—Nunca lo haré —exclamó mi padre. —Debes hacerlo —insistió la mujer con la que discutía. —No, y es mi última palabra —mantuvo él. De repente llego un hombre aunque no logro ver su rostro desde mi posición. Solamente posee un traje oscuro muy elegante. —He venido por lo que es mío —Demando el sujeto. —Nunca lo tendrás. Dante es mi hijo, no tuyo. El hombre no respondió solamente le disparó acabando con su vida. Cuando desperté, mi respiración estaba acelerada, mi cuerpo temblaba incontrolablemente. Sentí las correas de las máquinas conectadas a mí, pitando a cada segundo. Mi madre estaba a mi lado, su cálida mano sosteniendo la mía con fuerza. —Mamá... —susurré, pero las palabras salían entrecortadas—. Fue él, fue él... —comencé a llorar, las lágrimas caían sin parar. —Tranquila, am

