Narra Dalton. En cuanto cerró la puerta, me pregunté si la había perdido para siempre. Siete meses. En mi cabeza resonaban una y otra vez esas dos palabras saliendo de su boca. No hacía falta que me lo recordara. Sabía, perfectamente, que habían pasado siete meses sin su olor, sin sus sonrisas, sin sus sonrojos. No tenía ni idea de lo deseable que era. El agua comenzaba a enfriarse, ya no me apetecía beber de aquel whisky que había quedado caliente. Mis recuerdos volaron hasta el día en que Liam apareció en casa la noche de mi supuesto asesinato. —¿Qué haces aquí? —le pregunté, preocupado. —Ha llegado el día, Dalton —entonó con firmeza. —¿Qué estás diciendo? —le pregunté tomándolo del brazo y encerrándonos en la oficina—. No. Hoy no —dije tajante. —¿Qué tiene de peculiar el día de

