—Empezamos mal nuestro noviazgo, Trey. Me duermo tres horas y ya revisas mi celular. Muy mal. —regañe.
—No éramos novios cuando lo hice. Así que no vale. —argumentó.
—Igual invadiste mi privacidad.
—Bien, lo siento —se disculpó—. No lo volveré a hacer.
—Claro que no volverás a hacerlo, si eres inteligente no volverás a tocar mi teléfono. —advertí ferozmente.
—¿En dónde estás? —volvió a preguntar, esta vez calmado.
—Estoy con tu hermana.
—Hoy tocaba cena —sonó triste—, ¿Lo olvidaste?
Creía que lo había olvidado.
—No lo olvidé, es más, sé del lugar perfecto para una cita. —hablé emocionada.
—¿Rojo, Azul o rosa? —preguntó la manicurista.
Se refería a los esmaltes. Apunté al rosa.
—¿Hay brillitos? —inquirí.
Asintió y yo ahogue un grito qué afirmo mi elección.
—¿Brillitos? —preguntó desorientado Trey.
—Una nueva discoteca de la ciudad. Allí será nuestra cita.
—Si así lo quieres, así será. Todavía no sé en dónde estás. —quiso saber.
—No te preocupes por eso.
—Eso sólo me preocupa más. Dame tú ubicación.
Que insistencia.
—Te la enviaré cuando sea necesario.
—Te quiero. —pronunció, y antes de responder colgó.
Su te quiero resonaba repetidas veces en mi cabeza.
Mi nana decía que esas dos palabras son la llave de la puerta de tú corazón. Decir un Te quiero es querer decir Déjame estar en tus latidos.
—Me quiere. —susurré anonadada.
De pronto sentí miedo.
Trey era el invasor de mentes más lindo que había conocido, sabía que si no lograba sacarlo de mis pensamientos; él correría hasta llegar a mi corazón.
Y pobre de mi corazón si pensaba que se quedaría ahí.
—Ahora tu cabello. —avisó Mati.
Luego de que la manicura estuviera lista. Me emocioné cuando vi mis uñas con muchos brillitos. Amo los brillos.
Me opuse rotundamente a teñirlo, se quedaría tal y como estaba, castaño. Me anime a un corte muy a la moda; como dijo Mati. Seguía largo, pero corté algunas puntas maltratadas. Aplicaron algunos reflejos en un tono más claro que el natural. Y me gustó. Mi cabello brillaba más de lo normal.
Tania fue a cancelar la factura. Cuando regresó lo primero que dijo fue:
—El vestido de Mia debe ser muy cortó. —dijo viendo el elevadísimo monto en la factura.
Ni con meses de trabajo o duplicando mi sueldo, lograría juntar esa suma de dinero.
—Cómo qué muy corto. —preguntó Ashley a Tania.
—Son la debilidad de mi hermano. Es como un fetiche suyo.
Ashley fue a ver la cifra en ese papelito. Su cara paso de incredulidad a perplejidad en instantes.
—Y uno muy ajustado. —dijo analizando los dígitos.
—Porqué yo y no Ashley. —me defendí.
No me gustaban los vestidos excesivamente cortos.
Ashley se asqueó con mi propuesta.
—Hagamos esto justo e igualitario. Todas llevaremos vestidos cortos ¿Vale? —negoció Tania.
Me pareció justo.
Todas asistimos estando de acuerdo con Tania y nos dirigimos hacia una tienda de ropa situada en el mismo centro comercial.
La tienda era muy grande y tenía mucha variedad en vestidos. Sin embargo, Tania tomó los más cortos y ajustados. La primera en probárselos sería Ashley.
El primer vestido le quedaba muy bien, si no fuera por el color poco favorecedor a su piel, le quedaría genial.
Él que le siguió era rojo y le quedaba de infarto. Ese era su vestido, resaltaba su cabellera rojiza ondulada. Además, de esterilizar su figura haciéndola ver unos centímetros más alta.
La siguiente en el probador fue la Pelinegra de Tania.
Se probó tantos vestidos que perdí la cuenta y la paciencia mientras elegía. Al final, se quedó con un vestido azulado, igual de corto y ajustado como el de Ashley. El color de su vestido era idéntico al iris de su sensual hermano.
—Pruébate éstos. —me tendió cinco vestidos Tania.
El primero era de estampado de leopardo.
Salí del probador con pose de diva.
Ambas negaron. No les gustaba el vestido. La verdad, a mí tampoco.
Y así fui de vestido en vestido hasta llegar al cuarto, era blanco. Tenía un buen modelo que favorecía mi morfología. No lucía alta, pero me gustaba como me veía. Excepto por su largo. Era exageradamente corto. Si mi padre me viera así, no dudaría en enviarme a un convento.
Salí acomodando y bajando el dobladillo como si son eso mágicamente fuera a alargar el vestido.
Ambas me miraron e intercambiaron miradas. Se decían cosas con sus ojos. Tal vez la telepatía si existe.
—Ese es. —dijeron emocionadas al unísono.
—Pero le falta algo. —criticó la quisquillosa de Tania.
—Sí, tela. —opiné.
—Lo tengo —corrió hasta el área de bisutería para traer un collar con ella—. Esto.
Miré la cadena colgando de sus dedos. Al usarla resaltó su dije, era unas alas de Ángel. Muy bonitas.
Estudié cada detalle de mi atuendo, me veía bien. Pero el frío en mis piernas descubiertas me incomodaba un poco.
—Listas y poderosas. —manifestó Tania, con una sonrisa orgullosa de los resultados.
En ese instante un mensaje hizo aparición en las notificaciones del celular. La cara de Tania palideció.
—Es Trey. —su voz palpitó.
—Llámalo —sugirió Ashley—, él tiene que venir a buscarnos. Además, hay que informarle sobre los últimos movimientos de su cuenta bancaria. —soltó con calma.
Yo al contrario de ella, sí tenía miedo de su reacción.
Tania presionó el botón para llamarlo.
—Trey, ven por nosotras… Sí, ella está bien… Te mandaré la ubicación… No tardes. —finaliza, y cuelga.
Nuestros cortos vestidos hicieron del camino más largo hacia el estacionamiento, esperamos junto al coche de la pelinegra.
Cuando el Lamborghini de Trey se estacionó en el puesto de al lado, mis nervios se activaron y se intensificaron cuando lo vieron bajar. Con un pantalón oscuro y un blazer azul marino junto a una camisa formal blanca, y unos zapatos elegantes negros.
Mi tic nervioso también dijo presente, causando que empezará a peinar desesperadamente mi cabello.
Mis ojos fueron en busca del océano en los suyos.
Ese océano que siempre lograba tranquilizarme.
Conectamos miradas, la suya bajo lentamente por mi cuerpo. No quería perder ningún detalle de mi apariencia. Justo cuando analizó mi vestido, tragó grueso.
Era cierto, tenía un fetiche con los vestidos cortos.
En sus esferas había una explosión de emociones indescifrables, el nuevo brillo en éstos me cegó. Me sentí rara, no sabría como describir lo que pasaba en mi interior. Lo único que sé es que él despertaba nuevas emociones en mí.
—Mia. —me nombró lentamente, deslumbrado.
—Trey, prométeme que no te enojaras —pidió su hermana, él no se inmuto, ni siquiera parpadeaba—. Usé tu tarjeta de crédito.
Trey quitó su atención de mí para centrarla en Tania.
—Tania, cuántas veces hemos hablado sobre eso. —la reprendió.
—Muchas, lo sé. Pero me debías la del grupo de apoyo.
Trey negó con la cabeza, rendido ante la venganza de su hermana.
—Valió la pena. —dijo volviéndome a recorrer con su vista.
Una sonrisa lobuna se formó en su rostro.
Miré a Tania. Su boca estaba abierta, aunque las moscas no estaban interesadas en entrar. El estado de shock de la pelinegra se debía al comportamiento de su hermano.
Ashley la codeo para que cambiará su reacción.
—Menos miradas y más acción. —interceptó la pelirroja montándose en el Mercedes de Tania.
Trey me oteo por última vez antes de abrir la puerta de su Lamborghini n***o. Estaba tan sonriente. No sé porque, pero yo también lo estaba. No podía dejar de sonreír.
Sentí su presencia dentro de su coche, los nervios cayeron sobre mi como lluvia. Él me ponía nerviosa.
Trey estaba recostado en el asiento de conductor, lo podía ver con perfección en el vidrio de mi ventana. Miraba hacía la nada, por reflejo giré para verlo mejor. Él hizo lo mismo. Odio admitirlo, me pierdo con facilidad en sus gemas azules. Trey fue el primero en romper el contacto visual.
Suspiró al limpiar sus amplias palmas con la tela de su pantalón. En él también había nervios.
Su camisa ajustada con algunos botones sin abrochar me estaba destruyendo mucho. Dirigí mi vista al frente para pensar sanamente.
—Sabes cómo se llama la discoteca.
—Dinamita. —enaltecí mi voz.
—Sé dónde es. —informó encendiendo su auto.
Asentí.
Mientras pasaba el camino ante nosotros, percibí unas cuantas miradas de Rey Ricura. Ei silencio acompañó nuestras respiraciones forzadas.
—Llegamos. —apagó, bajándose de su Lamborghini.
Yo hice lo mismo, ajustando por enésima vez el vestido. Lo primero que haría al llegar a mi departamento será quitármelo y quemarlo.
Nos adentramos a Dinamita, y todo era fascinante, las luces multicolor, la bola disco bailando con las personas al sum de la música electrónica muy movida, que al escuchar me puse a bailar.
Todo el lugar te invitaba a hacer lo que quieras. Aquí no había reglas ni limitaciones.
Distinguí a las chicas del resto, gracias al cabello rojizo de Ashley.
Fuimos directos a ellas, Trey me sostenía con cuidado.
Trey era muy sobreprotector.
—Porqué llegaron tan tarde. —alzó su voz para oírla en medio de los ruidos.
—Hubo mucho tránsito —respondió Starboy con igual tono—. ¿Y Tania?
—Está sentada esperando al amor de su vida. —contó Ashley, movía sus pobladas cejas con una sonrisa pícara.
Trey sólo analizaba el entorno, su atención fue centrada en unas de las mesas cerca del bar. En ella estaban Eddy y otros chicos que no conocía.
—Voy a ir a saludar. —me susurró al oído.
Su cálido aliento en mi cuello esparció un escalofrío que recorrió mi columna. Se separó un poco para poder mezclar nuestros suspiros. Era adicta a su cercanía.
Mientras alejaba su mano de mi cintura, deseé que no se fuera nunca.
Lo vi llegar a la mesa y comenzar a saludar con palmadas en la espalda.
—Aún no puedo creer que sean novios.
Qué solo finjo serlo. Frijoles.
—El amor es una magia, Ashley. —aparenté un suspiro.
—Ven. —jaló de mí hasta el bar, en donde vi a Tania con su semblante triste. ¿Qué le pasaría?
—No me digas que otra vez te dejo plantada. —le reprochó molesta Ashley.
—Hoy no pensaré en él. Voy a disfrutar al máximo la noche. —se convenció a sí misma.
—¡Así se habla! si te vuelve de fallar, se va a quedar sin conque tener hijos, de eso me encargo yo. —dijo la pelirroja alimentando su sed de venganza.
—Es lo justo. —le apoyé.
—Mia, tienes algo en el trasero. —me informó Ashley.
Me giré viendo disimuladamente para verificar y nada. No había nada.
—¿Qué es?
—La mirada de Trey. —su risa acompañó su comentario.
—Es que con ese vestido a mi hermano se le ven hasta los pensamientos.
Mis mejillas estaban rojas a más no poder.
El teléfono de Tania sonó y por su cara debía ser el amor de su vida. Salió corriendo hacia la entrada dejándome con la pelirroja amable.
—ME VOY A BAILAR. —voceo la pelirroja moviendo su cuerpo al compás de la música sumergiéndose entre la gente en la pista de baile.
Yo por otro lado no quería moverme mucho con la mini tela que apenas cubría mi cuerpo. Me senté en la barra visualizando el ambiente, la gente bailaba enérgicamente, la música era considerablemente buena y el lugar era amigable.
—Hola, muñeca. —susurró un chico a lado de mí silla.
Lo miré suspicaz y cansada.
—No fastidies.
—Por qué no mejor bailamos.
—Por qué no mejor te pierdes bailando. —espete con desprecio.
—¿Pasa algo? —oí su voz grave cargada de advertencias.
Oh, Trey.
Me sorprendió ver como el rostro del chico perdió tonalidades de color. El susto se concentró en su cara. ¿A qué le temía?
Sentí de nuevo la mano de Rey Ricura en mi espalda baja, en señal de posesión. Quería marcar su territorio como la bestia que es.
En los ojos acúleos del Tarado había furia y enojo. Él; de verdad; creía poder lanzar rayos láser por ellos. Ahora mismo su miraba quemaba al pobre chico.
—No, Trey. —tragó grueso, salió casi corriendo.
Los chicos le tenían miedo a Trey.