Capítulo 1

2900 Palabras
Es otro día habitual para mí, en el que estoy metido bajo las sábanas y el acolchado, con mi almohada encima de la cabeza, la que no para de retumbarme con intensidad. Aún estoy con resaca de la noche anterior, cuando me desprenden con brusquedad de mi refugio, y la luz de la ventana impacta en mi rostro. Entrecierro los ojos, tratando de adaptarme a lo que veo a mi alrededor. Distingo su figura parada a mi lado, junto a la cama, y al escuchar su voz no me cabe duda que es ella. - Despierta. - oigo su voz firme, que me hiela la sangre. - Quiero que te duches, te pongas ropa limpia y que bajes. Te espero en la biblioteca, que tú y yo tenemos una charla pendiente. - Arwen... - comienzo a decir, pero me interrumpo cuando clava esa mirada penetrante en mí. - He venido aquí una vez, la segunda no será por la buenas, eso tenlo por sentado. Así que no me hagas subir de nuevo. - se dirige hacia la puerta. - Y por favor, abre las ventanas, que este lugar apesta. Me toma un gran esfuerzo levantarme de la cama y arrastrar mis pies hasta el baño. Me desprendo de la ropa, la cuál con honestidad no recuerdo hace cuanto la llevo puesta. Entro en la ducha y dejo que el agua de la regadera corra por encima de mi cuerpo, mientras apoyo mi frente en la pared fría de azulejo, y llevo la yema de mis dedos allí al centro de mi pecho, dónde le atraviesa una larga cicatriz. Un escalofrío me recorre por toda la columna vertebral, invadiéndome de una sensación de malestar y nauseas. Luego de un rato, tomo el coraje para salir de la ducha, vestirme con algo limpio y bajar hacia la biblioteca. Me detengo en seco al quedar frente a la puerta. Hace un rato que no entro allí, la última vez que lo hice él estaba conmigo, dejándome. Tantos recuerdos se encierran en ese lugar, en ese pedacito de mí que decidí compartir con él. Ahora ya no siento que sea mi lugar. De alguna forma es como si para mí los hubiera dejado a ambos ahí dentro, es dónde viven esos que pudimos haber sido. Otra vez me invade esa sensación de como si me metieran un par de manos dentro del pecho y escarbaran dentro. Me llevo un leve susto cuando la puerta de la biblioteca se abre de golpe, y me cruzo con esos ojos tan transparentes. - No puedo... - consigo decir con voz ahogada. Suspira. - Vamos a la sala. - anuncia y avanza, pasando de largo. Me doy la vuelta y la sigo. Me siento en unos de los sofás del living, con desgano. Ella queda parada a un lado, viéndome de frente. - ¿Y bien? - pregunto con impaciencia, ya que no habla, tan solo me observa en silencio. - No lo sé, estoy esperando a que tú hables. - habla con una voz gélida, con la que nunca se dirigió a mí. Su semblante está serio, inexpresivo. - Quiero oír los avances del clan. - No era necesario que vinieras hasta aquí para eso, bastaba con una llamada a Astor. En el último tiempo fue mi hermano menor quien quedo de alguna forma "a cargo" del clan, luego de que Novak se mudará a España con su esposo, Kirian se marchará a Nueva York para quedar al frente de nuestro clan allí, luego de que nos hiciéramos de nuevo con el poder, y Kai decidiera acompañarlo, para que no se fuera solo. Y yo quedé con Astor, quien se alguna forma se transformó en una especie de muleta para mí, que me mantiene en píe. - No quiero oírlo de Astor, sino de ti. - sentencia con voz firme. - Tú eres a quien puse a cargo de mi clan. Fue a ti a quien se lo confíe. Tuve paciencia, Izan. Te di cinco años, es mucho más de lo que le hubiera dado a cualquiera. Inclusive Cassian. Porque eres tú, y para mí siempre has sido como una extensión de mí. Pero llegué a mi limite. - hace una pausa. - Puedes que los demás vengan con esa mierda de "hay que darle su espacio", "hay que dejar que lo atraviese a su tiempo", "necesita tiempo". Pero no yo. Te voy a sacar a patadas en el trasero de donde te metiste. La autocompasión no es para gente como nosotros. - ¿¡Y tú qué sabes!? - recrimino sin pensar, pero me arrepiento apenas termino la oración. Por un breve segundo puedo percibir el dolor en su mirada, pero enseguida desaparece dejando tan solo esa severidad que trasmite con esos ojos tan característicos de los Marshall. A excepción de los míos. - No voy a volver a invocar a los muertos, no cuando llevan un buen rato descansando en paz. - dice, aún con firmeza. - Pero sabes muy bien que yo también perdí a la persona a la que amaba, y aun así me levanté cada maldito día y seguí adelante, porque a diferencia de la de él, mi vida no acababa ahí. He sido generosa, y te he dado más tiempo del que hubiera querido, porque en el fondo quería que fueras tú quien tomara la determinación de dejar atrás toda esa mierda. No lo has hecho. Pero ya es suficiente. - ¿Y qué vas a hacer? ¿Echarme? - inquiero hastiado. - ¡Por supuesto que no! Este es tú hogar, y siempre lo será. - ¿Y qué hay del clan? - pregunto con temor, ya que solo se refirió a la casa, y no a lo demás. Ella no responde, tan solo se queda observándome en silencio. Que la gran y asombrosa Arwen Marshall se quede sin decir nada no es nada bueno. Y eso consigue inquietarme. - Arwen. - la llamo con insistencia y urgencia en mi voz. - En estos momentos... - comienza a decir, pero se detiene. La conozco demasiado bien como para saber que lo que sea que quiere decir, le está costando horrores que salga de su boca. Y eso logra que me invada un gran miedo. - En estos momentos no confió en ti para dirigir el clan. - finaliza. Siento como si me hubieran dado una puñalada en el centro del pecho, una y otra vez, sin detenerse. Lo he perdido todo. El clan es lo único que me queda, no puedo perder eso también. ¿Qué quedará de mi sino? - Dime que estás bromeando. - pido con voz temblorosa. - ¿A ti te parece que últimamente te has comportado como un jefe digno? - inquiere con brusquedad. - Te has puesto a ti, y a tus dramas amorosos, por encima de tú gente, cuando desde que eras un adolescente puberto te he enseñado que lo principal siempre va a ser el clan y las personas que confían en ti. Si te pido que me cuentes que han estado haciendo el último mes, no sabrías que responderme. No tienen ni la más puta idea de que rayos sucede allí. - Ahí te equivocas. Astor me lleva un informe detallado. - sentencio furioso, aunque son puras mentiras. O al menos en parte, porque mi hermano si me deja un texto escrito, pero queda tirado en el suelo de mi habitación, sin leer. - Bien. A ver, ilumíname, querido sobrino. - dice. - Si me cuentas al menos una cosa que hayan hecho en las últimas semanas, me voy a retractar, y te pediré disculpas. Y como bien sabrás, yo nunca las pido, así que es como si te estuviera ofreciendo oro, a cambio de una simple respuesta, que el antiguo Izan me respondería con la facilidad con la que respira. - Ya no soy ese Izan. - digo. Y esas palabras consiguen activar otra vez ese malestar en mi pecho, que me revuelve las entrañas. - Y eso está bien, todos cambiamos. - sigue, con voz más suave. - Pero no voy a permitir que tú lo hagas para mal, no cuando has trabajado tan duro por años para estar en el lugar en el que estás.... o bueno, que estabas. - Estoy defectuoso. - Tú y yo sabemos que eso es pura mierda. Bien lo has demostrado. - continúa. - No voy a permitir que nadie diga eso sobre ti, ni siquiera tú. Arwen Marshall, mi fiel escudera. - Entonces, ¿ahora ya no piensas así? Se cruza de brazos. - Cuando dije que no confiaba en ti, no me refería a porque no te crea capaz, sino no te hubiera dejado mi clan en primer lugar, más bien me refería a que no tienes su mente centrada en esto, tampoco has entrenado en todo este tiempo. Tranquilamente alguien podría atacarte y morirías apuñalado en el acto. - ¡Eso no es cierto! - exclama molesto. - No seas hipócrita, Izan. - me apunta con el dedo. Relaja el ceño y lanza un suspiro. - Desde la operación que no te he visto mostrar interés por nada, es como si te hubieras rendido. - Aún estoy recuperándome... - Pasaron cuatro años. - dice. - Y cinco desde que Vittorio se marchó. Él no va a volver, tienes que dejar de esperarlo, y soltar eso que tuvieron. - No es tan sencillo. - Para nosotros los Marshall nunca lo es. Cuando amamos, amamos con intensidad. Nos aferramos a esa persona con todas nuestras garras y hacemos hasta lo imposible por ella. - se sienta a mi lado y desliza sus dedos por mi cabello. - Cada uno de nosotros ha pasado por eso, ahora te toca a ti aprender que hay amores que por más que uno lo intente con todas sus fuerzas, simplemente no se da porque no es para nosotros. Si nos hubiéramos aferrado a esa persona que creíamos probablemente ni tú padre, ni yo, estaríamos aquí. Como así tú tampoco, o tus hermanos, o Amir. Y vaya saber que sería de tú tío Cassian. O Nikolai. Él es el que más me preocupa. No puedo evitar lanzar una leve risa, pero suena sin ganas. Ella continúa acariciando mi cabello. - Necesito a mi sobrino. - me susurra con voz suave. - E hijo postizo. - agrega con una sonrisa divertida. - Y está bien que no seas es mismo, eso es lo bueno de seguir con vida, que mientras sigas respirando puedes seguir descubriéndote. Es lo divertido, porque sería muy aburrido si todo nuestro tiempo aquí fuéramos los mismos. ¿No crees? - Supongo... - Lo que, si necesito saber, es si aún sigues queriendo esto para ti. - continúa luego de un prolongado silencio. - Si aún quieres el clan. O si tú intención es probar otros rumbos, por mi está bien, pero necesito saberlo. - hace una pausa. - Puede que una parte de ti quiera probar lo que es dejar está vida, e ir detrás de él. La miro. Ella me dedica una leve sonrisa. - El clan es todo lo que tengo. - menciono, apartando mi mirada. - No quiero que elijas esto porque no te queda de otra. - habla molesta. - No lo hago. - digo con voz firme. - He querido esto toda mi vida. He luchado y trabajado duro para ser merecedor del puesto que me otorgaste. He sacrificado todo por este clan. Y... y he renunciado a lo que más quería por mantenerme aquí, porque para mí esta primero. Asiente con satisfacción. - Bien. En ese caso debes volver a tomar lo que es tuyo. Quiero que me demuestres que aún eres el mejor para esto. Porque no te equivoques, te amo más que a nadie, pero si noto que no eres lo mejor para el clan, tendré que destituirte. Y no lo dudaré. - No te perdonaré nunca si pones a alguien más a cargo. - sentencio enojado. - Porque si llegamos a eso, te juro por Dios que renunciare. - No seas estúpido, los Marshall no renuncian. - Los Marshall no siguen las ordenes de otros. Menea la cabeza. - Buen punto. - ¿Y bien? ¿Ahora qué? ¿Me pondrás una niñera? - pregunto con fastidio, cruzándome de brazos. - Porque me terminaras de matar si pones a Astor a cuidarme. - ¿Qué no lo hace ya? - inquiere con reproche. - Es quien está más preocupado por ti. - ¿¡Ha sido él quien te ha llamado!? - exclamo indignado. Aunque ya se bien la respuesta. - Tarde o temprano iba a venir. - No me has respondido lo que te pregunté, lo que hace que me dé aún más miedo. - Como bien sabes, gracias a Taiko tenemos una estrecha relación con Japón, que nos ha permitido relacionarnos con China. - empieza a decir. - Corea del Sur se ha mantenido reacio a relacionarse con nosotros, luego de que la cabeza de la familia muriera y su hijo tomará el mando. - ¿Quieres que me haga amigo de su hijo como si estuviéramos en un patio de juegos? - pregunto con sarcasmo, fastidiado. - Su hijo esta más para jugar con Renn, pero ya tu padre me mandó al diablo cuando se lo propuse. - dice. - Así que quiero que le demuestres al nieto del Clan Hyun de lo que estamos hecho los Marshall. - No pienso irme a Corea. - sentencio. - Ni lo sueñes. - No será necesario, ya que lo invite a quedarse un tiempo con nosotros, como muestra de nuestra buena disposición. Llegará hoy, así que ofreceremos una cena por la noche para recibirlo. - ¿¡QUÉ!? ¡TIENE QUE SER UNA PUTA BROMA!? - Si hubieras participado de las reuniones en lo que charlamos nuestro nuevo plan, podrías haber hecho saber tu desacuerdo, pero como no te molestaste en siquiera bajar a la sala de reuniones, vas a tener que acatarte a lo que decidimos la mayoría. - Pues, ya que estas tan de amigos con Astor que sea el quien se encargue. - digo molesto. - No. - niega con vos severa. - He dicho que serás tú. Te recuerdo que estas a prueba, así que más te vale por tu pellejo que esto salga bien, porque ahí te darás cuenta de lo que soy capaz. Y al mirarme con esos ojos fijos se me paraliza cada parte de mi cuerpo. Oh carajo. Es el diablo en persona. *** Luego de esa charla con Arwen, me fui al club a beber, que es donde paso la otra mitad de mi día, cuando no estoy durmiendo. Allí suelo pasar las noches cuando necesito abstraerme de la realidad. Lo cual es muy a menudo, como el llegar bastante pasado de alcohol. Hasta que no pierdo el conocimiento no me marcho. A veces ni recuerdo cómo es que llegó a la casa, mucho menos a mi cama. Estar allí me hace pensar en él, y recordar aquella noche en la que nos conocimos. Nada anhelo más que regresar a ese momento. Haría todo tan diferente. Me aferraría a él, y no lo soltaría jamás. Le diría cuanto lo quiero, y le prometería hacerlo mejor si me da otra oportunidad. No le fallaría de nuevo. No permitiría que vuelvan a herirlo. Ya es bastante tarde en la madrugada cuando entro a la casa, que está en completo silencio, y en penumbras. Voy guiándome aferrado a las paredes para evitar caer de bruces al piso. Estoy bastante ebrio, por lo que aún no logro comprender del todo como es que consigo mantenerme en píe. Alcanzo a llegar a la escalera, y cuando estoy por pisar le primer escalón para subir, sosteniéndome de la baranda, siento como me toman del hombro y me tironean hacia atrás, trastabillo con algo que me golpea la parte trasera de mis piernas, por lo que caigo de espaldas al piso, en un golpe seco. Ay, me rompí la columna. - es el pensamiento que me invade. - Carajo, ya estoy viejo. Aún estoy muy confundido y desorientado, al sentir el peso de un cuerpo sentarse encima del mío, y una punta afilada y punzante en mi garganta. Tengo la vista nublada por el alcohol, por lo que hago un esfuerzo por fijar la vista. - Habla. - sentencia con una voz firme y masculina. - ¿Quién eres? ¿Y qué es lo que quieres? - ¡Sal de encima mío, desgraciado! - exclamo. - Eso no fue lo que pregunte. - sigue hablando con esa voz rasposa. - Responde o te desgarrare la garganta. Siento como presiona más la punta contra mi cuello, logrando que sienta como empieza a correrme un leve rastro de sangre. Lo observo con más atención y veo que es un muchacho joven. Tiene el cabello n***o, al igual que sus ojos rasgados, dada su descendencia asiática. Su mirada refleja ferocidad, al igual que sus palabras. - Yo soy Izan Marshall. - respondo con severidad y percibo el orgullo que crece en mi pecho al decirlo en voz alta. - ¿Y tú quien rayos eres? - inquiero con brusquedad. Me mira con una sonrisa arrogante, y pese a la penumbra distingo el brillo malicioso en su mirada. - Yo soy Atlas Hyun. - anuncia altanero.
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