El trayecto del viaje fue silencioso y calmado, la tranquilidad flotaba en el ambiente.
Llegamos a un restaurante llamado "Rockabilly" me encontré con la figura de un Elvis en la entrada, sin resultar las motocicletas estacionadas justo en frente.
Al traspasar la puerta fue como volver décadas atrás.
El lugar era muy amplio, ideal para reencontrarse con amigos, la pared azul pastel combinaban de manera armoniosa con los pisos brillantes bicolor, una gran barra atendida por chicos con atuendos retro preparando malteadas o sodas y autos de los cincuenta adecuados a mesas para cuatro con asientos de cuero rojo auténticos.
Increíble.
Los motociclistas comían y bromeaban entre sí, las camareras con sus uniformes contemporáneos de esa época, recorrían las mesas sobre patines.
¡Ah! y al final del lugar, una pantalla antigua proyectaba películas de la época, todos parecían sacados de una de ellas.
La radio reproducía canciones de Elvis, sin parar. Todo gritaba Rock and roll.
Estar en Rockabilly era transportarse a los años 50.
—Esté lugar es fascinante. —dije maravillada.
—Lo sé, es como si estuviese congelado en el tiempo, específicamente...
—En los años 50. —interrumpí para culminar su oración.
Cómo no había descubierto esté lugar antes.
—Ven. —dijo tomándome de la mano para dirigirnos a una de las auto mesas.
Los autos eran antiguos y me impresionaba que a pesar de eso seguían como nuevos. Eran hermosos.
Al sentarnos, comprobé la comodidad en sus asientos rojos y blancos, en donde mis dedos exploraron el terso y liso cuero. Mi estómago dio un vuelco cuando el delicioso aroma a pastel de chocolate casero llego a mis pulmones.
Chispas, tenía demasiada hambre.
—¡Hey, Trey! —le saludó una de las camareras, la chica era de voz agradable, su aspecto era dulce y amable. el uniforme de colores rosa y blanco, resaltaba su cabellera rojiza ondulada y abundante. Nos miraba con una gran sonrisa.
—Ashley. —le correspondido el saludo sin mucha prisa e iba a seguir hablando, pero un fuerte ruido proveniente de mi barriga, me hicieron el centro de su atención. Trey me veía divertido y Ashley con ternura.
Enserio, Estómago. Tú también querías saludar a Ashley.
No, él quería pastel de chocolate.
—Discúlpenme, últimamente mi estómago tiene más hambre que un tiburón vegetariano. —dije para apaciguar el vergonzoso momento.
—No pasa nada, linda —me respondió la dulce pelirroja—. ¿Qué van a ordenar?
—Dos buenas hamburguesas, una soda y una malteada de cerezas, por favor.
—Y una rebanada de pastel de chocolate. —agregó mi estómago.
—Y una rebanada de pastel de chocolate —susurró Ashley anotando nuestro pedido en su pequeña libreta—, con permiso. —dijo con una sonrisa para luego perdiéndose de nuestra vista.
A pesar del ruidoso entorno lleno de risas, pocos gritos y voces lejanas y sonoras, mis oídos disfrutaban de la música del lugar.
Rock and Roll.
Involuntariamente mis labios comenzaron a moverse acorde a la canción Can’t Help Falling in Love de Elvis Presley, la había escuchado tantas veces cuando era niña que me sabía la letra de memoria.
—Some things are meant to be... Take my hand... Take my whole life too... —tarareaba viajando a mis recuerdos.
—Veo que te gusta la canción. —soltó Trey rompiendo mi contacto con el pasado.
—Es una hermosa canción, pero no mi favorita. —cesé mi canto.
—¿Cuál es?
—Pocketful of Rainbows. —dije con melancolía.
—Porqué.
—Mi padre solía cantármela como canción de cuna. Sabes no deberíamos preocuparnos por si el cielo se tiñe de gris porque tendremos los bolsillos llenos de arcoíris.
Sonreí ante el recuerdo de su voz.
—Como dice la canción. —descubrió Trey.
—Sí. —afirmé bajando la mirada hacia mis manos, tomándome con mi cartera rosa de terciopelo.
LA LISTA.
Empecé a buscarla para comenzar a interrogarlo. Aquí estás. Un suspiro de satisfacción se me escapó al encontrarla.
A ver, a ver, que pregunta responderá Trey.
Estudié minuciosamente cada pregunta y di con la indicada.
—Trey, ¿Crees en algo?
Mi pregunta lo tomo por sorpresa, sus cerúleos ojos se volvieron ausentes y oscuros mirando algún punto en la mesa.
—¿Para ti qué tan importante es creer? —respondió con otra incógnita.
Odiaba eso. Quería respuestas, no más preguntas.
—Mucho, para mi creer es poseer la certeza de que pase lo que pase, al final no nos hundiremos en un pozo sin fondo; sino que, seremos sostenidos y protegidos.
—No —su mirada perdida y vacía me ocasionó compasión, mi cara de intriga lo alentaron a continuar— ... No creo en nada. —culminó retomando su fría y gélida mirada.
Se le veía dolido, sea lo que sea pudo haber sucedido. Él no iba a ser el mismo.
—Aquí está su orden. —anunció alegremente Ashley, colocando nuestros platos en la mesa.
La presentación de la comida era sensiblemente deliciosa a la vista. Las hamburguesas eran gigantes y llenas de papás fritas doradas y crujientes. La soda pues, era una aburrida soda. Mi malteada de cereza, con solo verla se me hizo agua la boca y un gran espacio en mi estómago. Pero nada se compara a la porción de torta chocolatada; chispas, glaseado, bizcocho y relleno. Todo de chocolate. ¿Será sano enamorarse de un postre?
Cuando mi mano tocó el cubierto para devorar el trozo de pastel. Trey alejó el plato tan lejos de mí como pudo. No hace falta decirles que le estrangulaba con la mirada.
—Nada de azúcares antes de la cena —me regañó—. Cuando termines con eso —apuntó a la hamburguesa con su mentón—, comerás todo lo que quieras.
Miré a la hamburguesa con frustración e iba a contradecirle, pero mi estómago volvió a gritar haciendo que Trey se riera de mí.
Cualquiera puede controlar el hambre, excepto quien la siente, dijo una vez Shakespeare.
Y sin más preámbulos comencé a saciar el sufrir de mi estómago, claro no sin antes quitarles las rodajas de tómate. Debía dar créditos al chef, la hamburguesa parecía sacada del país de las maravillas. Su carne jugosa y llena de sabor, sus dulces tomates, su fresca hoja de repollo, la mostaza casera con toques picante y todos esos sabores quedaban atrapados en el blando y salado pan. Todo un deleite para mis papilas gustativas.
Estaba muy sabrosa.
—No puede ser… —escuché decir a Trey entre pequeñas risas, alcé mi vista para encontrarlo a punto de estallar.
¿Qué le divertía?
—Qué chiste te contaron.
—Existen los desastres y tú. —detonó de la diversión.
—¿Qué?
—Nada. —dijo mirándome y riendo.
Nada. Era obvio que pasaba algo, pero era lo que menos me importaba.
—Mi postre.
—Primero responde. ¿Cuál es tu tipo? —preguntó, devolviéndome el pastel.
—No tengo un ideal o un estereotipo sobre mi chico perfecto. Me parece muy anticuado clasificar a las personas por sus cualidades.
Y por fin, pude saborear la torta.
Simplemente sublime.
—Tú eres única y especial, Mia.
Aquello alegró a mi corazón y no me refería a la torta.
—Tú igual, Trey, tú igual.