¿Y perderme la imagen? No gracias. —Tienes que ir y entretener a la abuela. Todos podrían estar pensando mal de nosotros ahora mismo. Una sonrisa apareció en los labios del francés. —Bueno, no importa que tanto vuelen sus pensamientos, no podrían ser más acertados—opinó haciendo que su esposa le dedicara una mirada de enfado. No tenía porqué ser tan descarado—. Tu cabello se ve perfecto y el maquillaje está tan bien como podría estar luego de todo esto. —Claro, como tu sin importar que pase sigues estando igual d

