Estaba en la habitación de mi madre, el ambiente se sentía cargado de emociones. Ella no dejaba de abrazar a Dante, besando su mejilla con ternura. Ver esa conexión me llenaba de nostalgia, pero también de inquietud. Patricio había insistido en acompañarme, pero le pedí que confiara en mí; había cosas que necesitaba enfrentar sola. —Mamá, tú no tienes idea cuánto lo siento. Debí haber sabido que estabas sufriendo. — Se disculpa Dante. —No es tu culpa, mi niño pequeño. —respondió ella, sus ojos brillando con amor—. Me encanta verlos juntos a los dos. Ven, Regi. Me acerqué lentamente a ellos, sintiendo cómo la tensión se desvanecía un poco. —Abraza a tu hermana, Dante. Ustedes dos siempre han sido tan unidos. ¿Qué les pasa? —preguntó mamá, con una sonrisa que intentaba ocultar su preocup

