Abro mis ojos al percibir la claridad darme en la cara, como todas las mañanas. Pero a diferencia de las otras, está vez no me molesta tanto. Supongo que se debe al haber tenido sexo toda la noche, que eso logro ponerme de buenas. Otra vez estoy en mi habitación. Volví luego de que lo hicimos en la encimera de la cocina y nos fuéramos a duchar. Si, también juntos. Y si, tuvimos sexo allí también. Creo que apenas si dormí cuatro horas. Hoy sin duda va a hacer un día largo. Mi suposición es confirmada cuando me pongo en píe y me invade un dolor que se extiende en todo el cuerpo, en especial el trasero. Me encamino hacia el baño, caminando a duras penas, maldiciendo a Atlas y a su pene, pero sobre todo a mi por dejarme convertir en pasivo. Vuelvo a lanzar otra maldición, cuando al verme e

