Capítulo 2

2446 Palabras
Lanzo quejidos de molestia, cuando me desprenden con brusquedad las sábanas, ocasionando que me impacte la luz que entra por la ventana de la habitación, a las cuales les quitaron las cortinas. Ay, no otra vez. - pienso para mis adentros. - Tengo una duda Izan, a ver si me la puedes aclarar... - oigo la voz de Arwen, mientras aún trato de adaptar mi vista al entorno que me rodea. Debe ser temprano en la mañana, porque aún tengo muy presentes los efectos de la resaca, que no se me han mermado. Hasta pasado el mediodía que no suelo volver a ser una persona. Claro, hasta que empieza a oscurecer un poco y suelo marchar de nuevo al club. Es como una especie de circulo vicioso. - ¿Qué acaso la falta de cerebro deja el espacio hueco de tú cabeza, para que las cosas te entren por un oído y te salgan por el otro? - continúa mi tía, reprochándome, parada en la punta de la cama. - Arwen, es temprano, y me duele mucho la cabeza. Ahora no fastidies. - me quejo. - No necesito la segunda parte de tu discurso de ayer. Siento como si tuviera un taladro en la cabeza, que me da con todo en el cerebro. Además, me duele todo el cuerpo, en especial de espalda. No lo recuerdo, pero algo me dice que tuve una noche del demonio. - Oh no, Renn paso a tener cuatro hijos. - murmura Nikolai, en la punta de la habitación, observándome. - ¿Qué carajos has dicho? - me pregunta con voz brusca, por lo que regreso con más atención mi mirada a ella. A su lado está Cassian. - Te reto a que te atrevas a repetirlo. - Eh... - tartamudeo. - Amor, obviamente está con resaca. - sale a mi defensa el tío Cass. - Su cerebro solo dice estupideces. Ella me observa pensativa, aún con su ceño fruncido. La severidad de su mirada desaparece, y se relajan esos ojos de color hielo. Alabado sea Cass. - En ese caso, que bueno que tome la decisión de vetarlo de todos los clubs de la ciudad. - continúa hablando Arwen. - ¿¡QUÉ!? - exclamo incrédulo. Debo haber oído mal. - Me has oído. Tienes prohibido entrar a alguno, incluso los que no son nuestros. - reafirma. - Prenderé fuego el lugar que se atreva a servirte siquiera una pequeña gota de alcohol. Esto tiene que ser una maldita broma. - No puedes vetarme de "Pecado Original", ¡ES MI MALDITO CLUB! - exclamo molesto, sentándome de golpe. - ¡Yo le di la vida! - Vas a poder seguir entrando, no soy tan cruel, pero todos tienen la orden de que si pides algo para beber te den agua. - ¿Y dices que no eres cruel? - inquiero con sarcasmo. Vuelve a fruncir el ceño molesta. - Después de lo que me has hecho anoche, agradece que aún estés en la cama y no colgando de cabeza en el techo. La que, por cierto, era mi primera opción. - sentencia. No puedo evitar mirar a Cassian de reojo. - Si, así es, él intervino por tú pellejo. A la próxima, te hará compañía. Así que yo que tú, comienzo a comportarme. Oh mierda. Esa estúpida cena. Lo olvide por completo, aunque siendo honesto no me interesaba en lo más mínimo. Desde un primer momento me di cuenta de que esa una idea de los más ridícula. No veo porque debía ir si no estaba de acuerdo, no soy un niño que debe ir a dónde lo llaman. - ¡Deja de tratarme como a un niño! - exclamo furioso. - ¡Entonces deja de comportarte como uno! - ¡No me estoy comportando como uno! - Izan. - se quejan a coro con fastidio. - Tenías que dejar el alcohol y el tabaco. - habla Arwen enojada, con voz firme. - Y no lo has hecho, es más, hasta estás consumiendo el doble, pareciera que lo haces a propósito. ¿¡Es que quieres pasar de nuevo por lo mismo que la última operación!? - Claro que no. - digo en voz baja, apartando mi mirada. Odio cuando sacan a colación ese tema. - Ayer vine en son de paz, te hablé con calma, siendo comprensiva y tratándote como un adulto. - sigue. - Y aun así me fallaste en lo único que te pedí que te necesitaba. Así que ahora lo haremos de la forma brusca. Y todos están de acuerdo. - ¿Están de acuerdo? ¿En decirme que hacer con mi maldita vida? - ¿Qué vida? ¿A esto te llamas vida? ¿Dividir tú tiempo entre estar ebrio, sucio y dormido? - Estoy pasando por un momento difícil. - me excuso. - Ay, no me vengas con esa mierda de excusa barata. - se queja con fastidio. - Si, te rompieron el corazón, que lastima... ¡Lo superas! Carajo. Como lo hemos hecho todos. - me mira aún con el ceño fruncido, claramente decepcionada. - Este no es el muchacho que toco a mi puerta, pidiendo que lo entrenara, diciendo que no me iba a decepcionar. Confíe en ese chico, vi el fuego en su mirada y en la seguridad de sus palabras. Sabía que lograría grandes cosas. Y no se quien rayos eres tú, pero no eres él. - Arwen. - la regaña Cassian por lo bajo. - No. - habla tajante. - Tiene que oírlo, basta de tratarlo como seda, como si fuera a romperse. Es un Marshall, puede soportarlo. - Tal vez no lo soy, y tal vez no quiero serlo. - digo. Ella me mira sorprendida. - Soy un maldito cobarde, después de todo. - Yo no dije eso. - sentencia molesta, amputándome con el dedo. - No necesitas decirlo, es lo que yo pienso, y que de seguro ustedes también. Lanza un quejido. - ¡Harta de los hombres y su maldita autocompasión! - exclama. - Aun no entiendo cómo es que han llegado tan lejos. - mira a los dos hermanos. - Se acabo mi paciencia. Agárrenlo. No tengo tiempo de reaccionar, que se acercan a mí, y cada uno me toma del brazo, obligándome a ponerme en píe, sin mucho esfuerzo para lograrlo, lo que me sorprende dada la edad que tienen. Me sujetan con fuerza, sin soltarme. - ¡Auch! - exclamo cuando Nikolai me da un golpe en la cabeza. Lo miro confundido. - Se lo que estabas pensando niño, no te atrevas a insinuar ni siquiera por pensamientos que somos viejos. - Aquí estoy. - anuncia Viktor entrando por la puerta. - Lo siento, llegué tarde a la intervención, pero ya estoy aquí. - ¿Cuándo tú no llegas tarde? - le reprocha Nikolai. - Bueno, mi querido Niki, como ya te he dicho hasta el cansancio, yo... - Suficiente. - lo interrumpe Cassian con voz firme. - Un dilema estúpido a la vez. Estamos con Izan. - ¿Ahora soy un dilema? - inquiero. - Puedo que tú no, terroncito, pero si el hecho de que tus abdominales hayan desaparecido. - menciona Viktor. - Ya que lo mencionas... - comienza a decir Arwen. Me mira. - Mañana empezaras a entrenar de nuevo. Los chicos ya se han dividido para entrenarte un día cada uno. - ¿¡QUÉ!? ¡CLARO QUE NO! No voy a permitir que unos niñatos más chicos que yo me entrenen. ¡A MI! Sería denigrante. - Volveré a preguntarlo, y sabes muy bien que no repito las cosas, pero tal parece que útilmente no te llegue el agua al tanque, así que lo preguntare una vez más. - dice. Hace una pausa. - ¿Aún quieres formar parte del clan? Porque si no quieres, ya mismo te compro el boleto de vuelta a Nueva York que debí haberte comprado hace 23 años atrás. - Ya te he dicho que sí. - respondo de mal modo, harto de todo esto. - Bien. - hace otra pausa. - Como bien sabes, en este clan no hay favoritismos, para todos es igual, incluso para ti. Así que empezaras de cero, desde el primer nivel, y a medida que vayas mejorando iras escalando, hasta volver a merecer ser la cabeza del clan Markov. - ¿Qué? ¡No! ¡Arwen! - exclamo sorprendido. - Por favor, no me hagas esto. Esto no podría ser peor. Es como volver a tener 17 años, y ser ese niño enfermo, que debe demostrarle a todos de lo que es capaz. - No se trata de ti, Izan. - continúa. - Sino también de tus compañeros. Y en estos momentos no estas para ser tú quien los mantenga a salvo. Tienes la capacidad física que un bulto de gelatina. - ¿Y qué? ¿Astor sí? - pregunto con brusquedad. Frunce el ceño, molesta. - Te sorprendería lo mucho que ha avanzado tú hermano, pero claro, estás muy ocupado para verlo. - me reprocha. - El otro Izan estaría muy orgulloso, dado que fue quien le enseño todo. Y no hay nadie a quien Astor no se lo haga saber. Siento un dolor en el pecho y me invade una enorme tristeza al oír eso. Le he fallado a mi hermano. - Viktor, tú que ya has visto a mi sobrino desnudo te encargaras de ponerlo presentable, que entre tanta maraña de pelo no se si es un hombre o un hombre lobo. - sigue diciendo Arwen. Mira a los mellizos. - Ustedes ventilen toda la habitación y quemen esas sabanas, que apestan. Igual las cortinas, pero que no las vuelvan a poner. - hace una pausa. - Y quiten la puerta. - agrega. Los cuatro la miramos extrañados, sin entender bien que quiso decir con eso ultimo. - ¿Con quitar la puerta te refieres a... ? - pregunta Nikolai, dejando inconclusa la oración. - A quitar puerta. - repite. - ¿O es que la orden no ha sido clara? ¿Necesitan dibujos, niños? - ¿¡ME VAS A SACAR LA PUERTA!? - exclamo. - ¿¡PERO QUE DEMONIOS, ARWEN!? ¡NO PUEDES HACER ESO! - ¡Claro que puedo! Mi nombre sigue figurando en los malditos papeles de la casa, así que, si quiero sacar una puerta, lo voy a hacer. - dice. - Así que si tienes pensado darte... amor a ti mismo, ve y hazlo en el baño. - Oh, ¿esa la vas a dejar? Vaya, creí que también la sacarías. - digo con sarcasmo. - Que considerado de tú parte. - Si, no quiero fumigar a toda la casa con el olor de los pedos que te tiras. - Oh sí, es verdad, apestan. - comenta Viktor. - Yo la convencí para que te diera intimidad en el baño. - agrega Nikolai. - Un hombre necesita su privacidad. - me guiña un ojo. Pongo los ojos en blanco. - Gracias chicos. - Bueno, ya están las órdenes dadas aquí. - sigue Arwen. - Ahora iré a ver a nuestro invitado. Con quien por cierto debes presentarte, ya que anoche no te apareciste en su cena de bienvenida. Y apenas termina de decir eso me viene a la memoria el encuentro de anoche con ese misterioso desconocido, quien andaba vagando por la oscuridad, y atacando personas, como un verdadero psicópata. - Ya lo conocí anoche... - menciono en voz baja, sin pensarlo. Oh diablos, no debí haber dicho eso. Me meteré en más problemas en los que ya estoy. - ¿Qué? ¿Cuándo? - pregunta confundida. - Eh... - comienzo a decir, pensando en una excusa. - No te atrevas a mentirme. - sentencia. Suspiro. - Anoche, cuando llegué. - respondo sin ahondar en detalles. Me observa fijo, cruzada de brazos. - Estabas ebrio, ¿no? Carajo. - Puede... - susurro en un tono de voz apenas audible. - Pero solo un poco. No es como si... apenas pudiera haberme mantenido en píe, y que él me haya tumbado desprevenido. Lanza un suspiro pesado. - ¿Y se puede saber de qué demonios hablaron? - pregunta entre dientes, claramente molesta, pero haciendo el esfuerzo para contenerse. La conozco demasiado bien como para saber que está a una respiración más de estrangularme. - Bueno... si... si te hace sentir mejor, en teoría no hablamos. - hago una pausa. - O bueno, a menos que yo recuerde. Con honestidad ni recuerdo haber llegado a la habitación. - Voy a estrangularte. - sentencia. - Créeme, ya me he dado cuenta. - susurro. - Llévenlo a la ducha. - ordena. - Espera. - habla Viktor con voz firme, y su semblante serio. Eso no es usual, lo que me hace percatarme que es algo importante. - Dile. Miro a Arwen con preocupación, ella relaja la mirada severa. - ¿Qué cosa? Suspira. - El nieto del clan Hyun se está quedando en la habitación de Ross hasta que él regrese, lo que es mañana. - comienza a decir. - Y la única habitación disponible es la de la que era de Viktor, y... luego de Vittorio... - No. - la interrumpo tajante. - Nadie ha entrado, ni tocado nada desde que se fue. Su ropa sigue allí, como también las cosas que dejo. No podemos seguir manteniendo la habitación como si fuera un museo. Dado el tiempo, creo que he sido bastante tolerable. - Arwen. - la regañan los tres Markov. Viktor me mira con ternura en sus ojos. - No necesitas hacerlo tú si no quieres. - habla suave. - Si prefieres podemos hacerlo nosotros. Niego. - No. - respondo, y me sorprendo a mí mismo de que esa palabra salga de mi boca sin siquiera haberlo pensado. - Yo lo haré. No quiero que nadie toque sus cosas. Sería como si borraran las huellas que el dejo. Y eso es algo que no puedo permitir todavía. - Pues, no es por meter presión, pero debes hacerlo hoy. - menciona Arwen. - Arwen. - la vuelven a regañar. - Ya entendí, ya entendí. - digo. Suspiro. Ella me dedica una leve sonrisa. - No te dejaremos rendirte. - habla. - Todos te sostendremos, somos tú clan, tú familia. Saldrás de esta. No es como si voy a tener opción. De todos modos, me hace sentir bien saber que aún tengo una familia que me cuida la espalda. En especial por cómo me he comportado en los últimos años. Supongo que mientras lo tenga a ellos, siempre podré con todo, porque no me dejaran quedarme tirado. Eso significa ser parte del legado del clan Marshall. Y me alegra formar parte.
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