—Mamá, Mia y yo nos vamos. —habló él sin darme oportunidad de indagar. Busqué algo en él que calmara mi duda. Él no podía estar enfermo. No obstante, tenía que confirmarlo al regresar a casa. Yo cerré el álbum para devolvérselo a Blanca, la cual tenía un semblante preocupado mirando a su hijo. —Hijo, espero volver a cenar con ustedes. —Tal vez la próxima semana, madre. —contestó, tendiéndome su mano para irnos. —Sin duda alguna volveremos la semana que viene. —dije, levantándome y despidiéndome de ella con un beso en la mejilla. —Nos vemos, cuídense mucho, sobre todo tú, Trey. —Sí, mamá, yo también te quiero. —dijo esto besando su frente. —Cuídalo, Mia. —gritó ya estando nosotros delante de la puerta. Yo sonreí para asegurarlo, —Eso haré, Sr. Lifford. Yo cuidaría de él; pase l

