El viaje de regresó fue muy tranquilo y silencioso debido a que los dos estábamos agotados física y emocionalmente. —Sabes la pizza está muy sosa, mejor cenemos lasaña. Aún mi lasaña estaba a medio comer en la nevera, seria cuestión de calentarla y servir. —Claro, caliéntala. —Estoy cansado, Colibrí. Ja, yo igual, tarado. Empecé a negar levemente decepcionada. —Si siendo novios no me ayudas con la cena… Que me esperara cuando seamos esposos, ¿Cuidar a los niños sola? —Tienes razón, hagamos la cena. —Eso está mejor. Después de todo, sí sabía lo que le convenía. La lasaña fue calentada, servida y comida. Justo ahora nos encontrábamos en mi habitación, yo aplastando el cuerpo de mi novio, quien agendaba las prácticas en el calendario de su celular. Estar así, en su pecho, m

