No lograba dejar de llorar mientras Patricio me abrazaba y acariciaba mi cabello. Estábamos en mi cama, y aunque intentaba calmarme, las lágrimas seguían cayendo sin control. —Perdón, Pato, yo no quiero lastimarte, —susurré entre sollozos, sintiéndome culpable por involucrarlo en todo esto. Él me apretó más fuerte, con ternura y paciencia. —Amor, yo siempre te voy a cuidar, —me aseguró mientras limpiaba mis mejillas con sus pulgares y dejaba un beso suave en mi frente—. Seré lo que quieras: tu amigo, tu amante o tu esposo. Sus palabras me conmovieron profundamente. Lo sentía tan sincero, tan dispuesto a estar a mi lado a pesar de todo. Me aferré aún más a él, buscando consuelo en su presencia. Sentí cómo sus manos acariciaban mi cabello con delicadeza antes de deslizarse suavemente has

