Abro mis ojos, y no tardo en percatarme de que no estoy en mi cama. Y enseguida me invade el recuerdo de lo que sucedió. Tuve sexo con Atlas. Y no cualquier sexo, sino que el mejor que he tenido en lo que va de mi existencia. Y en casi 40 años, eso es mucho. Llegué a cuestionarme si uno es capaz de morir de placer, porque lo que me hizo sentir fue algo que me desbordo. Me siguió penetrando durante un largo tiempo más, y no quería que parara. Pero ambos caímos rendidos en el colchón, y nos quedamos dormidos sin siquiera darnos cuenta. Al observar al otro lado de la cama, noto que Atlas no está. Y como un baldazo de agua fría, me invade una enorme decepción. Me siento como un idiota al estar decepcionado de no encontrarlo aquí, en especial dado que es su habitación. Otra vez estoy siendo e

