Con Astor seguimos en la sala de reuniones, cuando tocan la puerta. Mi hermano me mira con sus ojos firmes. - Son los chicos. - anuncia. - Quieren presentarse. Y conocerte, oficialmente. Pongo los ojos en blanco. - Lo conozco, Astor. - sentencio. - Puede que tengas una idea vaga de sus caras, pero dudo que te sepas sus nombres. - y percibo el reproche en su voz. - Se han ofrecido para ayudarte a ponerte en forma, sin titubear un segundo. Y tú no sabes nada de ellos. Tiene razón. No podría decir el nombre de ninguna de las personas que trabajan en el clan, y no solo eso, sino que además sus rostros me resultan tan ajenos. Es como si estuviera rodeado de desconocidos. Y odio esa sensación, sobre todo cuando solía ser alguien que sabía cada detalle de los que formaban parte de mi equipo.

