—Descuida, hijo. Mejor ve a ayudar a tu esposa que está vomitando hasta el páncreas. Los vómitos eran una gran desventaja de estar embarazada. —¡Lya! —gritó Dylan, corriendo al baño. —¿Vomita muy seguido, papá? Asintió con gesto rendido y cansado. —Todos los días, es muy asqueroso —masajeó su sien—. Voy a ayudar a tu madre con la cena. Cuando papá abandonó la sala, únicamente quedamos en ella Trey, Mateo y yo. —¿Una partida de Mario Bross? —propuse. Ambos riendo accedieron. Tres partidas y derrotas después. —Eres mala hasta en Mario Cars, Enana. Miré con desdén a Mateo. —No me tientes a hacer cosas de las que me puedo arrepentir después, Mateo. —Él tiene razón. —coincidió mi traicionero novio. —Sé que soy mala jugando, pero no tanto. —crucé mis brazos. —No te moles

