Al entrar a mi habitación lo unico que quería hacer era azotar la puerta con todas mis fuerzas, y meterme bajo las sabanas. Tenía una gran angustia en el pecho en forma de nudo, que me hacia que me costara respirar, y un dolor en que me recorría todos mis huesos, como si me hubieran molido a palos. Mis ojos me ardían de querer reprimir las lágrimas. Odio sentirme así. Tan débil y vulnerable. Me siento en el borde de la cama, y me hago para atrás, apoyando la espalda. Cierro mis ojos. Llevo mi mano a mi pecho, allí en el centro dónde tengo esa cicatriz que me atraviesa. Inhalo y exhalo. Inhalo y exhalo. Inhalo y exhalo. Repito ese accionar una y otra vez, esperando que funcione para calmar mi respiración acelerada, y ese malestar que se me instaló en mi interior. Mientras le contab

