Capítulo 5

2828 Palabras
Luego de que Astor me obligara a desayunar una taza de café y una fruta, nos dirigimos hacia dónde está la morada, el lugar físico de nuestro clan. Me freno en seco cuando se dirige hacia la biblioteca. Él se percata que me detuve y se gira hacia mi. - Volvió a su lugar original. - me informa. - ¿Qué? ¿Cuando? - pregunto sorprendido. - Eh... hace unos... tres años. - responde. ¿¡Tres años!? Oh diablos. Lanzo un quejido. - No puede ser cierto. - hablo molesto. - Es el maldito lugar más seguro de la casa. - replica enojado. - No estuviste ahí, así que te acatas a las decisiones que tomamos los otros. - sentencia con voz firme. - Así que no empieces con tú mierda, que es temprano. - se vuelve a dar la vuelta y sigue camino. No puedo evitar sorprenderme de su forma de hablarme. Antes nunca se había atrevido a contradecirme de esa manera. Algo que me dice que serán muchas las cosas a las que tendré que adaptarme. Voy detrás suyo, entrando a la biblioteca, aquel lugar que solía ser solo mío, al que consideraba como una especie de santuario para mi. Todo sigue igual, parece ser que es el unico lugar en el que no han cambiado las cosas. Mis libros siguen en sus estantes, ordenados de la misma manera, pero sin una mota de polvo. El piano sigue en una esquina, reluciente. Un sinfín de recuerdos me invaden. Todos con él. Y de los tantos acercamientos que tuvimos en este lugar. Eso logra que se me retuerza el corazón. Porque lo siento tan cercano, cuando en realidad fue hace tanto tiempo atrás. Nos metemos por la puerta secreta que lleva a la morada. - Arwen le tuvo que mostrar a Jackie Chan dónde es nuestra base. - me informa Astor, mientras nos adentramos. - ¿¡Qué!? - exclamo con fastidio. - Lo sé, lo sé. - sigue. - No me fio para nada de él, así que hay de tenerle un ojo en encima. - Arwen me ha encargado esa tarea. - menciono. Astor se detiene y se vuelve hacia mi. - Escucha, si es demasiado para ti, yo puedo... - No te atrevas. - sentencio molesto. - No te atrevas a darme ese trato especial. Se que llevo unos años desconectado de todo esto, y luzco como la mierda, pero sigo siendo Izan Marshall Markov. Así que no vuelvas a mencionar algo como eso, que no necesito que me sigan sacando más cosas. - Bien. - responde tajante y retomamos el paso. El angosto pasillo finaliza y se abre en el enorme espacio dónde se encuentra nuestra base, la cuál ocupa todo el perímetro de la casa, en la parte subterránea. Lo construyeron en la época de guerra como un refugio antibombas, es por lo que es el lugar más seguro que conozco. Sin embargo, los fundadores del clan Markov fueron los que se encargaron a convertirlo en lo que es ahora. Le pusieron paredes divisorias, para que cada área tenga su espacio... la sala de reuniones, dónde entrenamos, la sala de informatica, una de descanso junto con la pequeña cocina, también dónde guardamos nuestros armamentos, y otra habitación especial a prueba de todo, por si nos traemos algún prisionero. Observo con atención todo a mi alrededor, y se ve a los miembros del clan, cada uno en sus actividades. Entrenando, limpiando los armamentos, los que no paran de teclear en sus computadoras. Todo parece en armonía y sincronía. Siento la mirada de Astor sobre mi. Y lo conozco demasiado bien como para saber que es lo que piensa. Espera mi aprobación. Aunque como si la necesitara. De todos modos, se siente reconfortante saber que para él mi opinión sigue valiendo a pesar de todo. - Todo se ve muy bien. - digo. Giro mi cabeza hacia él, quien me mira atento con esos ojos característicos de los Marshall. Le dedico una leve sonrisa. - Lo has hecho muy bien. Te felicito. Él tan solo asiente, y cuando está por abrir su boca para decir algo, un muchacho joven se nos acerca. Lleva una enorme sonrisa en su rostro, un tanto perturbadora por lo forzada de está. Pareciera que es alguien que no acostumbra a hacerlo, por lo que no sabe como luce una natural. - ¿Qué problema tienes en la cara? - pregunta Astor extrañado. - Te ves raro. - Está mañana luces estupendo. - comenta con un entusiasmo exagerado para ser tan temprano en la mañana. Astor lanza un quejido. - Oh carajo, ¿Qué hiciste? - Pues, de hecho, es una historia muy divertida, verás... - comienza a relatarle mientras caminan junto a mi hermano, quien lo mira con mucha atención y su expresión seria. Observo como Astor le da al muchacho indicaciones y le habla con seguridad, para nada dubitativo. Y no puedo evitar sentirme orgulloso del hombre en el que se convirtió en estos cinco años. Ya no es aquello muchacho quejumbroso, que llegaba a todos lados tarde, que se quejaba de cada orden que le daba, que todo replicaba y que cualquier cosa lograba ponerlo de mal humor. Ha madurado tanto. Lo noto por como se ve, como habla, o en su forma de caminar. Ahora es un verdadero jefe, como todo Marshall. - Pareces un padre viendo a su hijo por primera vez orinar solo en el retrete. - menciona una voz a mi lado. Giro mi cabeza hacia dónde proviene y lo veo parado a mi lado, con sus brazos atrás y su mirada al frente. - ¿Y tú que diablos haces aquí? - pregunto de mal modo. - A ver si disimulas un poco lo mucho que te desagrado, que me lo estás haciendo muy sencillo. - comenta. Me mira con ese brillo divertido en sus ojos, y con esa sonrisa arrogante. - Y eso me aburre. - agrega. - ¿Y has tenido que viajar a otro continente para encontrar a alguien a quién fastidiar? Se encoje de hombros. - Si, es que ya moleste a todos de ese lado del planeta. - menciona. - De todos modos, no vine hasta aquí solo por eso. - Oh, ¿y se puede saber que cosa tan fascinante fue la que trajo a Jackie Chan hasta aquí? Menea la cabeza. - Digamos que curiosidad. - responde con dejar de lado esa sonrisa. - Van a tener que impresionarme si quieren que le hable al oído a mi padre a favor de ustedes, para que acepte el negocio con tú tía. - Contamos con los mejores aliados, no te creas que los necesitamos tanto. Lanza una risa socarrona. - Yo no estaría tan seguro. - es lo ultimo que dice antes de comenzar a caminar hacia adelante, observando el lugar con atención. Quedo bastante confundido. ¿Y eso que quiso decir? Mi mirada se posa en Astor, quien me observa desde lo lejos con preocupación en su mirada. Diablos. Eso solo puede significar que es algo para nada bueno. *** - ¿¡Cuándo carajos pensabas decírmelo!? - exclamo molesto, sentado en una de las sillas de la sala de reuniones. Me mira indignado, del lado de enfrente. - ¿Decírtelo? ¿¡Cómo si me hubieras escuchado maldita seas!? - grita furioso. - ¡Podría haberte dicho que papá perdió la pierna y te habría importado poco! - ¡Eso no es cierto! - sentencio. - Hice lo mejor que pude, Izan. - dice, luego de una pausa. - Pero... no soy tú, y muchos lo notaron. Habían acordado los negocios y alianzas contigo, no con el menor de los Marshall, como solían decirme. Arwen logro retenerlos, pero aún así perdimos parte de nuestro poder. Seguimos estando a la cabeza, sin embargo no es lo mismo. Tenemos que afianzarnos, o podrían atacarnos si ven alguna grita lo suficientemente grande como para atravesarla. - Es todo mi culpa. - hablo con tristeza, y un nudo en mi estomago. Abandone el clan, abandone a mi gente. Descuide mis responsabilidades como líder. Deje de lado todo aquello que Arwen me inculco. Tenía razón en llamarme egoísta y quitarme mi puesto. No lo merezco. - Ay, ya basta con eso. - se queja con fastidio. - Deja de auto compadecerte y empieza a actuar. Novak y Amir se están encargando de España, Kirian es quien manda en Nueva York, Ludo está firme en Italia, y Anya se queda a la cabeza cuando ella viaja por un tiempo a ver a Kirian. Que por cierto, nuestra cuñada está considerando dejar a la rubia como su segunda al mando. - ¿Qué? ¿Por qué? - pregunto extrañado. - Sabes bien porque. - responde firme. - Quiere estar con Kirian, y sabe bien como todos, que siempre debe haber un Marshall en Nueva York. No puede hacerlo Anya, ni nadie más. Un Marshall. - hace una pausa. - Eh, además... - sigue, pero queda callado. - ¿Qué? - pregunto. - ¿Qué más no me has dicho? Suspira. - No se si me corresponde a mi decirlo, pero dado que no hablas con ninguno últimamente, creo que deberías saberlo antes. - ¿De que rayos hablas? - pregunto con brusquedad. Me mira con una sonrisa. - Vamos a ser tíos. - responde. - Ludo está embarazada. - ¿Qué? - se me escapa en un susurro. Y es en momento en el que caigo en cuenta de que en verdad paso el tiempo, y de lo mucho que me he perdido a lo largo de estos cincos años. Todos han seguido con su vida, avanzando, seguido con sus planes. Y yo, yo quede estancado. - Habíamos organizado una reunión, para juntarnos todos, ya que hacia un tiempo que no nos veíamos. - empieza a decir. - Acordamos hacerla aquí, cosa que tú también pudieras estar, y que no tuvieras excusa. Te lo dije como por una semana entera, y tú siempre me respondiste que si, que estarías. - suspira. - Él día llegó, y yo no te encontraba por ningún lado. Me asuste, hasta que Ross me dijo que estabas en el club, borracho, y que te haría dormir allí porque estabas en un estado catastrófico. Fue ahí cuando nos lo contaron. Suspiro. - Me deben haber odiado. - Les mentí. - dice. - Dije que hubo una emergencia y que te estabas haciendo cargo tú, que lo lamentabas pero eras el unico que podía atender eso, ya que habían pedido verte a ti específicamente. Arwen me siguió la corriente y afirmo lo mismo. Papá parecía tan contento de que estuvieras otra vez con el trabajo, que luego no me atreví a desmentirlo, y seguí sosteniendo la farsa. Así que creen que estás en modo "adicto al trabajo" para evadir la realidad, cuando realidad usas el alcohol. ¿Por que diablos piensas que no están todos aquí dándote sermones y reproches? Eso explica muchas cosas... - Gracias... - susurro, avergonzado. - Que gracias, ni que gracias. No me metas en líos y haz que mi mentira se vuelva real. Porque si se llegan a enterar nuestros padres y los chicos, me van a estrangular por haberles mentido con algo tan grave. Hasta estoy diciendo que vas a tus controles regulares. - hace una pausa. - Por favor, Izan. - Ya sé, ya se. - digo. - Prometo que... que iré. - Bien. - No puedo creer que vamos a ser tíos... - comento incrédulo, después de un prolongado silencio. Ríe. - Al menos el legado Marshall va a seguir perpetuando. - menciona. - Aunque no se si eso es algo bueno o malo. - hace una pausa. - Era bastante obvio que Kirian le iba a tocar la responsabilidad de repoblar el mundo con más Marshalls. Digo, porque tú y Novak son maricones, yo pienso hacerme la vasectomía y Kai es un fiasco con las relaciones amorosas. - ¿Qué más me he perdido? - pregunto, luego de otro silencio. - Quiero saberlo todo. Por favor. Suspira. - Pues... ya que menciono a Kai, está bien enamorado de una chica. Se llama Liza, y están... creo que hace tres años, o puede que más, no lo se. No lo escucho mucho cuando habla, solo asiento. La pareja de oro sigue junta. Kirian será padre. Por suerte los nuestros ya cerraron la fabrica. Anya está baboseando por una italiana sexy que está en el clan de Ludo. - ¿Y que más? - pregunto cuando deja de hablar. - Nada más, eso es todo. - ¿Y que más? - repito firme. Vuelve a suspira. - Sigue viviendo en Edimburgo. - responde en voz baja. - Todavía trabaja en la librería, a la par que estudia. Esta por recibirse de trabajador social. Y la ultima vez que hablamos me conto su idea de fundar un centro juvenil. Novak lo estaba ayudando, al igual que Kai. Ya sabes, para conseguir los permisos, y algunas personas con dinero que quieran hacer una donación. Su... su novio también está metido en eso, lo están haciendo juntos. Creo que es terapista ocupacional, o una cosa de esas. - ¿Y cómo está? Se le forma una leve sonrisa. - Es Vitto. - responde. Y esa simple respuesta también me hace sonreír. - Igual de idiota, mal hablado, y se mete en líos todo el tiempo, pero para una buena causa. - Has lo que puedas para facilitarle las cosas. Toca a nuestros contactos. Asiente. - Tú tranquilo. Es familia, y nosotros siempre ayudamos a los nuestros. Solo que lo dejamos que crea que sus protestas y cartas son la que hacen el trabajo, y no nosotros metiendo atrás mano. - ¿Lo ven? - Bastante seguido. - responde. - No ha venido aquí, si es lo que te preguntas. - hace una pausa. - Él pregunta por ti. Siempre. Y te menciona, todo el tiempo, cuando hace alguna acotación, o contamos alguna anécdota. Como si aún fueras parte de su vida. - ¿Y él? - Los cuatro lo hemos aprobado. - responde, sabiendo bien a quien me refería. - Es un buen chico. No sabe que hacemos en realidad. Vitto nos pidió si podíamos mantenerlo alejado de eso, y le dijimos que estaba bien. Si sabe que somos los hermanos de... de su ex novio. - lo miro sorprendido. - Vitto es quien ha usado ese termino, no nosotros. Y ahí está de nuevo. Otra punzada de dolor, directo a mi corazón. Mis ojos se ponen llorosos sin poder evitarlo. - No tuvimos el tiempo suficiente ni siquiera para llegar a eso... - comento con tristeza. - ¿Y que más da el tiempo que tuvieron? Lo importante es lo que hicieron con él. - habla con voz firme. - Ambos se quisieron, se ayudaron en un modo diferente, se hicieron feliz y... y rieron, mucho, y se sonrieron aún más. Lo que han tenido fue especial, mucho más que cualquier otra relación que duro más tiempo, y con otros títulos. - ¿Es feliz? - pregunto. - ¿Con él? - ¡Ay, Izan! - se queja mi hermano molesto. - Por favor, necesito saberlo. - le pido. - Necesito saber que él está bien, que tiene todo lo que se merece, que no fue en vano. - hago una pausa. - Tengo que darle un cierre a lo nuestro. Me mira pensativo, con su ceño fruncido, no muy convencido. Larga un suspiro pesado. - Si. Vitto está bien. - responde luego de un prologado silencio. - No se si exista una persona que sea completamente feliz, pero el parece hacerlo bastante bien. Está muy motivado y entusiasmado con lo del centro juvenil, se gusta atender la librería, se lleva bien con la familia de su novio, quienes lo adoran, al igual que él. No se apartan la mirada ni un segundo. Y Vitto... él baja un cambio cuando está junto a Anthony. Todo él se relaja. Como si pudiera respirar luego de un largo tiempo sin hacerlo. Le hace bien. Y aunque eso me termina de romper del todo, me alegra oírlo. Porque nunca quise otra cosa que él sea feliz, y que brille. Con Vittorio aprendí el significado de amar verdaderamente a alguien. Poner sus necesidades, por encima de las mías egoístas. Que siempre voy a desear todo lo mejor para él, aunque no me haya elegido a mi. Y pesé a eso, estaré cuando me necesite, ni dudarlo. Sin duda los sentimientos más puros, nobles y altruistas los he tenido solo para con él. - Gracias. - digo luego de asimilar lo que acabo de oír. - Necesitaba oírlo. Solo terminando de romperme del todo, voy a poder volver a comenzar a sanar de cero. Todos han seguido con su vida. Yo también debo hacerlo. No quiero seguir estancado. Quiero ser una mejor versión del Izan que fui.
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