Con ímpetu abro la puerta, y entro a la habitación de improvisto. Y que satisfacción siento al ver su cara de asombro, mientras se encuentra acostado en la cama, viendo la televisión. Nos quedamos mirando en silencio, directo a los ojos, y sin apartar la mirada. Pese a eso no siento tensión, ni incomodidad. Solo una fuerte carga s****l. - Te has confundido de habitación. - comenta, rompiendo el silencio. - No quiero ser portador de malas noticias, pero te recuerdo que la tuya no lleva puerta. - Vengo por lo que me debes. - sentencio. Siendo franco, no pensé nada de esto. Tan solo estoy actuando según mis impulsos. Eso es lo unico que extraño de aquel Izan. Que se dejaba llevar por lo que sentía. Aunque... si hubiera sido más prudente puede que me habría ahorrado el corazón roto. - ¿

