Chispas, como me encantaba mi chico. —Vamos, falta a tu trabajo hoy —suplicaba—. Quédate un rato más conmigo, Colibrí. Llena de ternura por sus ruegos le abracé más fuerte, aún no los levantábamos del todo y sabíamos que sería un día muy ajetreado y productivo. Él iría a clases y yo a mi trabajo. —No podemos quedarnos así… Hay que progresar, Trey. Recibí un gruñido de su ronca voz, se escabullía en mi cuello dejando lamidas juguetonas que me estremecían y cosquilleaban mi espalda. —Puedo convencerte. —mordió mi lóbulo y cerré mis ojos por la sensación relajante de sus labios en mi oreja. Me levanté en seco velozmente dejando un Trey impresionado y enojado, sin dejar de ser sexy. —Hay que levantarnos o llegarás tarde a tus clases. Después de demandar eso, emprendí mis pasos ha

