El corazón no había dejado de latirme con fuerza, temiendo el momento de volver a casa. Trabajé de forma mecánica, como si estuviese inducida por un motor, sin sentimientos ni corazón ni alma. Cuando el último paciente se marchó, ordenamos todo. Al final solo quedábamos Carlota y yo. Elías nos llevó a la hacienda. Estaba mentalmente agotada, con una sensación de ansiedad que me aceleraba la respiración conforme nos acercábamos a la hacienda. No sabía dónde estaba Dalton, pero supuse que estaba en la hacienda, lugar que le pertenecía. Todo era tan confuso. Al llegar, lo vi sentado en la mesa que había en el corredor. Un vaso de whisky se balanceaba con sus dedos. Carlota, paso a un lado dejándonos solos. Me quedé de pie sin querer aproximarme, ahogando las ganas que sentía de correr hast

