Estaba en el jardín de la clínica esperando los resultados cuando Pato llegó. Me abrazó por detrás y dejó un suave beso en mis labios. —Amor, necesito que hablemos. Yo te amo y lo que más deseo es que seas muy feliz —dijo con sinceridad. —Gracias, Pato, pero yo debo decirte algo —respondí, sintiendo un nudo en el estómago. —Déjame hablar primero a mí. Regina, Dante no es tu hermano. —¿Qué? ¿Pero cómo puedes saberlo? —exclamé, sorprendida. —Escuché a mi madre decir que él es adoptado. Estaba hablando con su papá —continuó Pato, su mirada intensa. —¿De verdad? —pregunté, sintiendo una chispa de esperanza. —Regi, en dos semanas nos casaremos y yo no podía mentirte —dijo, apretando mi mano. Tomé su mano con fuerza, sintiendo una oleada de emociones. —Pato, tú no tienes idea de lo feli

