Capítulo 4

2351 Palabras
Es temprano en la mañana, cuando abro mis ojos a causa de que entra la luz del sol por la ventana, en consecuencia de que me quitaron las cortinas, que usualmente utilizaba para tener toda mi habitación a oscuras. Soy de los que solo pueden dormir cuando se encuentra todo en absoluta oscuridad. Si por una leve rendija entre un ápice de luz, ya me molesta. Maldijo a Arwen en todos los idiomas que conozco y meto mi cabeza bajo la almohada. Sin embargo, se que es inútil porque no podre volver a conciliar el sueño, menos con la falta de aire aquí debajo. Así que resignado, cojo fuerza y me siento, para que luego de un momento sentado en el borde del colchón, con la mirada en la nada, pararme y dirigirme al baño para ducharme. Vuelvo a lanzar maldiciones al regresar a la habitación, cuando recuerdo que tampoco tengo puerta. Todo aquel que pase por delante puede ver lo que estoy haciendo. Adiós a la intimidad. Ahora entiendo porque Arwen nunca quiso tener hijos. Le estaba haciendo un favor a la humanidad y a esos pobres niños no natos, de quienes me compadezco, aunque no existan. Entro a mi vestidor, y me quedo quieto observando toda aquella ropa que cuelga prolijamente de sus perchas, que desde hace cinco años que no se mueven de allí. Tantas camisas, pantalones de vestir, sacos, zapatos y cintos. Solía gustarme la moda, y siempre estar bien vestido, sin importar el trabajo que haga. Ahora simplemente no veo más entrando en aquellas prendas, que de alguna forma hasta siento que ya no son mías. Y enseguida suena la voz de Viktor en mi cabeza, cuando hablamos ayer, diciendo "Agarra un bolso y mete allí toda la ropa, y ve a un lugar a donarla. Hay personas que les darán un mejor uso, a que la tengas colgada en tú armario. Ya ni siquiera es de él, se desprendió de todo antes de irse." Es verdad. Vittorio no se llevo nada de aquí, dejó todo tal cual que antes de que me lo arrebataran, y Astor menciono que de su departamento apenas si se llevo una mochila con un poco de ropa. Literalmente se desprendió de todo, dejando atrás aquello que alguna vez fue. Y en este instante comienzo a comprenderlo... él ya no sentía que eso le perteneciera. Lo mismo me sucede a mi en estos momentos... Revuelvo entre los cajones y logro encontrar la ropa que solía usar en los entrenamientos, y que poco solía usar, ya que no la necesitaba, solo de vez en cuando cuando practicábamos combates cuerpo a cuerpo con mis hermanos para divertirnos. Al terminar de vestirme, tomo una de las valijas que tengo para mis viajes. La abro y empiezo a meter allí toda la ropa, calzado, y algún que otro accesorio que usaba, incluido esos pesados anillos que no aguantaría ponerme en mis dedos ahora. Necesito con urgencia desprenderme de todo esto. Es como si me quemara. Me siento bastante más ligero cuando consigo meter todo dentro y cerrar la valija. Quedan tan solo las perchas vacías colgando, y una pila baja de remeras lisas, jeans y ropa más holgada para entrenar. - Izan. - oigo la voz de mi hermano menor a lo lejos. - Izan. - repite. - Aquí, Astor. - lo llamo. - ¿Qué es...? - comienza a decir, pero se detiene en seco, tanto en sus palabras, como en su caminar. Queda parado en la entrada del vestidor, completamente inmóvil, y observándome con esos ojos transparentes en shock. Abre la boca para decir algo, pero la vuelve a cerrar, todavía anonadado. - ¿Te vas de viaje? - pregunta después de un prologado silencio. - No. - respondo. - Aunque no podría de todos modos, Arwen confisco mi pasaporte. - Me ofrecería a prestarte el mío, pero dudo que se crean que somos la misma persona. - dice, aún conmocionado. - Si, necesitaba un cambio. - comento, pasando por mano por mi cabeza, con lo que Viktor me ayudó ayer. - Aja... - es lo unico que consigue decir. No me aparta la mirada consternada. - ¿Te encuentras bien? Meneo la cabeza. - Mejor que en los últimos cinco años. - Aja... - ¿Crees poder luego llevar esto a esos lugares dónde se dona ropa? - le pido, apoyando mi mano en la valija. - Aja... - Lo haría yo, pero también me confiscaron mi licencia de conducir. - ¿Qué más te ha sacado la tía Arwen? - pregunta extrañado. - ¿Además de la puerta, las cortinas, el pasaporte, mi licencia, la entrada a los clubes, el consumo de alcohol y el tabaco, y mi dependencia como un adulto? Nada más. - Aja... - ¿Qué acaso no sabes decir otra cosa? - inquiero con brusquedad. - Estoy intentando mantener una conversación normal, pero tú no ayudas. - Y yo estoy recién levantado, todavía no tome mi taza de café, y lo primero que me cruzo es con que te has levantado de la cama sin que nadie te arrastrara, estás limpio, llevas tú cabeza afeitada al 0, y has vaciado tú armario al completo. Dame un momento para componerme y ordenar mis ideas, ¿quieres? - apoya sus manos en la cintura y queda pensativo, con su mirada fija en ningún punto en particular. - ¿Te encuentras bien? - pregunta, volviendo sus ojos a los míos. - Ya lo preguntaste, y ya te respondí. - digo entre dientes, con fastidio. - Entonces... ¿debo preocuparme? - sigue. - ¿Necesitas otra intervención? - No, no necesito otra maldita intervención. La ultima me dejo con el cerebro desecho. - respondo con voz firme. - A la próxima Arwen me va a mandar de vuelta con nuestros padres. Soy un hombre de casi 40 años, no necesito eso. - ¿Y que necesitas? - continúa preguntando. Me observa con curiosidad y atención. Tengo la leve sospecha de que si le dijera que necesito un unicornio, él haría hasta lo imposible por conseguírmelo, con tal de verme bien. Lanzo un suspiro. - Volver a sentirme en mi lugar. - ¿Y cuál es tú lugar? - pregunta levantando una ceja. Sabe bien la respuesta, pero quiere oírlo de mi boca. - El clan. - respondo sin dudar. - Junto a ustedes. Arwen dijo que podía volver, siempre y cuando comenzara a entrenar de nuevo. Y quiero hacerlo. Astor asiente con la cabeza, satisfecho de mi respuesta. - Bien. - habla con voz seria. - Con los demás nos hemos dividido. Cada uno te dará clases un día, con un tema especifico con el que nos especializamos. - me mira con su semblante firme, en silencio por un momento. - ¿Vas a tomar ordenes de nosotros? - inquiere. - Arwen y Cass nos dieron ese poder. Tú, en toda tú vida, solo has aceptado ordenes de ellos, de nadie más, ¿crees ahora poder tomar las nuestras? ¿Qué opción tengo? Se me escapa un suspiro pesado. - Si, lo haré. - Está bien... - dice. - Ahora haremos una reunión y te pondremos al tanto de como están las cosas en el clan. Asiento. - ¿Y qué tal el equipo nuevo? - pregunto. Noto por un breve segundo el dolor que reflejan su mirada, pero enseguida desaparece y se vuelven a posar esos ojos gélidos. Se encoje de hombros. - No es lo mismo que cinco Marshalls en un clan, a que quede uno solo con otros muchachos, pero están bien. Al menos ellos están allí. Siento una punzada de dolor y culpa al oír eso. Así es como Astor lo ve. Que los cuatro lo hemos dejado. Y es verdad. Pero es aún peor de mi, que lo dejo solo con el clan, y tuvo que arreglársela por su cuenta para llevarlo adelante. Lo deje a la deriva, así sin más. Y en estos cinco años, jamás he oído un reproche de su parte, lo ha hecho sin rechistar a pesar de que nunca le intereso ser líder. - Lo siento... - me disculpo apenado. Él me mira sorprendido. - Debí haberlo dicho hace un largo tiempo atrás. - No necesito tus disculpas Izan, sino que pongas a trabajar tu trasero. - dice firme. - Y que lidies con Jackie Chan, solo tú podrás con alguien como él. Necesita que lo ubiquemos en la mapa, para que se dé cuenta de que no estamos en Corea. - ¿Jackie Chan? - pregunto divertido. - Así apodamos al idiota que se está quedando en la habitación de Vitto. - responde serio. - Aún estamos votando si se queda Jackie Chan, o Bruce Lee. Tú también puedes sugerir uno. Lanzo una leve risa. - Pensaré en algo. - digo. Hago una pausa, mientras nos observamos en silencio. - Me gustaría creer que tú votaste en contra de que el intruso se quede aquí. - ¡Por supuesto que vote en contra! - exclama. - Incluso sostuve mi postura ante la mirada amenazante de Arwen. Los demás son unos malditos cobardes y terminaron cediendo. - Nadie puede doblegar la voluntad de Arwen. - comento. - Se iba a hacer lo que ella quisiera, de una forma u otra. - Supongo... - suspira. - Me ordeno que te vigilara. - menciona, después de un breve silencio. - Claro que no lo haré, siempre y cuando no te note que andas otra vez en la fase emo. Estás semanas te tendremos a prueba, pero si veo que avanzas positivamente, te pondré de nuevo la puerta. Niego. - No, no es necesario. - ¿Es que nos quieres deleitar a todos con tus ronquidos? - No, pero quiero que sea Arwen quien de la orden que ponerla de nuevo. - respondo. - Solo así me sentiré de alguna forma que volví a recuperar su confianza. Apoya su mano en mi cabeza y me da unas leves palmaditas. - Bien. Aparto su brazo en un movimiento brusco. - Vuelve a hacer eso y te quiebro la mano. - sentencio molesto, con mi ceño fruncido. Lanza una carcajada. - Solo comprobando. - habla aún riendo. Se da la media vuelta y se encamina hacia la salida. - Ese es mi Izi. - oigo sus pasos alejarse. - Vamos a desayunar, que tenemos un primer día bastante largo, luego de tus prologadas vacaciones, y los muchachos son un dolor de cabeza. Ya los conocerás a fondo. Tardo un largo rato en tomar coraje y salir de la habitación, para quedar al encuentro con el que solía ser mi clan. Con honestidad me siento bastante avergonzado de toda esta situación. De pasar estar en la cima, a volver al primer escalón. Estoy tan metido en mis pensamientos, que me percato de su presencia cuando ya es tarde y choco con él. Por un momento quedo bastante conmocionado al verlo salir de la que era la habitación de Vitto. En todos estos años la mantuve desocupada con la ilusión de volver a verlo sentado allí, en el piso como indio, con todas sus fotografías desparramadas, mientras sus ojos se posan en los míos y me sonríe con esa sonrisa tan inocente. Es por lo que siento que me tiraron un balde de agua helada al ser precisamente él quien salga de la habitación. - Oh vaya, eres tú de nuevo. - habla, rompiendo el silencio, y logrando que me invada un resentimiento que me recorre todo el cuerpo. - Y veo que tú sigues en mi casa... - menciono irritado, pero que trato de disimular, sin hacer mucho esfuerzo con honestidad. - Así es. - responde con una sonrisa altanera. Me observa con atención, ladeando su cabeza de un lado al otro. - Por cierto, luces mejor que aquella vez. - agrega. - Lamento lo de esa noche. - se encoje de hombros. - Aunque en mi defensa creí que eras un vagabundo que se había metido a la casa, sobretodo con el olor al alcohol que emanaba de tú ti. Ya que estamos, te comento que la seguridad de este lugar es un asco. Debes hacerlo ver con tú gente. - ¿Por qué mejor no te vuelves a tú continente? - digo con mi semblante serio. - Supongo que allí te sentirás más seguro, ya que no confías en la seguridad que rodea a mi clan. Ríe. - Apenas llevo dos días, ¿y ya me estás echando? - inquiere con sarcasmo, pero sin dejar de lado esa sonrisa socarrona. - Vaya, que poca hospitalidad hacia tus invitados, Izan Marshall... - hace una pausa. - ¿O prefieres Markov? - Siendo directo y honesto, tú no cuentas con mi hospitalidad, porque no eres bienvenido en está casa. Yo no te invite. - sentencio. - No me agradan los extraños, por lo que ten sentado que no te quiero aquí. - Sabes, eso tenemos en común. - comenta. - Yo tampoco lo querría si las cosas fueran al revés, digo, si a mi padre se le hubiera ocurrido invitar a un yanqui a nuestra casa, a invadir nuestro lugar y a meterse en nuestro clan. - sigue. - Pero claro, la unica diferencia, es que yo no dejaría que me ataquen en mi propia casa. Sería humillante. - me dedica una ultima sonrisa arrogante y sigue de largo, dándome la espalda. - Nos vemos luego. - levanta una mano y hace un movimiento en seco con dos de sus dedos, en señal de saludo. ¿¡Quién rayos se cree que es!? Es un maldito hijo de puta que no... Suspiro con tristeza al percatarme de que estoy usando sus palabras. "Eres un maldito hijo de puta." Era lo que me decía. Al principio con bronca y su mirada firme. Al final ya con una sonrisa divertida y sus ojos brillosos. Me encamino hacia la escalera y bajo por está con un nudo en mi pecho. Tengo que empezar a enfocarme en otra cosa. En algo que si pueda recuperar. Mi clan. Mi legado. Mi reputación.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR